Rechazo de la acción de disolución y liquidación de una sociedad de hecho si de la prueba rendida surge que fue regularizada

Partes: Berneman Sergio Daniel c/ Berneman Jorge Eduardo y otros s/

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial

Sala/Juzgado: C

Fecha: 16-mar-2017

Cita: MJ-JU-M-104338-AR | MJJ104338 | MJJ104338
Sumario:

1.-Si la sociedad continuó la actividad comercial efectuada durante muchos años por los dos hermanos, siendo ella participada por mitades por cada uno de esos litigantes, fue porque ellos tenían igual interés en la empresa que decidió ser continuada por tal vía, lo cual, a su vez, se convierte en elemento de óptimo rango para permitirme confirmar lo que surge de aquellos otros datos, que inequívocamente demuestran la existencia entre los hermanos de la referida sociedad de hecho.

2.-Habiendo sido iniciada por el padre de ambos contendientes esa empresa que comenzó siendo una sastrería y aquéllos la continuaron, explotando la misma actividad, bajo la misma marca, para terminar conformando por mitades la misma sociedad regular, que, dedicada también a la misma actividad, no hace sino corroborar mi conclusión en el sentido de haberse configurado entre los hermanos una sociedad de hecho.

3.-Si bien no se soslaya que en el sistema previsto en la ley 19.550 antes de la última reforma, las sociedades de hecho sólo se regularizaban acudiendo al mecanismo previsto en el artículo 22 de esa ley, que exigía una decisión formal de los socios que permitiera vincular la personalidad del ente irregular anterior con la de la sociedad que lo habría de continuar. De lo contrario, si no era regularizada de tal modo, sólo podía terminar su existencia previa disolución y liquidación del mismo modo en que ocurre ahora; modo que da cuenta de que, si bien una sociedad puede existir y desarrollarse sin ninguna formalidad ni inscripción registral, no puede hacer lo propio -jurídicamente hablando- para extinguirse o desaparecer del mundo. Así resulta de lo dispuesto en el art. 98 de la ley 19.550, en cuanto dispone que .la disolución de la sociedad se encuentre o no constituida regularmente, sólo surte efecto respecto de terceros desde su inscripción registral, previa publicación en su caso. .

4.-Comprobada la sociedad de hecho alegada en la demanda, o se acepta que ella fue regularizada o, ante la falta de disolución y liquidación en los términos que la ley manda, debería concluirse que tal sociedad subsiste, puesto que, reitero, el legislador no ha deferido a la voluntad de los socios ninguna posibilidad de extinguir estos sujetos de derecho -que han actuado en el tráfico comercial vinculándose con terceros-, de un modo diverso.

5.-Canalizar parte de una actividad por medio de otros entes no permite afirmar que se conforme entre todos los titulares de esos segmentos de la actividad, una sociedad de hecho, cuando el actor en la demanda ni siquiera insinuado que cada una de esas sociedades no haya respetado los límites que se derivaban de su diversa personalidad jurídica, lo cual descarta la posibilidad de concluir que entre ellas se haya configurado un ente irregular, para, en cambio, revelar la presencia de una conformación grupal que debe ser respetada en la fisonomía que adquirió como tal.

6.-Que varias sociedades se hallen integradas por los mismos accionistas y exploten una misma actividad no autoriza a arrasar sus personalidades diversas, sino que exterioriza ese fenómeno grupal con el que se buscan propósitos no susceptibles de ningún reproche.

7.-Es sabido que la eficiencia en la actividad empresaria y la necesidad de encontrar una adecuada dimensión para las empresas son finalidades susceptibles de ser canalizadas, según las circunstancias, por diversas vías, de entre las cuales, en lo que aquí interesa, se encuentra la formación de grupos societarios, entendiendo por tales no sólo a los que se conforman con ajuste a lo dispuesto en el art. 33 LGS -de base participacional-, sino a los que se generan teniendo por sustento a la identidad de socios.

8.-Si fueron creadas nuevas sociedades por medio de las cuales se gestionaron tramos de la misma empresa, ello cual revela una realidad económica que descarta su aislamiento pero que no obsta a la conservación por ellas de su separación formal patrimonial. La licitud de esa operatoria es innegable en nuestro derecho, en el que, reconociendo un fenómeno económico de presencia en todo el mundo, nuestro legislador admite los grupos (aunque no los regule más que en unos pocos aspectos que no incluyen a los estructurados sobre accionistas comunes), lo cual implica no sólo admitir la validez del control -aspecto inherente al derecho societario en tanto basado en el poder mayoritario-, sino también que tal control sea simultáneo sobre varias sociedades, e incluso utilizado a fin de someter a éstas a una dirección unificada, desde que, precisamente, es sobre este dato -única dirección- sobre el que se construye jurídicamente la noción grupal.

9.-Resulta lícito admitir que, ante el hecho de que la empresa creada por los hermanos fue mutando su conformación a medida que crecía y así como en su etapa inicial la sociedad fue informal y dispersa, su crecimiento justificó que se regularizara, concentrando al efecto toda su actividad en un único ente, por lo cual, ante la importante magnitud que con posterioridad adquirió, fue necesario proceder a su descentralización, creando al efecto un grupo de sociedades, propósito que hubiera podido también lograrse, en su caso, mediante una o más escisiones, en tanto mecanismo -la escisión- que, aunque diverso, tiene con el que fue utilizado un fin idéntico, según el cual, para lograr una adecuada organización empresaria es necesario acudir, no a una sociedad, sino a un grupo de sociedades.

10.-La excesiva centralización administrativa es un obstáculo para el desarrollo, por lo que se ha señalado que la escisión marca el pasaje de un tipo primario de concentración, como lo es la sociedad, a un tipo secundario de concentración como lo es el grupo de sociedades. N.R.: Sumarios elaborados por Ricardo A. Nissen.

Fallo:

En Buenos Aires, a los dieciséis días del mes de marzo de dos mil diecisiete, reunidos los señores jueces de Cámara en la Sala de Acuerdos, fueron traídos para conocer los autos “Berneman, Sergio Daniel c/ Berneman Jorge Eduardo y otros” (expediente N° 12302/2010) , en los que, al practicarse la desinsaculación que ordena el artículo 268 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, resultó que la votación debía tener lugar en el siguiente orden: Doctores Julia Villanueva (9) y Eduardo R. Machin (7).

Firman los doctores Julia Villanueva y Eduardo R. Machin por encontrarse vacante la vocalía 8 (conf. art. 109 RJN).

Estudiados los autos la Cámara plantea la siguiente cuestión a resolver.

¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada de fs. 11.016?

La señora juez Julia Villanueva dice:

I.La sentencia.

La sentencia obrante a fs. 11.016 rechazó íntegramente la demanda promovida por Sergio Daniel Berneman contra Jorge Eduardo Berneman y otros varios demandados, a quienes el actor trajo a juicio a efectos de obtener que se declarara disolución y liquidación de la sociedad de hecho que indicó, y la nulidad de algunos actos -suscripción del capital de ciertas sociedades, transferencias de las acciones respectivas e inscripción de determinadas marcas a nombre de las personas que indicó-, que, según adujo, habían sido simulados en los términos que describió.

Para decidir de tal modo, el señor juez de grado sostuvo que era inoficioso desentrañar si Sergio y Jorge Berneman -hermanos entre sí- habían o no conformado la aludida sociedad de hecho.

Así concluyó por considerar que, aun cuando se estimara que esa sociedad había efectivamente existido, la demanda igualmente no hubiera podido prosperar, pues esa sociedad debía considerarse regularizada en los términos del derogado art.22 de la Ley 19.550; regularización que, según afirmó, se había producido a partir de la constitución -entre esos hermanos- de Arbatax S.R.L., que había continuado con la personalidad jurídica de la aludida sociedad de hecho y, por ende, con sus obligaciones y sus derechos.

Sostuvo que esa conclusión se corroboraba a la luz de lo dispuesto en el llamado “Acuerdo Desvinculatorio” que había sido suscripto entre ambos hermanos el 02/04/2004 (ver fs. 7069/71), convenio del que podía inferirse que éstos no se habían considerado unidos más que como socios de la citada sociedad “Arbatax”.

Dedujo de esto que, tras la enajenación por el actor de las acciones que él había tenido en dicha sociedad, había quedado desligado completamente de ese ente y de su hermano.

No obstaba ello, según sostuvo el sentenciante, la nulidad planteada por el demandante respecto de las transferencias accionarias cuestionadas en autos -esto es, las posteriores a la transformación de Arbatax SRL en Arbatax SA-, ni las vinculadas con la suscripción del capital de Dikter S.A y de Jubsi S.A.

Así lo consideró, pues esas nulidades -planteadas por el demandante a efectos de que le fuera reconocida a él una participación del 50% en todos esos entes- no podían prosperar, toda vez que se trataba de nulidades fundadas en simulaciones que debían considerarse ilícitas, a cuyo efecto citó varios pasajes de las presentaciones efectuadas por el nombrado en estos autos, que demostraban esa ilicitud.

Rechazó, finalmente, la pretensión subsidiariamente articulada por el actor a fin de obtener que, en caso de no aceptarse la disolución y liquidación de las aludidas sociedades, se reconociera a su parte el valor que en la sociedad de hecho regularizada le había correspondido.

Fundó esta última decisión en que, tras la constitución de Arbatax SRL y la decisión de los hermanos de regularizar de tal modo la sociedad de hecho,—el—demandante—había—optado—po—continuar en la sociedad regularizada, de la quese había apartado al enajenar su tenencia accionaria, por lo que nada por aquel concepto le correspondía percibir.

I. El recurso.

1. La sentencia fue apelada por el actor, quien expresó agravios a fs.

11.133/53, los que fueron contestados por el Sr. Jorge Eduardo Berneman a fs. 11.155/59.

El apelante sostiene que, pese a que el Sr. Juez de grado tuvo por probados todos y cada uno de los hechos mencionados en la demanda, la rechazó igualmente, convalidando así la defraudación que había tenido por víctima al demandante.

Sostiene que quedó acreditado, en tal sentido, que los dos hermanos comenzaron esa actividad en la que crecieron y que, no obstante, sólo uno de ellos se quedócontodo sin queeneste expedienteexista un solo

instrumento idóneo o creíble susceptible de justificar de qué manera el hermano que ahora está separado de la explotación, se desvinculó realmente de ésta.

Pone de relieve que el juez tuvo por cierto que la sociedad de hecho había existido,perose equivocóalconsiderar quehabía quedado regularizada tras la constitución de Arbatax S.R.L., sociedad que acotó su finalidad a la de ser utilizada para seguir abriendo locales destinados a la misma explotación empresaria, sin tener que habilitarlos a nombre personal de los socios.

Afirma que inicialmente la sociedadde hecho había tenido a su cargo

la explotacióndetodos loslocales, generandodesprolijidades

administrativas y complicaciones en la operatoria que habían conducido a la necesidad de reorganizar el negocio y que, si bien al principio se había concebido la posibilidad de concentrar todo en una sola sociedad regularmente constituida, ello no había sucedido, dado que los hermanos habían decidido constituir varios entes.

Manifiesta que Dikter SA se formó el 04/03/1998 mediante la interposición de los señores Héctor Surasky y Mauricio Rothandler como socios, quienes no probaron en autos haberse hallado en condiciones de ser titulares del capital social de la nombrada.

De su lado, afirma que Jubsi SA se constituyó el 16/07/2001 siendo sus socios aparentes Gustavo Rubén de Carlo y Aída Perelstein, y su objeto el de franquiciar locales de la misma cadena.

A la luz de estas pautas, afirma que surge claro el error cometido en la sentencia al sostener que en el año 2001 la sociedad de hecho se había regularizado en Arbatax S.A., lo cual fue dicho sin atender a que eran ya cuatro las sociedades existentes y muchos los locales dispersos, inmuebles y otros bienes.

Señala que Arbatax S.R.L. se transformó en sociedad anónima el 16/01/2001 y que en ese mismo año se fusionó con Badima S.R.L. de modo que, a los locales que ya tenía aquélla, se le sumaron los tres que eran explotados por ésta.

Tras ello, “Arbatax” adquirió el 13/07/2001 trece sucursales adicionales que figuraban a nombre de los hermanos y de su padre, adquisiciones que fueron realizadas a precios irrisorios y sin cumplir con la ley 11.687.

Sin embargo, antes de esa adquisición por “Arbatax”, ésta celebró un contrato con “Dikter” a fin de otorgarle la franquicia de ocho sucursales y, en el mismo mes de julio del año 2001 hizo lo propio con otras ocho que reconoció a “Jubsi”.

Como consecuencia de esto, al promoverse el concurso de “Arbatax” en diciembre de 2002, ésta tenía a su cargo una sola sucursal -además de fabricar y distribuir las prendas- mientras que otros 25 locales habían sido franquiciados a las otras dos sociedades.

De esto deduce que jamás la actividad estuvo concentrada realmente en Arbatax S.A.y es justamente aquí donde se equivoca el juez de primera instancia.

Es decir, “Arbatax” no había sido la vía para lograr ninguna regularización, sino que había sido una sociedad más de las utilizadas para cumplir los objetivos que se había trazado la sociedad de hecho, utilizando también a estos efectos a las sociedades “Badima” “Dikter” y “Jubsi”.

Sostiene que la concentración a la que alude la sentencia y con la cual pretende considerar regularizada la sociedad de hecho, nunca llegó a existir porque, incluso antes de que se concretara el traspaso de los locales a “Arbatax”, ésta ya estaba firmando convenios con “Dikter” y con “Jubsi” para cedérselos bajo la modalidad de franquicia.

Afirma, entonces, que los hermanos Berneman constituyeron cuatro sociedades diferentes y que todas y cualquiera de ellas podría haber servido para regularizar la sociedad de hecho sin que ninguna hubiera cumplido esa finalidad, pues ninguna involucró la totalidad de la organización social, siendo todas “parte” de la sociedad de hecho.

2. De otro lado, se agravia de la interpretación que en la sentencia se efectuó respecto del llamado “acuerdo desvinculatorio” firmado por ambos hermanos el 02/04/2004.

Sostiene que se trata de un acuerdo confuso, sin importancia, mal redactado, cuyo único objeto fue el indicado en la cláusula primera, esto es, fijar las relaciones patrimoniales al día 02/04/2004, que no fue sino otra ficción de las partes que evidentemente no desvinculó a nadie de los negocios anteriores.

Y se pregunta:”.¿qué explicación puede tener que el 02/04/2004, cuando se supone que ni Sergio ni Jorge tenían nada que ver con Arbatax porque habían vendido sus acciones y porque además -como si fuera poco¬los habían despedido de su condición de “empleados” de la misma,

estuvieran firmando un convenio en el cual pactan con relación a una sociedad de lacual ya nada tenían que ver?.”.

De todoesto deduce que el “acuerdo”con el cualeldemandado pretendió acreditar la desvinculación del actor, no significó por parte de éste cesión alguna de acciones, actividad comercial o relación de ningún tipo.

3. Se agravia también del rechazo de lassimulacionesplanteadas por

su parte a finde demostrar la nulidad de lassuscripcionesdecapital que

indica y de las transferencias accionarias que fueron impugnadas en la demanda.

Niega que, como lo consideró el a quo, esas simulaciones hayan sido ilícitas y, tras explayarse con la finalidad de sostener su tesis, concluye que por esta vía no se procuró violar la ley ni perjudicar a nadie.

4. Se queja, asimismo, de que el señor juez de grado haya considerado que su parte buscaba obtener en su provecho el reconocimiento del 50% de los paquetes accionarios de referencia, conclusión que critica en razón de que el magistrado soslayó que todo ello ya pertenecía al demandante desde el inicio.

5. Finalmente, se queja del rechazo de los daños y perjuicios también pretendidos y de que se le hayan impuesto las costas del juicio.

II.La solución.

1.Como surge de la reseña que antecede, el señor Sergio Berneman promovió la presente acción a fin de obtener la disolución y liquidación de la sociedad de hecho que alegó existente entre él y su hermano Jorge Berneman.

Demandó, asimismo, la nulidad de la suscripción del capital de las sociedades que identificó en el escrito inicial, y la de las transferencias de las acciones de esas sociedades, todo lo cual fundó -al igual que la invalidez de la inscripción de cierta marca que también solicitó- en el hecho de que todos esos actos habían sido simulados mediante la interposición de personas que eran de la confianza de dichos hermanos y que habían trabajado desde el inicio para esa sociedad de hecho que existía entre ambos.

Resistida en un todo el progreso de la acción, el señor juez de grado la rechazó en los términos que ya he señalado, lo cual motivó la interposición del recurso de apelación del que paso a ocuparme a continuación.

2.Adelanto que, según mi ver, ese recurso debe ser rechazado.

El apelante sostiene que la referida sociedad de hecho fue reconocida en la sentencia; y niega, por las razones que indica, que pueda afirmarse – como allí se hizo- que ella hubiera quedado regularizada a partir de la constitución entre ambos hermanos de la sociedad Arbatax SRL.

A fin de tratar este agravio, entiendo conveniente empezar por destacar que doy por cierto que los dos hermanos empezaron juntos y forjaron lo que hoy ambos identifican como la cadena “Macowens”, tal como fue sostenido por el actor.

Y lo doy por cierto, pues, en rigor, no ha sido controvertido:aun cuando atribuyéndole una distinta significación a aquella que le había atribuido el actor, el codemandado Jorge Berneman reconoció que él y su hermano se habían incorporado al emprendimiento textil que había sido iniciado por su padre, llevando a cabo la explotación de aquella marca, bien que, según sostuvo este último, liderando cada uno su gestión individual sin que se conformara entre ambos la aludida sociedad.

A mi juicio, esta última conclusión no puede ser compartida.

Más allá de la profusa prueba que demuestra la existencia de una gestión común entre los litigantes, destinada a explotar la misma empresa y repartir utilidades en términos tales que exhiben con notoriedad la existencia de su reunión en sociedad, lo cierto es que, a fin de no alongar innecesariamente este voto, he de atenerme a un dato que, a mi juicio, dirime cualquier duda que al respecto se pudiera albergar.

Me refiero al hecho de que, como fue dicho en la sentencia apelada en términos que sí han sido compartidos por el codemandado Jorge Berneman, esa gestión inicial fue continuada por la sociedad Arbatax S.R.L., que se constituyó formalmente a estos efectos siendo participada por cada uno de los hermanos en un 50%.

A mi juicio, la significación de este dato exime de la necesidad de abundar a efectos de demostrar lo que surge notorio: si esto fue así, esto es, si Arbatax S.R.L.continuó aquella actividad siendo participada por mitades por cada uno de esos litigantes, fue porque ellos tenían igual interés en la empresa que decidió ser continuada por tal vía, lo cual, a su vez, se convierte en elemento de óptimo rango para permitirme confirmar lo que surge de aquellos otros datos, que inequívocamente demuestran la existencia entre los hermanos de la referida sociedad de hecho.

Esto, reitero, interpretado a la luz de aquello que no ha sido objeto de disenso, cual es que, iniciada por el padre de ambos contendientes esa empresa que comenzó siendo una sastrería, aquéllos la continuaron, explotando la misma actividad, bajo la misma marca, para terminar conformando por mitades la misma sociedad regular, que, dedicada también a la misma actividad, no hace sino corroborar mi conclusión en el sentido adelantado.

No obstante, de esto no se deriva el progreso de la acción; dado que, según mi ver, si es claro que esa sociedad de hecho existió, no menos lo es que ella se regularizó en los términos que paso a describir a continuación.

3.En su expresión de agravios, el apelante ha efectuado una pormenorizada reseña del modo en que se constituyeron las sociedades involucradas, sus objetivos y sus fechas, pero ha prescindido de un dato esencial, cual es que la primera de esas sociedades fue la mencionada Arbatax S.R.L.y que ella nació varios años antes que las demás.

Ynació -esto también se halla fuera de controversia- para absorber la actividad que hasta entonces había sido llevaba a cabo por los hermanos, sin que pueda aceptarse, por las razones que expresaré, que junto a esa sociedad haya permanecido un tramo de actividad promiscua, que hubiera quedado sin ser “absorbida” de tal modo (esto último requiere algún desarrollo mayor, que habré de efectuar más adelante).

Este dato -esto es, que “Arbatax” nació para absorber la actividad de los hermanos, lo cual efectivamente sucedió- impone convalidar la conclusión a la que arribó el a quo, en tanto demuestra que, lejos de haber sido “una sociedad más” de las cuatro utilizadas por aquéllos a efectos de canalizar sus negocios, Arbatax S.R.L. sí fue la vía que los nombrados utilizaron para regularizar esa sociedad de hecho que hasta entonces habían integrado.

Es más: aun cuando se otorgara razón al demandante en cuanto a que Arbatax S.R.L. -después transformada en S.A.- no absorbió toda la actividad (lo cual no ha sido probado), la solución no habría de cambiar, toda vez que no es hecho controvertido que esa actividad, en su totalidad, sí fue canalizada a través de sociedades regulares.

Con esta conclusión, irrebatible en tanto no controvertida: no quedó ningún tramo de actividad o negocio de la referida sociedad de hecho que no hubiera sido absorbido por Arbatax S.R.L.o, en el mejor de los casos para el actor, por alguna de las otras sociedades que su parte invoca.

4.No soslayo que en el sistema previsto en la ley 19.550 antes de la última reforma, las sociedades de hecho sólo se regularizaban acudiendo al mecanismo previsto en el artículo 22 de esa ley, que exigía una decisión formal de los socios que permitiera vincular la personalidad del ente irregular anterior con la de la sociedad que lo habría de continuar.

De lo contrario, si no era regularizada de tal modo, sólo podía terminar su existencia previa disolución y liquidación del mismo modo en que ocurre ahora; modo que da cuenta de que, si bien una sociedad puede existir y desarrollarse sin ninguna formalidad ni inscripción registral, no puede hacer lo propio -jurídicamente hablando- para extinguirse o “desaparecer” del mundo.

Así resulta de lo dispuesto en el art. 98 de la ley 19.550, en cuanto dispone que “.la disolución de la sociedad se encuentre o no constituida regularmente, sólo surte efecto respecto de terceros desde su inscripción registral, previa publicación en su caso.” (sic, el resaltado es mío).

Con esta consecuencia, que interesa al caso: comprobada la sociedad de hecho alegada en la demanda, o se acepta que ella fue regularizada o, ante la falta de disolución y liquidación en los términos que la ley manda -que ni siquiera fue alegada-, debería concluirse que tal sociedad subsiste, puesto que, reitero, el legislador no ha deferido a la voluntad de los socios ninguna posibilidad de extinguir estos sujetos de derecho -que han actuado en el tráfico comercial vinculándose con terceros-, de un modo diverso.

Esta última es la tesis del actor, esto es, que ninguno de esos posibles caminos fue aquí seguido:la aludida sociedad no se regularizó en los términos del citado artículo 22, ni se disolvió y liquidó, lo cual lo lleva a concluir que ella sigue subsistiendo.

Pero, por las razones expuestas, ese temperamento no puede aceptarse en la especie; o, al menos, no puede serlo si lo que se quiere es aprehender correctamente los hechos del caso a efectos de componer adecuadamente los intereses enfrentados, perspectiva que exige tener presente que aquí no hay terceros en el medio, sino que se trata de una disputa que sólo tiene por protagonistas a los dos únicos socios de esa sociedad de hecho.

Esto me lleva, como dije, a compartir la solución que al caso asignó el a quo.

Es verdad que el procedimiento que preveía el art. 22 en su versión anterior no fue formalmente seguido, pero el resultado sí fue el mismo: los socios constituyeron una sociedad regular -Arbatax S.R.L.- que absorbió la actividad del ente de hecho y en la cual ellos tomaron la misma participación que tenían en la conformación social anterior.No hay ningún interés público que justifique que la Sala juzgue esos hechos de manera diversa, ni advierto que el actor haya visto defraudados los derechos que, según alegó, a él le correspondían en la referida sociedad de hecho.

5.No soslayo que después de constituida Arbatax S.R.L., fueron constituidas las sociedades “Badima” “Dikter” y “Jubsi”, lo cual sucedió a partir del año 1998 y durante el año 2001.

Pero esto no altera lo expuesto.

Esas sociedades nacieron, según la tesis que el mismo actor ha desarrollado en su expresión de agravios, a efectos de convertirse en destinatarias de las franquicias que les otorgó “Arbatax”, permitiendo a ésta descentralizar su actividad, desarrollarla en forma más eficiente, y no asumir riesgos innecesarios (sólo aclaro, aunque ya se sepa, que por entonces no había en nuestro derecho ninguna regulación general del contrato de franquicia; ni, por ende, tampoco existía ninguna prohibición para esa actuación del franquiciante).

Como es obvio, canalizar parte de una actividad por medio de otros entes no permite afirmar, como en la demanda se sostiene, que se conforme entre todos los titulares de esos segmentos de la actividad, una sociedad de hecho.

El actor no ha siquiera insinuado que cada una de esas sociedades no haya respetado los límites que se derivaban de su diversa personalidad jurídica, lo cual descarta la posibilidad de concluir que entre ellas se haya configurado un ente irregular, para, en cambio, revelar la presencia de una conformación grupal que debe ser respetada en la fisonomía que adquirió como tal.

Que varias sociedades se hallen integradas por los mismos accionistas y exploten una misma actividad no autoriza a arrasar sus personalidades diversas, sino que exterioriza ese fenómeno grupal con el que se buscan propósitos no susceptibles de ningún reproche.

En tal sentido, es sabido que la eficiencia en la actividad empresaria y la necesidad de encontrar una adecuada dimensión para las empresas son finalidades susceptibles de ser canalizadas, según las circunstancias, por diversas vías, de entrelas cuales, en lo que aquí interesa, se encuentra la formación de grupos societarios (Zavala Rodríguez, Carlos, Fusión y escisión de sociedades, 1976, p. 97), entendiendo por tales no sólo a los que se conforman con ajuste a lo dispuesto en el art. 33 LGS -de base participacional-, sino a los que se generan teniendo por sustento a la identidad de socios, que es la especie que aquí interesa.

Esto fue lo que ocurrió en el caso: fueron creadas nuevas sociedades por medio de las cuales se gestionaron tramos de la misma empresa, lo cual revela una realidad económica que descarta su aislamiento pero que no obsta a la conservación por ellas de su separación formal patrimonial.

La licitud de esa operatoria es innegable en nuestro derecho, en el que, reconociendo un fenómeno económico de presencia en todo el mundo, nuestro legislador admite los grupos (aunque no los regule más que en unos pocos aspectos que no incluyen a los estructurados sobre accionistas comunes), lo cual implica no sólo admitir la validez del control -aspecto inherente al derecho societario en tanto basado en el poder mayoritario-, sino también que tal control sea simultáneo sobre varias sociedades, e incluso utilizado a fin de someter a éstas a una dirección unificada, desde que, precisamente, es sobre este dato -única dirección- sobre el que se construye jurídicamente la noción grupal (ver, por todos, Manóvil, Rafael Mariano, “Grupos de Sociedades en el Derecho Comparado”, Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1998).

6.Aplicados estos conceptos al caso, es posible advertir que la empresa creada por los hermanos fue mutando su conformación a medida que crecía.Así como en su etapa inicial la sociedad fue informal y dispersa, su crecimiento justificó que se regularizara, concentrando al efecto toda su actividad en un único ente.

Y, ante la importante magnitud que con posterioridad adquirió, fue necesario proceder a su descentralización, creando al efecto aquel grupo de sociedades, según propósito que hubiera podido también lograrse, en su caso, mediante una o más escisiones, en tanto mecanismo -la escisión- que, aunque diverso, tiene con el que fue utilizado un fin idéntico, según el cual, para lograr una adecuada organización empresaria es necesario acudir, no a una sociedad, sino a un grupo de sociedades.

Esto, pues, como es sabido, la excesiva centralización administrativa es un obstáculo para el desarrollo, por lo que se ha señalado que la escisión marca el pasaje de un tipo primario de concentración, como lo es la sociedad, a un tipo secundario de concentración como lo es el grupo de sociedades (Champaud, citado por Otaegui, Julio César, Fusión y escisión de sociedades comerciales, Ed. Ábaco, Buenos Aires, 1981, p.237).

Esas consideraciones mellevan a descartar la tesis fundamental delactor,según la cual, reitero,entre los aludidos entes se habría configurado una sociedad de hecho.

Por ello, la demanda debe ser rechazada en lo principal que persigue y, por ende, también en sus pretensiones accesorias, dadas por la reclamación de que se declare la nulidad de los actos reprochados de simulación y se reconozcan al actor daños y perjuicios.

7.No ignoro que el actor podría seguir teniendo interés en que se declarara esa simulación, a efectos de que le sea reconocida en esas sociedades la participación que alega corresponderle.

Pero ese interés no puedeser atendido en el marco de la presente

acción,cuyo objeto principal fue,como dije, obtener la disolución y

liquidación de esa sociedad de hecho que adujo existente entre esas sociedades.

No importa esto desechar que la creación de esas sociedades haya tenido socios aparentes, conducta que, regulada en el art.34 LGS, no es de por sí ilícita; pero sí importa afirmar que, si lo que el actor pretendía era que le fuera reconocida la participación que en cada ente le correspondía en esos términos, le hubiera bastado con promover la acción de simulación respectiva, sin atar la suerte de ésta a la pretensión final de que todas esas sociedades fueran liquidadas.

Por eso es que, según mi ver, la demanda debe ser íntegramente rechazada, sin perjuicio del derecho que pudiere asistir al demandante para replantear en otro juicio -acotado a obtener la respectiva sustitución en la titularidad de aquellas participaciones- cuanto al respecto reclama.

Las costas, no obstante, serán distribuidas en el orden causado, dado que, si bien la demanda no prospera, la complejidad de las cuestiones debatidas y el hecho de que el demandante haya logrado probar la sociedad de hecho que fue negada por los demandados, tornan equitativo proceder de este modo en tal aspecto.

IV.La conclusión.

Por lo expuesto, propongo al Acuerdo confirmar la sentencia en todo lo que en ella se decide, salvo en materia de costas, que se distribuirán en ambas instancias en el orden causado.

Por análogas razones, el Sr. Juez de Cámara, doctor Eduardo R. Machin, adhiere al voto anterior.

Con lo que terminó este acuerdo que firmaron los señores Jueces de Cámara doctores: Julia Villanueva y Eduardo R. Machin. Ante mí: Manuel R. Trueba. Es copia de su original que corre a fs. 64/71 del libro de acuerdos N° 58 Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal Sala “C”.

Manuel R. Trueba Prosecretario

Buenos Aires, 16 de marzo de 2017.

Y VISTOS:

Por los fundamentos del acuerdo que antecede se resuelve confirmar la sentencia en todo lo que en ella se decide, salvo en materia de costas, que se distribuirán en ambas instancias en el orden causado.

Notifíquese por Secretaría.

Devueltas que sean las cédulas debidamente notificadas, vuelva el expediente a la Sala a fin de dar cumplimiento a la comunicación ordenada por el art. 4° de la Acordada de la Excma. Corte Suprema de Justicia de la Nación 15/13, del 21.5.2013.

Julia Villanueva

Eduardo R. Machin

Manuel R. Trueba – Prosecretario