Un máximo tribunal con mayorías variables y más deliberativas

La Corte Suprema no tiene una mayoría única ni automática. Tiene una mayoría variable, en construcción, donde en cada caso se intenta llegar a la unanimidad, hasta que las posiciones irreductibles hacen que no se logre y haya que votar.

Esta es la principal novedad que exhibe el máximo tribunal tras la llegada de los nuevos jueces Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, dos magistrados designados por el gobierno de Mauricio Macri que permitieron completar el tribunal.

Anteriormente, con tres jueces la Corte tenía posturas más monolíticas y detrás de Lorenzetti se encolumnaban los jueces para poder sacar resoluciones. El número impedía un funcionamiento diferente. Y lo que se discutía y no se acordaba, no salía. Pero antes era otra cosa. Lorenzetti manejó con cintura política el arte de encontrar consensos para sacar resoluciones aun en momentos de máxima tensión con el kirchnerismo, o cuando hubo acercamientos. Hoy el juez no tiene esa misma posibilidad.

Una advertencia previa: en la amplia mayoría de los casos la Corte vota de manera unánime. Son las causas vinculadas con políticas públicas o la interpretación de la ley penal las que marcan estos disensos en la minoría de las sentencias, pero las más ruidosas.

Gustavo Arballo, profesor de la Universidad Nacional de La Pampa, hizo un estudio que publicó en su blog Saber Leyes no es Saber Derecho. Tras analizar 500 sentencias de la Corte entre 1984 y 2013 concluyó que el grado de concordancia más frecuente en las alineaciones fue Lorenzetti-Eugenio Zaffaroni con 71,53%. Y niveles muy similares arrojaron las correlaciones Lorenzetti-Maqueda (70,51%) y Zaffaroni-Maqueda (69,27%). La jueza Carmen Argibay representó la singularidad porque en el 40,91% de los casos en que intervino lo hizo con voto individual. Ningún juez actuó aislado. El trabajo sostiene que Maqueda y Lorenzetti son los únicos que tienen concordancias en 60% o más con cuatro de sus seis colegas. El presidente de la Corte es también el que menos porcentaje de votos en soledad registra (8,02%). No había bloques, pero sí concordancias y parejas.

La Corte hoy está en estado de transición con la llegada de dos nuevos jueces que no cumplieron un año en su cargos. Están acomodándose. Eso está generando que no existan bloques claros ni alineamientos notorios. Al reducirse el número de jueces, las mayorías son cortas (tres votos), más lábiles y variables, porque un voto pesa más.

La Corte relevó las sentencias más salientes de los últimos seis meses con su propio estudio, que muestra que Lorenzetti no está solo, sino que solamente quedó entre la minoría en dos fallos: el de ayer y el que estableció la posibilidad de arresto domiciliario de represores. Estos fallos y otros de Casación parecen ser más flexibles con las condenas contra los represores. Algo que los organismos de derechos humanos vinculan con una política del gobierno de Macri.

Esta es una Corte donde es más frecuente la discusión y más difícil el consenso para lograr unanimidad en este mínimo pero relevante porcentaje de casos. Habrá causas clave donde aparecen mayorías cambiantes y la mayor cantidad de causas, las que no salen en los diarios, firmadas por unanimidad.

Los números señalan que las mayorías en los casos mencionados de derechos humanos las conformaron Higthon, Rosatti y Rosenkrantz y Maqueda, Rosatti y Rosenkrantz. En el resto Lorenzetti siempre estuvo en la mayoría. Además rescata la Corte que se firmaron por unanimidad fallos no menos polémicos como la condena contra el cura Grassi.

Pedido de asilo en la Nunciatura

No hubo avances en el caso del teniente coronel retirado Emilio Guillermo Nani, quien pidió asilo en la Nunciatura por considerarse “preso político”, al estimar que resultaba inminente una orden de detención en una causa por delitos de lesa humanidad. Ante la ausencia del nuncio, monseñor Emil Paul Tscherrig, Nani no fue recibido y solo pudo dejar allí una nota.

Fuente: La Nación.