Observaciones sobre el adulto mayor y su dignidad. Sanders Bruletti, Miriam M

Autor: Sanders Bruletti, Miriam M.

Fecha: 6-oct-2017

Cita: MJ-DOC-12028-AR | MJD12028

Sumario:

I. Esencia del opúsculo. II. Cuestión de vocablo. III. Marco referencial. IV. Mientras tanto… V. En la comunidad internacional… VI. Desde la bioética. VII. Conclusión. VIII. Recomendaciones. IX. Anexo único

Doctrina:

Por Miriam M. Sanders Bruletti (*)

I. ESENCIA DEL OPÚSCULO

A partir de las problemáticas más relevantes del Adulto Mayor (AM) (1) y los cambios integrales debido a los avances científicos, analizo si nuestro AM continúa ocupando el epicentro en la sociedad o si ha sido desplazado por el progreso.

Los tratamientos legales internacionales y las políticas públicas de los estados, permiten confirmar si la bio, el ethos y el ius se encuentran amalgamados en una dirección de respeto hacia la dignidad.

II. CUESTIÓN DE VOCABLO

No existe una denominación única para esta franja poblacional. Infinidad de libres pensadores han expresado sus favoritismos y críticas a unos y a otros conceptos, hasta algunos consideran peyorativas algunas terminologías y otros estiman que, cuando se suavizan vocablos, no se quiere hacer otra cosa que disfrazar realidades. Considero que la discusión es un tanto estéril dentro del ámbito del artículo. En principio, cualquier locución enunciada y tratada con el merecido respeto debe considerarse apropiada. Aunque técnicamente existe más precisión en algunos vocablos frente a otros.

III. MARCO REFERENCIAL

En el continente americano, hay más de 150 millones de personas mayores de 60 años de las cuales el 60% son mujeres. Se prevé que en el año 2100 la cantidad de personas de 60 años de edad o mayores aumente más de tres veces. En cuanto a las Américas, en el año 2020, tendrán 200 millones de personas mayores, casi el doble que en 2006 y con más de la mitad viviendo en América Latina y el Caribe, donde en la actualidad cerca del 50% de las personas mayores no tienen los recursos para financiar sus necesidades diarias.Para 2025, el 69% de quienes nacen en Norteamérica y el 50% de los que nacen en América Latina vivirán más allá de los 80 años (2).

«A raíz del aumento de la esperanza de vida y la disminución de la tasa de fecundidad, la proporción de personas mayores de 60 años está aumentando más rápidamente que cualquier otro grupo de edad en casi todos los países. El envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, pero también constituye un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como su participación social y su seguridad» (3).

Ya en el año 2006, en las jornadas rosarinas de defensa de la dignidad del AM, monseñor José Luis Mollaghan indicaba que los avances de la ciencia, y los progresos de la medicina, han contribuido notablemente a prolongar en los últimos años la duración media de la vida humana. La «tercera edad» (AM) abarca una parte considerable de la población mundial: y es vista como aquellas personas que con un límite determinado de edad salen de los circuitos productivos, aun disponiendo muchas veces de recursos y sobre todo de la capacidad de participar en el bien común (cf. Pontificio Consejo para los Laicos, La dignidad del anciano, 8/7/2006, int.) (4).

En todas las sociedades era una actitud lógica y natural el respeto hacia los mayores en general y en las religiones se enfatiza el respeto a los padres y mayores, como uno de los pilares fundamentales del comportamiento exigido a sus fieles (5).

Actualmente hay pueblos donde la vejez es apreciada y estimada. Otros en los que lo es mucho menos, a causa de una mentalidad que pone en primer lugar la utilidad y la productividad del hombre; o que pone en el centro su propio bienestar, dejando a un lado otras exigencias.La tercera o cuarta edad a veces es menospreciada, y hasta el mismo anciano se pregunta si su existencia tiene utilidad (6).

Hoy en día, en las sociedades occidentales los ancianos no solo no son consultados en las decisiones, sino que son ignorados o sencillamente apartados como si molestasen. Únicamente en el caso de los propios abuelos, y no siempre, se los tolera dentro de la familia, más por afecto que por creerlos capaces de aportar ideas importantes (7).

El Magisterio de la Iglesia, lejos de considerar el tema como un problema de asistencia y de beneficencia exclusivamente, ha enfatizado en la importancia de valorizar a las personas de todas las edades para que la riqueza humana y espiritual, así como la experiencia y la sabiduría acumuladas durante vidas enteras, no se dispersen (cf. ibídem).

Juan Pablo II decía que «tienen todavía una misión por cumplir, una contribución para dar». (Juan Pablo II, Insegnamenti. VII, 1 (1984), p. 744) (8).

Mirando las estaciones, hablaba de la ancianidad, como el mismo Cicerón, como un otoño de la vida. Hay como una semejanza entre el paso de las estaciones y los ciclos de la naturaleza, en los árboles, en los bosques, en las llanuras, en los animales; y en el paso de nuestra vida.

Sin embargo, las etapas finales en la vida del hombre y de la mujer no son para el fin, sino al contrario, para un perfeccionamiento.

En esta perspectiva, podemos hablar de la dignidad del anciano:mirar la vejez, no solo como al hombre y la mujer que terminan el ciclo de la vida, menospreciando el final; sino también como quien merece un respeto por sus años, unidos a la sabiduría de su vida, quien llega a una cierta plenitud, abierta a la eternidad.

En este sentido, hay que superar y eliminar como contraria al plan de Dios, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, en cualquier etapa de la vida (9).

La discriminación de las personas por razones de edad sigue siendo un hecho habitual en nuestra sociedad que se refleja en ciertas actitudes, como por ejemplo: excluirlos de las conversaciones, tratarlos en forma impersonal o como a niños, dirigirse a ellos con términos como «cariño», «abuelo», «nono», «padre» etc., obligarlos a realizar determinadas actividades a las horas que se les impone o imponerles morir en soledad en un geriátrico. Médicamente hablando, muchas veces se limita el acceso de las personas mayores a determinados procedimientos diagnósticos o terapéuticos, aunque hayan mostrado eficacia, sin más explicación que la del para qué, si se está ante una persona de edad avanzada. Tergiversando incluso los cuidados paliativos, que por definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su reporte del año 1990, sostiene que los mismos se refieren a lo siguiente: «el cuidado total, activo y continuado de los pacientes y sus familias por un equipo multiprofesional cuando la expectativa médica no es la curación. El control del dolor y de otros síntomas y de problemas psicológicos, sociales y espiritual es primordial».

Posteriormente, la OMS ha ampliado el concepto como sigue:se trata de un «enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias que se enfrentan a los problemas asociados con Enfermedades Amenazantes para la Vida (EAV), a través de la prevención y alivio del sufrimiento por medio de la identificación temprana e impecable evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicológicos y espirituales» (10).

La propuesta que realizó la Santa Sede ante este fenómeno, cada vez más evidente en la sociedad occidental, se resume así: «Recordando el respeto de la dignidad humana y de los derechos fundamentales de la persona anciana, así como la convicción de que los ancianos todavía tienen mucho que decir y pueden dar mucho a la vida de la sociedad (11). Desde la familia misma, constituyen su memoria histórica y aportan su sabiduría y compromiso, dentro de sus posibilidades y de acuerdo con cada situación en particular, también colaboran con el desarrollo de ella en un momento histórico en el cual la generación de los hijos debe estar muchas horas abocada a tareas de orden laboral. La participación en asociaciones sin fines de lucro que, bajo el manto de la solidaridad nuestra sociedad necesita, encuentra a los AM trabajando con un nivel de compromiso inigualable, como también en tareas en órdenes religiosas.

De acuerdo con el Dr. Hugo Valderrama, el problema no fue demasiado grave hasta el siglo XX, ya que la mayoría de las decisiones involucraban tratos personales, en los que una persona experimentada era todavía muy valorada.

La habilidad para aprender rápido un programa de computación se confunde con la capacidad para la visión global y en profundidad de los problemas y rumbos por seguir tanto en los ámbitos familiares, como en los empresarios y los políticos.«El día que se corte la luz los jóvenes van a tener problemas para trabajar, en cambio los mayores simplemente continuarán haciéndolo a la luz de una vela» (12).

El valor de las personas no se reduce a cuánto saben respecto del manejo de nuevas tecnologías o programas de computación. La vida, entendida como la interacción del ser humano con otras personas y con el mundo que las rodea, se transforma en experiencia y, en este terreno, tenemos que recurrir a los mayores para aprender, necesidad tanto o más prioritaria como lo fue en otras épocas y erróneamente descalificada en los últimos años (13). La vida es el camino por recorrer de ese ser único e irrepetible que es el ser humano. Su significado y su significante variarán su corteza según las creencias individuales, más no su esencia.

Monseñor Mollaghan recuerda que, en la actualidad, contra la dignidad de la persona adulto mayor, está la marginación. El desarrollo de este hecho relativamente reciente, ha hallado lugar en una sociedad que, concentra todo en la eficiencia y en la imagen de un hombre eternamente joven, y que excluyen de los propios «circuitos de relaciones» a quienes no tienen esas características.

La jubilación obligatoria da comienzo a un proceso de envejecimiento precoz; mientras el continuado desarrollo de una actividad posterior a la pensión produce un efecto benéfico en la calidad misma de la vida. El tiempo libre de que disponen los ancianos es el principal recurso que se ha de tener en cuenta para volverles a dar un papel activo y fomentar el voluntariado.

De e se modo lo expresa el Pontificio Consejo para los Laicos, cuando afirma lo siguiente: «Para poner remedio a la cultura de la indiferencia, al individualismo exasperado, a la competitividad y al utilitarismo, que actualmente constituyen una amenaza en todos los ámbitos del consorcio humano, y con el fin de evitar toda ruptura entre las generaciones, es necesario promover una nueva mentalidad, nuevas costumbres, nuevos modos de ser, una nueva cultura.Buscar un bienestar y una justicia social que no olviden colocar a la persona humana, y su dignidad, en el centro de sus objetivos» (P. C. L.: La dignidad del anciano y su misión en el mundo, junio 2006).

Hay que pensar que debemos crecer en una mentalidad que mire la dignidad del anciano en una perspectiva de amor. La tercera edad debe abrir los ojos del corazón, para ver con el corazón a quienes se debe respetar y amar por su dignidad de hombres y mujeres, por su dignidad de personas (cf. Benedicto XVI: Dios es caridad) (14).

El respeto hacia las personas mayores no es solo una obligación moral para todas las personas, sino que a partir de él pueden fomentarse y articularse acciones enfocadas hacia el bien común general, con el aporte de los «experimentados» en un concierto mancomunado con los más jóvenes; visualizándose de este modo una mutua y satisfactoria recompensa. Ese respeto hacia los mayores se alza como una necesidad de enseñar desde la misma escuela. Se trata de un colectivo que, desde una perspectiva bioética, se enrola en el paternalismo para aquellos que se encuentran institucionalizados, alejando de sí a sus propias convicciones e intereses.

«Se sigue aceptando como “normal” que en hospitales y centros de salud en general, se les pongan camisones que solo cubren la parte delantera de su cuerpo, se los lave sin cerrar una puerta o entrando y saliendo gente de la habitación, etc. Se debe hacer una autocrítica profunda y valorar que se está ante personas dependientes que sufren por el hecho de tener que ser lavadas o vestidas por otros y que no han renunciado a su derecho a la intimidad, sino que lo ejercitan permitiendo que se acceda a ella porque confían en nosotros y esperan que seamos sensibles y la respetemos (15). Esto dificulta la promoción de su autonomía y facilita el infantilismo. Para los que tienen la suerte de no encontrarse hospitalizados, la marginación se apodera de ellos como de un trasto viejo.Es de hacer notar que los distintos niveles socioeconómicos de pertenencia también marcan una gran diferencia de trato, costumbres y respeto; donde el conocer los propios derechos y tener los medios para poder hacerlos valer los coloca en situaciones diferentes ante circunstancias semejantes.

Como vemos, el respeto (16) a su dignidad se viola en múltiples ocasiones; ya se trate de la tercera edad institucionalizada o no, autónoma o no.

Ya Carl Rogers (17) decía lo siguiente: «Aprender, especialmente de la experiencia, ha sido el elemento principal que ha hecho que mi vida valga la pena. Aprender de ese modo ayuda a desarrollarse» (18).

IV. MIENTRAS TANTO…

El año 1999 fue declarado el Año Internacional de las Personas de Edad. Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas expresó que se trataba de promover «una sociedad que, lejos de caricaturizar a los ancianos como enfermos y pensionistas, los considere por el contrario, agentes y beneficiarios del desarrollo». Y nos recuerda también lo siguiente: «Está comprobado que los ancianos, cuando se les presenta la oportunidad, participan activamente en la vida social, tanto a nivel civil como cultural y asociativo. Lo confirma el hecho de que tantos puestos de responsabilidad estén ocupados por jubilados, por ejemplo, en el campo del voluntariado. Es preciso rectificar las imágenes erróneas que se dan del anciano, así como los prejuicios y desviaciones comportamentales que, en nuestros días, han menoscabado su figura» (19).

La Iglesia adhirió plenamente a esta iniciativa y, a través del Consejo Pontificio para los laicos, hizo público un documento para dar una dimensión evangélica a la celebración. Allí afirma que las personas mayores tienen mucho que decir y pueden dar mucho a la vida de la sociedad.El Consejo Pontificio afirma que la tercera edad constituye la memoria de la comunidad y que posee una visión completa de la vida gracias a la experiencia.

Juan Pablo II hizo redactar un documento, que lleva por título «La dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el mundo», en el que se plantean los desafíos de la «revolución silenciosa»: «El alargamiento de la duración media de la vida, por un lado, y el descenso a veces dramático de la natalidad, por otro, han originado una transición demográfica sin precedentes, que ha dado literalmente la vuelta a la pirámide de la edad que se presentaba no hace más de cincuenta años: el número de los ancianos en crecimiento constante, mientras que disminuye el de los jóvenes».

Además: «Esta especie de “revolución silenciosa”, que va mucho más allá de los datos demográficos plantea un problema de orden social, económico, psicológico y cultural, cuya amplitud es desde hace tiempo objetivo de atención de la comunidad internacional» (20).

Concordantemente, la Organización Mundial de la Salud considera que «el envejecimiento no es simplemente un proceso físico, sino más bien un estado mental» y en ese estado mental es en donde se presencia el comienzo de un cambio revolucionario ante el envejecimiento poblacional. Con notas peculiares según las zonas del planeta, las vivencias de las poblaciones y las particularidades individuales.

Por ello, es imprescindible distinguir derechos y beneficios. El adulto mayor tiene derechos. No se trata de beneficios que otorga el Estado, según su entender. Ello es importante porque hay derechos que por su naturaleza se colocan en el ser íntimo del hombre y no pueden ser erradicados. En sentido contrario, el Estado puede dejar sin efecto los beneficios por múltiples circunstancias. Si queremos ser positivistas, estos derechos tienen base normativa en la constitución y las leyes. Existiendo un principio general en el derecho que prohíbe disminuir lo otorgado en perjuicio del actor, cuando se trata de derechos inalienables del ser humano.Aunque en rigor de verdad, lo que está en juego es ni más ni menos que la dignidad.

Desde los medios de comunicación, el conocido periodista Javier Darío Restrepo, consultor ético de la Fundación Gabriel García Márquez para un nuevo periodismo iberoamericano, considera que los medios de comunicación deben asumir la tarea de devolverles a los viejos su verdadero valor. Sin olvidar que el término «viejo» es una palabra que merece dignidad y respeto. «Cuando se trata de cumplir con las obligaciones, como el pago de los impuestos, las personas adultas mayores son quienes más se preocupan. Su deber de ciudadanos, sin duda, es un ejemplo a seguir».

Pone como ejemplo a su país, Ecuador, para expresar que la palabra «viejo», con frecuencia, se utiliza de manera peyorativa para desmerecer a otra persona. Es común escuchar expresiones como: «viejo hijo de tal por cual; vieja loca; viejo feo; la vieja de tu abuela; viejitos, abuelitos; ya estás viejo, ya no servís». De esta manera, «la palabra “viejo” está a la par de un insulto y se utiliza en todas las edades. Por ejemplo, el estudiante que busca desmerecer a su profesor, a la primera palabra [a la] que recurre es “vieja’ o “viejo”, seguido de otro calificativo negativo. Igual sucede entre personas de edad avanzada, “yo no me junto con esos viejos”. Para las mujeres, la vejez es un tema prohibido durante una conversación. Llamarle “vieja” puede sonar como el peor insulto» (21).

En línea afín a la autora, propone mirarlos como una solución y no como un problema. Cabe entonces preguntarse lo siguiente: ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo? Si los “viejos” son relegados al pasado, ¿cuándo tendrán el derecho a decir que también son el presente y futuro de una sociedad que los respete y dignifique en su justa medida?

Concordantemente con otros pensadores, señala que la experiencia y la sabiduría que una población ha adquirido a lo largo de su vida los convierte en un recurso social esencial.Constituyendo su aporte un elemento de especial valía para el desarrollo de los pueblos.

Por todo ello, el reto de los periodistas, los medios y las sociedades es ir contra la corriente cultural del deshecho y colaborar con los Estados en rearmar de acuerdo con las necesidades y realidades del ciudadano actual AM, en consonancia con los pueblos, una planificación social que coadyuve al desarrollo integral. Administrativamente se considera que la vejez comienza a los 60 o 65 años, lo cual se torna heterogéneo en varios sentidos en este colectivo. Sí presenta una línea unilateral ascendente la esperanza de vida junto al incremento sostenido de años de vida útil. Motivo por el cual desde hace un tiempo se habla ya no solo de una tercera edad, sino de una cuarta edad para referirse a los mayores de 80 años, a los que se caracteriza como «ancianos frágiles» por su vulnerabilidad.

V. EN LA COMUNIDAD INTERNACIONAL…

La comunidad internacional se ha venido preocupando por la temática en diversas actividades, como congresos, conferencias, etc. (22). Entre las que caben mencionarse la Conferencia Latinoamericana y del Caribe de Gerontología, Bogotá. Organizada por el Centro Internacional de Gerontología Social, en 1986. En 1991 se instala el 1 de Octubre Día Internacional de las Personas de Edad (Naciones Unidas), la Federación Internacional de la Vejez proclama la Declaración de Derechos y Responsabilidades del AM (23). El año 1999 -como se ha expresado- es declarado Año Internacional de las Personas de Edad (Naciones Unidas), bajo el lema «Hacia una sociedad para todas las edades». En 2002, se celebra el Encuentro de las ONG (Madrid, Naciones Unidas), para darle voz a los 600 millones de Adultos Mayores del Mundo, concurri eron 3000 personas representando a 117 países. En las conclusiones, sus representantes pidieron a la ONU, cuya II Asamblea Mundial sobre Envejecimiento (24) se desarrollaba en forma paralela, la redacción de una carta de Derechos de los Mayores y la creación de un organismo específico encargado de vigilar su cumplimiento.Este Foro reiteró, además, su apuesta por la creación de una Agencia Internacional específica, que actúe a favor de las personas mayores al igual que la UNICEF trabaja para la Infancia.

El concepto de una sociedad para todas las edades, formulado como lema del Año Internacional de las Personas de Edad, tuvo cuatro dimensiones: el desarrollo individual durante toda la vida; las relaciones multigeneracionales; la relación mutua entre el envejecimiento de la población y el desarrollo; y la situación de las personas de edad (25). El Año Internacional contribuyó a promover la conciencia de esos problemas, así como la investigación y la acción en materia de políticas, en todo el mundo, inclusión hecha de los esfuerzos por incorporar las cuestiones relacionadas con el envejecimiento a las actividades de todos los sectores y promover oportunidades relativas a todas las fases de la vida.

Asimismo, merecen recordarse los dieciocho Principios sobre los ancianos establecidos por las Naciones Unidas, distribuidos en cinco grupos: independencia, participación, atención, realización personal y dignidad.

En el año 2003, se lleva a cabo el Encuentro de las ONG en Santiago de Chile, con el fin de legislar y fomentar políticas públicas y sociales a favor de las personas mayores, en el que se debatió sobre la promoción social por parte de los estados para este segmento.Los derechos a seguir disfrutando de una vida plena, independiente y autónoma, con salud, seguridad, integración y participación activa en las esferas económica, social, cultural y política de sus sociedades, fueron tomados por la Convención Interamericana.

En el mismo año, la Comisión de Derechos y Garantías del Honorable Senado de la Nación, realiza la Segunda Jornada de Derechos y Garantías del Mercosur, enfatizando la coincidencia con los acontecimientos mencionados y el compromiso de seguir impulsando lo relacionado con los «derechos humanos de los adultos mayores».

La lucha contra la discriminación por motivos de edad y la promoción de la dignidad de las personas de edad es fundamental para asegurar el respeto que esas personas merecen. «La promoción y protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales son importantes para lograr una sociedad para todas las edades. Para ello, “la relación mutua entre las generaciones debe cultivarse, acentuarse y alentarse mediante un diálogo amplio y eficaz”, como respuesta a la constante contribución que hacen las personas de edad a la sociedad, incluida la del trabajo no remunerado” (26).

Para ir culminando, cabe mencionarse a la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, aprobada el 15 de junio de 2015, por la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA). Allí establece sus derechos a seguir disfrutando de una vida plena, independiente y autónoma, con salud, seguridad, integración y participación activa en las esferas económica, social, cultural y política de sus sociedades.

Los estados guardaron silencio y las organizaciones de la sociedad civil tampoco lograron incidir en la opinión pública para su rápida ratificación.Tampoco han incidido los llamados de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización de los Estados Americanos (OEA), junto con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), para implementar la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores con prontitud.

La CEPAL, como forma de contribuir publicó el libro «Envejecimiento e Institucionalidad Pública en América Latina y el Caribe: conceptos, metodología y casos prácticos», que pone énfasis en la necesidad de abordar los asuntos de la vejez y el envejecimiento desde una perspectiva de derechos humanos (27).

La Convención Interamericana de Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (28) que fue impulsada especialmente por la Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y Uruguay, debe ser aprobada por los parlamentos de cada país para que entre en vigencia en ellos. Argentina la ratificó (29) en lo que va de este año 2017, lo cual demuestra un avance y preocupación por la temática del AM.

Mediante este instrumento legal para los AM, de obligatorio cumplimiento al contarse entre nuestras normas jurídicas, se definen los aspectos que a continuación se mencionan. Abandono: La falta de acción deliberada o no para atender de manera integral las necesidades de una persona mayor que ponga en peligro su vida o su integridad física, psíquica o moral. Cuidados paliativos: La atención y cuidado activo, integral e interdisciplinario de pacientes cuya enfermedad no responde a un tratamiento curativo o sufren dolores evitables, a fin de mejorar su calidad de vida hasta el fin de sus días. Implica una atención primordial al control del dolor, de otros síntomas y de los problemas sociales, psicológicos y espirituales de la persona mayor. Abarcan al paciente, su entorno y su familia. Afirman la vida y consideran la muerte como un proceso normal; no la aceleran ni retrasan. Discriminación:Cualquier distinción, exclusión, restricción que tenga como objetivo o efecto anular o restringir el reconocimiento, goce o ejercicio en igualdad de condiciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la esfera política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública y privada. Discriminación múltiple: Cualquier distinción, exclusión o restricción hacia la persona mayor fundada en dos o más factores de discriminación. Discriminación por edad en la vejez: Cualquier distinción, exclusión o restricción basada en la edad que tenga como objetivo o efecto anular o restringir el reconocimiento, goce o ejercicio en igualdad de condiciones de los derechos humanos y libertades fundamentales en la esfera política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública y privada. Envejecimiento: Proceso gradual que se desarrolla durante el curso de vida y que conlleva cambios biológicos, fisiológicos, psicosociales y funcionales de variadas consecuencias, las cuales se asocian con interacciones dinámicas y permanentes entre el sujeto y su medio. Envejecimiento activo y saludable: Proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, mental y social, de participar en actividades sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, y de contar con protección, seguridad y atención, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida de todos los individuos en la vejez, y permitirles así seguir contribuyendo activamente a sus familias, amigos, comunidades y naciones.

Persona mayor: Aquella de 60 años o más, salvo que la ley interna determine una edad base menor o mayor, siempre que esta no sea superior a los 65 años. Este concepto incluye, entre otros, el de «persona adulta mayor». Persona mayor que recibe servicios de cuidado a largo plazo:Aquella que reside temporal o permanentemente en un establecimiento regulado sea público, privado o mixto, en el que recibe servicios sociosanitarios integrales de calidad, incluidas las residencias de larga estadía, que brindan estos servicios de atención por tiempo prolongado a la persona mayor, con dependencia moderada o severa que no pueda recibir cuidados en su domicilio.

A no ser discriminados. Tienen derecho a recibir un trato digno y a ejercer sus derechos, independientemente de la edad, el sexo, la procedencia étnica, la capacidad, la situación económica u otras condiciones. A no recibir malos tratos físicos o mentales, y a tener una vida libre de explotación. Todo tipo de maltrato es una violación a los Derechos Humanos.

Aprender a desarrollar su potencial. Ello incluye el acceso a programas educativos y de capacitación adecuados a lo largo de toda su vida, a fin de lograr el pleno desarrollo de su personalidad, su potencial creador y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales.

Desde lo psicosocial, establece que desde una mirada cuyo estandarte sea la dignidad, y su punto de partida el desarrollo del potencial de nuestros AM, sin discriminaciones de tipo alguno, se podrán efectivizar los derechos que la Convención declama. Resulta llamativo que comience con necesidades ligadas a la dependencia para llegar a la integración y aporte del AM, cuando se debería engrosar el material del AM que se posee y su entorno como materia primordial. Para luego, sí, tratar las circunstancias enmarcadas en «lo menos» para lograr «lo más», en situaciones que se acercan al final de la vida.

Parafraseando al Dr. Hugo Valderrama, «nuestra vida está dominada por la prisa, la agitación y a veces por la neurosis. Es una vida distraída, que se olvida de los interrogantes fundamentales sobre la vocación, la dignidad, el destino del hombre. La tercera edad es también la edad de la sencillez, de la contemplación.Los valores afectivos, morales y religiosos vividos por los ancianos son un recurso indispensable para el equilibrio de la sociedad, de las familias, de las personas (.). El anciano entiende muy bien la superioridad del ser sobre el hacer o el tener. En definitiva, las sociedades humanas serán mejores en la medida en que sabrán beneficiarse de los carismas de la vejez» (30).

VI. DESDE LA BIOÉTICA

Hay que destacar que el hilo conductor de los distintos autores consultados es coincidente en el respeto a los tres principios de la bioética de Beauchamp y Childress (1979) y con los sistemas de referencia de Diego Gracia en la figura de un AM activo y colaborador con la sociedad.

En apretada síntesis, la autonomía que proclam a el Informe Belmont (31), que nace para protección de los sujetos humanos en investigaciones y, posteriormente, se aplica a otros dilemas de la bioética, como por ejemplo la clínica, es de fundamental importancia en la esfera del AM para que este pueda continuar desarrollando y aplicando las capacidades con las que aún cuenta. Facilitándose la interrelación y aporte de beneficios simultáneo entre él y la sociedad.

Las premisas ontológica y ética que enseña Diego Gracia (32), se traducen en el primer nivel (33) en la «no maleficencia» y la justicia (nivel público); correspondiendo directamente a esa no discriminación biológica ni social de la que hablan nuestras leyes respecto al AM. Ambos casos son expresión de que todos los hombres son iguales y tienen obligación de cumplir estos principios, y los demás nos pueden obligar a cumplirlos aún contra nuestra voluntad.

En el segundo nivel (34), contemplan la autonomía y la beneficencia (nivel privado). Son principios que hacen referencia al individuo y que se atienen a condiciones personales. Dependen del propio sistema de valores, del propio ideal de perfección.La moral, el deber, lo correcto y lo bueno aparecen indiscutiblemente en el nivel público y privado de Gracia, con un AM, una sociedad y un profesional que debe ajustarse a dichos parámetros.

Sin duda, tanto las ideas de Beauchamp y Childress como las de Gracia Guillén se unen en el respeto a la dignidad de la tercera edad.

También puesta de manifiesto por Dabove, cuando sostiene lo siguiente: «Con los parámetros bioéticos, se puede intentar fortalecer la posición de los ancianos dentro del sistema jurídico, en cuanto sujetos situados en condiciones de vulnerabilidad social, frente a los demás individuos y al propio régimen, frente a las circunstancias -sobre todo en relación con la pobreza y a la enfermedad-. Al mismo tiempo, también se los podrá fortalecer en relación con el riesgo de generar su propio aislamiento y desintegración» (35).

El sistema educativo formal debería hacerse cargo de incorporar los componentes necesarios para coadyuvar desde su lugar en este nuevo camino. En un Estado que ponga en la balanza valores sobre tecnología y dividendos. Temáticas para abordar en un artículo independiente.

VII. CONCLUSIÓN

Es llamativo que, cuando pasamos revista a la bibliografía de corte bioético relacionada con la tercera edad, se encuentran múltiples artículos sobre la relación médico-paciente y la muerte digna. Pero poco o nada acerca de la vida y del quehacer de este grupo fuera del ámbito de la sanidad y bajo el formato de acciones amparadas en los principios bioéticos de autonomía y justicia. Se apunta al AM como si se tratara de un «no ser». Cuando debe tenerse presente con todo el rigor de un ser (es), que es, que está, que posee vida y que hace y mucho por la sociedad.

Mirar la vida, desde la vida misma es fundamental para mejorar al colectivo, su integración, su promoción y recuperar los valores perdidos. No se puede cosechar desde la nada, sí con tierra fértil.

El Dr.Hooft (36) lo explica así: «Desde sus propios comienzos, la Bioética se ha caracterizado por sus fuertes y estrechos vínculos con el Derecho. Las conexiones entre ambos afectan a las bases mismas de la vida social. El estudio de las interconexiones entre Bioética y Derecho revela que el marco jurídico, lejos de presentarse como algo meramente externo a nuestra condición de sujetos de derecho, conforma a la realidad social misma».

Por lo tanto, el encuentro entre bioética y derecho mediante la profundización de su diálogo con los derechos humanos asociados a nuestro segmento en tratamiento, no es ni más ni menos que lo que expresa la Convención ratificada recientemente, que se halla impregnada de la filosofía de los derechos de los sujetos humanos como puente de comunicación indispensable para con la bioética y el derecho. Reapareciendo de esta forma el hombre AM de carne y hueso, con sus virtudes y defectos, cuidadoso de su dignidad y con profunda atención en el bien común y en la solidaridad.

Esto fácilmente nos hace concluir que la mirada bioética en el tratamiento de las temáticas del AM y sus necesarios vínculos intergeneracionales se torna indispensable para el logro de normas jurídicas éticas que posibiliten políticas públicas y planes de acción acordes con el más sentido humanismo.

VIII. RECOMENDACIONES

– Buscar un bienestar y una justicia social que no olviden colocar a la persona humana y a su dignidad en el centro de la esfera.

– Generar una cultura con base en el respeto y en la tradición.- Pasar de la mirada asistencialista a la de los derechos.

– El infante debe crecer en una mentalidad que trate la dignidad del AM en una perspectiva de amor, con la merecida importancia de la tercera y de la cuarta edad.

– Divulgar (37) las normas que protegen los derechos del AM.

– Concientizar la riqueza y dignidad de la tercera y cuarta edad.

– Hacer un llamado no solo a los médicos, enfermeras, psicoterapeutas, etc., sino también a los formadores educadores y a los medios de comunicación, que permitan incluir la presencia y la participación de las personas que se hallan en estas nuevas categorías de edades.

– Incluir materias y seminarios específicos en las carreras que lo ameriten.

– Desmitificar los prejuicios que representan a la tercera y cuarta edad como negativa socialmente.

– Capacitar recursos humanos en las distintas profesiones para posibilitar el trato digno del AM y crear conciencia social.

– Educar a los jóvenes pertenecientes a grupos, asociaciones y movimientos presentes en las parroquias y las ONG en general en la solidaridad con los miembros más ancianos de la comunidad.

– Incluir en las planificaciones de la educación formal las problemáticas del AM.

– Integrar las generaciones en la vida de las asociaciones y de los movimientos laicos y eclesiales.

– Apuntar a la promoción de una mentalidad social con la mirada puesta en la dignidad y en el amor.

– Procurar medios económicos y sociales que hagan posible este humanismo, particularmente mirando a los impedidos, a los enfermos, a los más necesitados y desprovistos de afecto.

– Elaborar políticas sostenibles, no solo sobre la atención paliativa de larga duración, sino también preventivas y de acompañamiento antes de que sobrevengan hechos irreconciliables con la vida terrenal.

– Comprometer el tiempo libre del AM, desde el hacerlos sentir lo que son, personas con experiencia y sabiduría, en acciones y programas de voluntariado laico y eclesial.- La Comisión Económica para América Latina y el Caribe señala que, en la sociedad, los gobernantes tendrán que diseñar políticas y planes de sensibilización, sobre todo de protección para la población envejecida, y crear una nueva cultura con la educación formal y no formal sobre el conocimiento de la vejez, el envejecimiento y los viejos para crear la nueva cultura gerontológica para que niños y jóvenes conozcan sobre el proceso de envejecimiento, para generar una vejez digna, saludable, respetuosa y con derechos.

– Ir en busca de la autonomía en la medida de las posibilidades particulares.

– Alojar el sentimiento de justicia en todas las acciones y políticas.

IX. ANEXO ÚNICO

Es importante tener presente que, en encuestas realizadas recientemente en la CABA, los resultados arrojaron que las personas mayores son víctimas de numerosas formas de violencia y maltrato (38), que no se restringen a la situación económica por la que atraviesan.

En ellas, la categoría «falta de respeto por los mayores» pasa de un 24,8% en los encuestados telefónicamente a un 48% para quienes residen en instituciones (geriátricos).

La frase «la falta de conocimiento de los propios derechos» aparece con su correlato «la vulnerabilidad del que desconoce».

El abuso, maltrato y violencia social, familiar e institucional, tienen su sustento en una situación de inferioridad motivada por ese desconocimiento.

La OMS, de manera concordante, sostuvo que el maltrato a las personas adultas mayores constituye una realidad que muchas veces pasa inadvertida. En los países desarrollados, entre el 4% y el 6% de las personas mayores de edad han sufrido algún tipo de maltrato en su entorno familiar. En los centros asistenciales, como los asilos, se cometen actos abusivos como maniatar a los pacientes, atentar contra su dignidad (por ejemplo, al no cambiarles la ropa sucia) y negarles premeditadamente una buena asistencia (como permitir que se les formen úlceras por presión).

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(1) Para referirnos al «adulto mayor», utilizamos en adelante sigla AM.

(2) Datos extraídos de la OMS, en Docsalud.com.Véase el siguiente enlace web: http://www.docsalud.com/articulo/3362/seg%C3%BAn-la-oms-en-am%C3%A9rica-habr%C3%A1-20
-millones-de-adultos-mayores-en-2020.

(3) Consenso salud: «Avanza proyecto para crear forro sobre adultos mayores en cinco países de la región». Véase el siguiente enlace web: http://www.consensosalud.com.ar/avanza-proyecto-para-crear-foro-sobre-adultos-mayores-en-cinco-paises-de-la-r
gion/.

(4) «El anciano y la dignidad humana», AICA Documentos Monseñor José Luis Mollaghan. Véase el siguiente enlace web:

http://www.aicaold.com.ar/index2.php?pag=mollaghan0607Ancianos

(5) El respeto por los adultos mayores. Valderrama, Hugo. Véase el siguiente enlace web: http://www.drhugovalderrama.com/81-el-respeto-por-los-adultos-mayores.

(6) Op. cit. AICA Documentos.

(7) VALDERRAMA, Hugo: «Yo espiritual». Véase el siguiente enlace web: http://www.yoespiritual.com/reflexiones-sobre-la-vida/el-respeto-por-los-adultos-mayores-dr-hugo-r-valderrama
html.

(8) «Pontificium Consilium pro Laicis», en Documentos La dignidad del anciano y su misión. Véase el siguiente enlace web: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/laity/documents/rc_pc_laity_doc_05021999_older-people_s
.html.

(9) «La dignidad de la ancianidad. Celebramos la vida, regalo de Dios a los hombres», en Parroquia Inmaculada Con cepción, de Monte Grande. Véase el siguiente enlace web: http://www.inmaculadamg.org.ar/images/stories/instituciones/pro-vida/Ancianidad.pdf.

(10) «Qué son los cuidados Paliativos», Fundación PALIAR. Véase el siguiente enlace web: http://www.fundacionpaliar.org.ar/que-son-los-cuidados-paliativos/.

(11) Carta Encíclica Evangelium Vitae del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana y Directorio Franciscano Documentos eclesiásticos La dignidad del anciano y su misión en la iglesia y en el mundo. Véanse los siguientes enlaces web: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html y http://www.franciscanos.org/docecle/dignoanciano.html respectivamente.

(12) Asesoría Gerontológica.com.Adultos mayores Valderrama, Hugo

Véase el siguiente enlace web: http://www.unitedstates.asesoriagerontologica.com/web/articulo-interes/el-respeto-por-los-adultos-

mayores.

(13) CC, op. cit. Valderrama.

(14) Op. cit., Monseñor Mollaghan.

(15) Jornadas de Prevención e Intervención en Malos Tratos a Personas en Situación de Dependencia, España, noviembre de 2006. Véase el siguiente enlace web: http://sid.usal.es/idocs/F8/FDO26858/jmalostratos.pdf.

(16) Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de Lengua Española (Asale), «respeto» es la ‘consideración sobre la excelencia de alguna persona o cosa; el miramiento, atención, deferencia’. Proviene del latín «respectus», que significa ‘atención, consideración, veneración’.

(17) Psicólogo estadounidense, que junto a Abraham Maslow fundó el enfoque humanista en psicología.

(18) ROGERS, Carl: «El camino del ser». Véase el siguiente enlace web:

http://documents.mx/documents/rogers-carl-el-camino-del-ser.html.

(19) CC, op. cit. Véase el siguiente enlace web: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/laity/documents/rc_pc_laity_doc_05021999_older-people_s
.html.

(20) Carta del Santo Padre Juan Pablo II a los Ancianos, en 1999. Véase el siguiente enlace web: https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/letters/1999/documents/hf_jp-ii_let_01101999_elderly.html.

(21) «”Viejo”: la palabra que merece dignidad y respeto», en El Telégrafo, Ecuador, 10/1/2005. Véase el siguiente enlace web:

http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/palabra-mayor/17/viejo-la-palabra-que-merece-dignidad-y-resp
to.

(22) Reflexiones sobre la pertinencia de la educación en el campo de la gerontología en Colombia y en el mundo. Lucelly Ardilla Vega y otros. Scielo. Véase el siguiente enlace web:

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-89322016000100006.

(23) POTCHAR, Nora, y PSZEMIAROWER, Santiago: Adultos Mayores, Derechos Humanos, Avances y Desafíos. Asamblea Permanente por los DD. HH., Comisión «Los AM y sus derechos», en el siguiente enlace web:http://viejositio.apdh.org.ar/adultos_mayores/trabajos/unesco_20060200.asp.

(24) Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, Madrid, abril 2002. Naciones Unidas, Nueva York, 2003. Véase el siguiente enlace web: https://social.un.org/ageing-working-group/documents/mipaa-sp.pdf.

(25) VILLAVERDE María Silvia: Derechos de las Personas de Edad. Véase el siguiente enlace web: http://www.villaverde.com.ar/es/novedades/1-de-octubre-d-a-internacional-de-las-personas-de-edad/.

(26) Op. cit. POTCHAR, Nora, y PSZEMIAROWER, Santiago:

(27) Seminario Técnico sobre Institucionalidad Pública y Envejecimiento. Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Véase el siguiente enlace web: http://www.cepal.org/es/eventos/seminario-tecnico-institucionalidad-publica-envejecimiento.

(28) OEA. Convención Interamericana de DD. HH. de las Personas Mayores. Véanse los siguientes enlaces web: http://www.cepal.org/sites/default/files/events/files/betilde_munoz_pogossian.pdf y también http://www.oas.org/es/sla/ddi/tratados_multilaterales_interamericanos_A-70_derechos_humanos_personas_mayores_
irmas.asp.

(29) Boletín Oficial de la República Argentina. Secretaría Legal y Técnica. Ley 27360 Publicación: 31/5/2017. Véase el siguiente enlace web: https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNorma/164386/20170531.

La Argentina ratificó la Convención Interamericana de Derechos de AM, 9/5/2017, Tiempo de San Juan. Véase el siguiente enlace web: http://www.tiempodesanjuan.com/politica/2017/5/9/argentina-ratifico-convencion-interamericana-sobre-derechos-
dultos-mayores-175635.html.

(30) Sentido y valor de la vejez. Pontificio Consejo para los Laicos. Catholic.net. CC. Véase el siguiente enlace web: http://es.catholic.net/op/articulos/23559/cat/803/sentido-y-valor-de-la-vejez.html.

(31) Informe Belmont en: https://www.bioeticaweb.com/el-informe-belmont-principios-y-guasas-acticas-para-la-protecciasn-de-los-sujetos
humanos-de-investigaciasn-18-abril-1979/.

(32) Introducción a la bioética. Universidad de Granada. Véanse los siguientes enlaces web: http://www.ugr.es/~eianez/Biotecnologia/bioetica.htm y Bioética desde Asturias. Quintana. Y también:http://www.bioeticadesdeasturias.com/2013/02/dgracia-fundamentos-de-bioetica.html.

(33) Se refieren al Bien Común; son objeto de derecho; es la ética del deber.

(34) Es el campo de la moral. Este es el nivel de las reglas de la deontología.

(35) DABOVE, María Isolina: «Derechos humanos de las personas mayores en la nueva convención americana y sus implicancias bioéticas», en: http://www.scielo.org.co/pdf/rlb/v16n1/v16n1a03.pdf.

(36) HOOFT, Pedro Federico: «Bioética y jurisprudencia», en Acta bioethica. Véase el siguiente enlace web: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S1726-569X2002000200005&script=sci_arttext, 2002.

(37) La publicación oficial de las leyes en la realidad cotidiana refleja un conocimiento formal.

(38) Manifestaciones extremas de derechos vulnerados que deberían apreciarse en su real magnitud.

(*) Abogada, Especialista en Elaboración de Normas Jurídicas. Profesora Universitaria. Titular en la UFLO, CABA y Conducción por Concurso de antecedentes y oposición de la Junta de Interpretación y Reglamento de la Legislatura Porteña.

N. de la A.: En el presente trabajo, se toman indistintamente los términos «anciano, tercera edad, viejo y adulto mayor» para hacer referencia al colectivo conformado por las personas de más de 60 años de edad. Se procedió así para no desvirtuar la textualidad de las citas dirigidas a esa franja poblacional, aunque la autora del presente artículo no coincide con tal sinonimia.

N. de la R.: Versión ampliada de una anterior publicada por Editorial Erreius, de septiembre de 2017. Cita digital: IUSDC285344A. SANDERS BRULETTI, Miriam: «Notas sobre el adulto mayor», en Colección Compendio Juridídico, Revista de temas de derecho de Civil, Persona y Patrimonio.