La demanda por los daños causados a raíz de una fractura cubital izquierda que no fue detectada al ser atendida luego de un accidente de tránsito debe ser rechazada ya que la actora no consultó por tales problemas sino luego en un control de rutina

Partes: C. S. de M. E. F. c/ Obra Social de la Act. de Seg. Reaseg. Capit. Ahorro y Prest. y otros s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal

Sala/Juzgado: III

Fecha: 29-nov-2016

Cita: MJ-JU-M-102957-AR | MJJ102957 | MJJ102957Sumario:
1.-Corresponde rechazar la demanda promovida por la actora con el objeto de obtener la reparación de los daños causados a raíz de una fractura cubital izquierda que no fue detectada al ser atendida luego de un accidente de tránsito, toda vez que en ningún momento la actora consultó por problemas en su brazo izquierdo, es decir, que no tuvo una dolencia que le llamara especialmente la atención respecto de su brazo, a tal punto que hubiera decidido concurrir a un centro asistencial para hacerse ver.

Fallo:

En Buenos Aires, a los 29 días del mes de noviembre del año dos mil dieciséis, hallándose reunidos en acuerdo los Señores Vocales de la Sala III de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal a fin de pronunciarse en los autos “C. S. de M. Eva F. c/ Obra Social de la Act. de Seg. Reaseg. Capit. Ahorro y Prest. y otros s/ daños y perjuicios”, y de acuerdo al orden de sorteo la Dra. Graciela Medina dijo:

I. El juez a quo dispuso rechazar la demanda promovida por la actora con el objeto de obtener la reparación de los daños causados a raíz de una fractura cubital izquierda que no fue detectada al ser atendida luego de un accidente de tránsito. Para así decidir, consideró que si bien el hecho existió y también el error en cuanto al diagnóstico de las lesiones sufridas, no pudo probarse que la demora de sólo cuatro días en el tratamiento adecuado le hubiera generado daños, según lo expuesto por el perito médico, más allá de los que le ocasionó el accidente automovilístico (ver fs. 512/516).

Contra esta decisión apeló la parte actora a fs. 518, recurso que fue concedido a fs. 519. La apelante expresó agravios a fs. 523/535, que fueron respondidos a fs. 539/540 y 541/542.

II. Previo al análisis de los agravios articulados, corresponde que me expida sobre el derecho aplicable a la resolución del presente conflicto atento a que a partir del 1° de agosto de 2015, se encuentra vigente un Código Civil y Comercial Unificado que reemplaza al Código Civil y al Código de Comercio que se encontraban en vigor tanto al momento de los hechos, como al tiempo de la traba de la litis.En el caso, nos encontramos frente a una relación generada por un contrato y por ello en este caso la ley que rige la responsabilidad civil es la vigente al momento de la producción del hecho generador del daño, es decir el incumplimiento contractual (causa 6.681/1999 del 10/03/2016). No obstante que propicio aplicar a este conflicto el Código Civil de Vélez Sarsfield no descarto citar algunas normas del nuevo ordenamiento como doctrina corroborante con la fundamentación jurídica que adoptaré.

III. Dicho esto, pasaré a analizar los cuestionamientos al fallo. En lo principal la apelante sostiene que se han verificado todos los presupuestos a los efectos de la atribución de responsabilidad, es decir la antijuridicidad, el daño, el factor de atribución y la relación de causalidad. Para fundamentar su agravio efectúa extensas consideraciones sobre cada uno de estos aspectos. Asimismo cita jurisprudencia y distintos puntos de la pericia médica agregada a la causa que desde su perspectiva abonarían su postura.

Para comenzar, resulta conveniente efectuar una breve reseña de los elementos tenidos en cuenta que surgen del expediente. Se encuentra acreditado que el día 9 de mayo de 2005 la actora sufrió un accidente de tránsito en la ruta 8 km. 80, a raíz del cual fue internada en el Hospital San José de Capilla del Señor. Allí se le diagnosticó traumatismo encéfalo craneano con pérdida de conocimiento y luxación de codo derecho que fue inmovilizado con valva de yeso. Al día siguiente fue derivada al Hospital Privado Modelo S.A. de donde fue dada de alta el día 12 de mayo por presentar buena evolución. Luego de esto, cuatro días después, concurrió nuevamente al centro asistencial para un control de rutina y fue recién allí cuando se le detectó una fractura de cúbito de antebrazo izquierdo.

De acuerdo a la perica médica agregada a fs.297/300 la fractura de cúbito izquierdo tuvo lugar con motivo del accidente relatado por la actora; es una fractura pequeña y pudo pasar desapercibida; fue en la diáfisis del cúbito izquierdo y no hubo traumatismo posterior; los signos y síntomas más frecuentes de una fractura son: deformidad, tumefacción, equimosis, impotencia funcional, ninguno de los cuales fue informado en la documentación médica. El informe concluye que la demora en el diagnóstico de la fractura de cúbito izquierdo existió (4 días) y que hubieron factores atenuantes como por ejemplo el cuadro general de la actora (traumatismo de cráneo, luxación de codo derecho y golpes varios). También que la fractura de cúbito no tenía deformidad evidente ni dolor tan intenso. Por último indica que la actora fue operada y tuvo una buena evolución encontrándose en la actualidad bien de dicha lesión, por lo que puede afirmarse con total certeza que en el plano físico no se derivó ningún daño de esa demora (ver fs. 299vta.).

Como se ha señalado con acierto, el derecho de daños es una disciplina que realiza una “mirada transversal” sobre todo el derecho y sus sectores y pretende que donde exista un daño (de acto ejecutado con juridicidad o antijuridicidad) sea reparado partiendo de la “integridad de la persona humana” que la misma CSJN señalo en el fallo Aquino en el año 2004 y que asumió como premisa de los Tratados Internacionales incorporados en 1994. Consagrado este principio general del derecho -la integridad de la persona humana- lo que pretende el “derecho de daños” es que se mire el daño desde el dañado y no la conducta del agente dañador, es decir, la reparación debe relacionarse con el daño efectivamente causado por ello debe ser integral, independientemente de la “cualidad y cantidad” del accionar del agente dañador (Ghersi, Carlos Alberto, “Responsabilidad del Estado. Daños por actos lícitos e ilícitos de sus funcionarios u órganos” en Rev.La Ley 2011 -C, 149).

También es importante tener en cuenta que la salud es sin duda esencial para todo ser humano y desde esta perspectiva, es muy difícil pensar que su alteración no provoque la afectación de algún interés para su titular, cuyas consecuencias dañosas deban ser resarcidas. Más aún si nos referimos a la esfera extrapatrimonial que es lo que se estaría reclamando en esta instancia (ver fs. 530/535).

Ahora bien, en el caso no hay dudas de que el accidente de tránsito le ha producido daños a la actora y entre ellos la fractura cubital izquierda, como bien lo refleja la pericia médica, pero el tema aquí no es el accidente, sino la demora de 4 días que tuvo para que se le diagnosticara la fractura de cúbito. Eso es lo único que se discute en este pleito. Si los 4 días de demora en el diagnóstico de la lesión le produjeron algún daño resarcible.

Y es justamente aquí donde comienzan las dudas, sobre todo porque la expresión de agravios más bien hace referencia al accidente y sus consecuencias, en lugar de poner el acento en las consecuencias dañosas que habría ocasionado el mal diagnóstico inicial. Así, por ejemplo, se cuestiona lo decidido en materia de relación de causalidad afirmando que la misma existe entre fractura y accidente (ver fs. 525vta.); se dice que existe daño psíquico que guarda relación directa con el siniestro (ver fs. 526 vta. in fine); y, se habla de la antijuricidad y el deber de reparar el daño (ver fs. 527), que son todos temas ajenos al objeto del debate.

Calvo Costa define al daño resarcible como la lesión a un interés jurídico patrimonial o extrapatrimonial, que provoca consecuencias patrimoniales o extrapatrimoniales, respectivamente (Calvo Costa, Carlos A. “Daño Resarcible”, Hammurabi, Buenos Aires, 2005, pág.97). Se trata de una cuestión de hecho -y más aún en un caso como este- en la que deben evaluarse las circunstancias con prudencia para definir cuáles han sido los alcances de las consecuencias nocivas que pudieron producirse. En este sentido, no advierto que la presentación efectuada por la parte actora contenga elementos que permitan modificar la decisión adoptada por el juez de grado. Ninguna de sus consideraciones respecto de los presupuestos básicos de la obligación de resarcir, las definiciones de cada uno de ellos y las citas del expediente o del fallo, dan suficiente cuenta respecto de qué daños sufrió la actora en esos 4 días como consecuencia de la demora en el diagnóstico.

Es cierto que la impresión inicial que uno podría tener es que si existió una fractura existió un daño, al menos en el área extrapatrimonial, pero los elementos obrantes en la causa parecen no corroborar esta conclusión. Y en este punto hay un elemento que considero dirimente y es que en ningún momento la actora consulta por problemas en su brazo izquierdo. Es decir, que no tuvo una dolencia que le llamara especialmente la atención respecto de su brazo, a tal punto que hubiera decidido concurrir a un centro asistencial para hacerse ver. Cuando va es para un control de rutina.

Cierto que no puede descartarse que sintiera algún dolor en el brazo -que según la pericia pudo ser atribuible a la colocación del suero-, pero según el experto, de ser así no fue “tan intenso” (ver fs. 299 vta. último párrafo). Incluso podría suponerse que fue mitigado por los calmantes que seguramente le dieron como consecuencia de las lesiones y golpes recibidos que sí fueron constatados desde un comienzo (traumatismo de cráneo, luxación de codo derecho y traumas varios -ver fs.299vta.-). Finalmente, la pericia es muy clara en cuanto a que más allá de la demora, fue operada y tuvo una buena evolución, razón por la cual no se derivó ningún daño físico. Hay que tener presente que la pericia no fue impugnada ni observada por las partes.

La actora reclama daño moral y en tal sentido, hace ya algún tiempo Bueres expresaba que para que exista daño moral debe existir alguna consecuencia espiritual, es decir, alguna modificación disvaliosa del espíritu -en el desenvolvimiento de las capacidades de entender, de querer y de sentir- que se traduce en un modo de estar de la persona diferente de aquel en que se encontraba antes del hecho, como consecuencia de éste y anímicamente perjudicial (Bueres, Alberto J. El daño moral y su conexión con las lesiones a la estética, a la sique, a la vida de relación a la persona en general, en “Revista de Derecho Privado y Comunitario” n°1, “Daños a la Persona”, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 1992, pág. 257). En el caso no hay duda del daño moral que sufrió la actora como consecuencia del accidente de tránsito, pero eso no puede traducirse necesariamente a que lo tuvo por el mal diagnóstico.

Nótese que de acuerdo a la pericia médica, los signos y síntomas más frecuentes de una fractura son: deformidad, tumefacción, equimosis, impotencia funcional, dolor y ninguno de ellos fue informado en la documentación médica.

En definitiva, asumiendo que la fractura existió desde el accidente, lo cierto es que pasó desapercibida para los médicos que la atendieron en el Hospital de Capilla del Señor, para los que la atendieron en el Hospital Privado Modelo e incluso para la propia actora. Y eso pese a que como cita en su demanda, en Capilla del Señor se le realizó venóclisis (colocación de suero) en brazo izquierdo (ver fs. 10vta.), para lo cual seguramente debieron moverle el brazo.Luego, cita también la historia clínica del Hospital Privado Modelo donde se indica que presenta “buena movilidad de miembro inferior y brazo izquierdo, con hematoma en ambas rodillas” (ver fs. 11).

Finalmente, de la lectura del expediente podría surgir cierta duda respecto de si el desplazamiento de la fractura pudo ser consecuencia de la falta de tratamiento oportuno y por lo tanto la intervención quirúrgica fue una consecuencia evitable. De allí que el tribunal solicitara como medida para mejor proveer (ver fs. 546), una serie de aclaraciones al perito que se han agregado al expediente y se han hecho saber a las partes (ver fs. 547 y 548).

Más allá de los términos de la presentación efectuada por la parte actora (ver fs. 549/550), considero que el perito ha sido claro en cuanto a que si bien no puede saberse a ciencia cierta si inicialmente se trató de una fractura desplazada o no, de haber sido el segundo supuesto fue un desplazamiento leve y el tratamiento es similar al que corresponde cuando no hay desplazamiento. Además reiteró que la fractura leve puede confundirse con el dolor por la colocación del suero y con mayor razón si la paciente se encuentra con reposo en cama. Finalmente, indicó que era factible que por la medicación que recibía para controlar el dolor proveniente de los demás traumatismos, no tuviera una percepción más clara del problema en su brazo izquierdo (ver fs. 547 y vta.).

Como expuse en un comienzo, lo que pretende el derecho de daños es que se mire el daño desde el dañado y no la conducta del dañador, es decir que la reparación debe relacionarse con el daño efectivamente, que en este caso no ha quedado debidamente acreditado respecto de la demora en el diagnóstico y ello determina la desestimación de los agravios.

IV. Lo decidido en materia de costas, no ha sido materia de agravio razón por la cual no puede ser revisado por el Tribunal.

V. En consecuencia propongo al acuerdo rechazar los agravios y confirmar el fallo.

Las costas de Alzada se imponen a la apelante vencida.

Así voto.

Los Dres. Ricardo Gustavo Recondo y Guillermo Alberto Antelo, por análogos fundamentos adhieren al voto precedente. Con lo que terminó el acto, de lo que doy fe.

Buenos Aires, de noviembre de 2016.

VISTO: lo deliberado y las conclusiones a las que se arriba en el Acuerdo precedente, el Tribunal RESUELVE: rechazar los agravios y confirmar el fallo.

Las costas de Alzada se imponen a la apelante vencida (arts. 70, primer párrafo del Código Procesal -conf. DJA-).

Una vez que se regulen los honorarios correspondientes a primera instancia, vuelvan las actuaciones a efectos de proceder a fijar los correspondientes a la Alzada.

Regístrese, notifíquese, publíquese y oportunamente devuélvase.

Graciela Medina

Ricardo Gustavo Recondo

Guillermo Alberto Antelo