Responsabilidad civil en las cirugías robóticas

Autor: Bourdieu, Juan M. – Blejer, Carlos – Ver más Artículos del autor

Fecha: 31-mar-2017

Cita: MJ-DOC-10669-AR | MJD10669

I. Introducción. II. Si los robots quirúrgicos no son robots, ¿qué son? III. Encuadre jurídico: responsabilidad por el hecho propio o vicio de la cosa y posibles responsables. IV. Otros considerandos. V. Satisfacción de los pacientes. VI. Casos mortales. VII. La capacitación insuficiente del cirujano. VIII. Fallas de componentes. IX. Eventualidad litigiosa en nuestro ordenamiento. X. Repartiendo popularidad. XI. Pregunta tardía. XII. Conclusiones.
Doctrina:

Por Juan M. Bourdieu (*) y Carlos Blejer (**)

I. INTRODUCCIÓN

Por lo general, casi todos sabemos algo de robots.

Sabemos que ejecutan tareas repetitivas o riesgosas, que pueden ser acondicionados para ejecutar otras tareas cuando se cambia su programación, y que también vienen en diversas formas y tamaños. Podríamos apostar que allí donde se fabrica algo, se envasa, se selecciona o se transforma materia prima, hay robots encargados de tareas especializadas.

Uno de los más atractivos y conocidos por el público son los robots que se emplean en la industria automotriz, que suelen consistir en múltiples brazos articulados, con herramientas especializadas en sus extremos que se encargan de variedad de tareas como soldar partes de la carrocería, remachar, ajustar, etcétera.

Causan asombro no solo por la versatilidad de las tareas, sino también por la velocidad en que las ejecutan y por la capacidad de combinarse con otros robots en una misma etapa.

Los robots quirúrgicos tienen con estos robots de la industria automotriz un cierto parecido, pues cuentan con varios brazos articulados (usualmente cuatro), en cuyos extremos habrá también herramientas especializadas, obviamente de uso quirúrgico.

Con excepción de esta similitud, que le ha granjeado a estos dispositivos mecánicos el nombre de «robot quirúrgico», no existe ninguna otra condición de similitud.

A diferencia de los robots industriales, que siguen las instrucciones de un programa, los robots quirúrgicos deben seguir los movimientos que responden a las manos del cirujano.

Este está sentado, teniendo frente a sí una pantalla de televisión para apreciar el campo o área quirúrgica, mientras tiene sus dedos pulgar e índice en un dispositivo que permite amplificar los movimientos y transmitirlos a los instrumentos. Así, un cirujano puede cortar con una tijera que puede considerarse dividida en dos partes:los anillos habituales están en los dedos del cirujano mientras las hojas están a distancia, en el extremo de un «portaherramientas». Algunos pedales, con funciones específicas, completan el conjunto.

El cirujano puede seguir la amplitud y extensión del corte en la pantalla, mientras se ayuda para ver con el instrumental que está en los otros brazos. De igual modo procede si debe coagular un vaso sangrante para evitar que le obstruya la visión o aspirar líquidos que se acumulen en lugares inadecuados.

Así que, por lo general, cuando se habla de «robot quirúrgico», lo mejor es desechar todas las ideas que tengamos acerca de los robot industriales, aceptar el término como frutos de la apariencia similar, la moda, la eufonía o de la practicidad y saber que salvo con algunas mejoras automatizadas, aún los «robots quirúrgicos» de última tecnología no son realmente «robots».

La ocasión es buena para olvidar otras terminologías afines como «autómata», «operación remota» y olvidarse del «botón de la muerte» que, aunque aprobado por el Parlamento Europeo, puede estar muy justificado en los robots industriales, pero no tiene sentido en los «robots quirúrgicos».

Aun así, se ha afirmado que los robots quirúrgicos «han revolucionado -muy positivamente- los procedimientos quirúrgicos al asegurar precisión, seguridad y una rápida cura del paciente» y también que tal progreso tecnológico «ha llegado a un punto en el cual el doctor no tiene contacto físico directo con el paciente» (1). Proveniente de una publicación de Doctrina jurídica de reconocida valía, tales afirmaciones revelan que el autor ha sido seducido por el aura que rodea a esta tecnología, sobre la que no ha efectuado el debido análisis.Dicha publicación también desconoce que la denominada «técnica de no ver y no tocar» -muy directamente relacionada a la cirugía de los tumores, entró en vigencia en la década de los setenta, especialmente porque ya se habían desarrollado técnicas de visualización tumoral por otros medios -ultrasonidos, tomografía computada por citar a los más importantes en aquellos tiempos- y no porque los cirujanos usaran condiciones de percepción extrasensorial. Las expresiones que grafican situaciones no deben ser tomadas al pie de la letra sin conocer la intimidad de lo que se quiere describir.

Que los robots quirúrgicos no son propiamente robots, no hace más que respetar la singularidad propia de cada uno de nosotros, lo que permite llegar a la conclusión de que las técnicas, especialmente las quirúrgicas, se deben adaptar a la diversidad -y no a la inversa- y por ende es imposible programar un robot para que efectúe una misma tarea quirúrgica en pacientes que son similares, pero diferentes entre sí.

Por otra parte, esta terminología ha traído cierta confusión, pues pareciera que desplaza y causa un demérito en la tarea del cirujano, haciendo suponer que el «verdadero cirujano» es el robot, la máquina o la maravilla mecánica.

Esto ha llevado a algunos autores y defensores del método a bajar en cierta medida el presunto «milagro tecnológico» y prefieren hablar de «cirugía asistida por robot», con lo cual el cirujano recompone un poco su rol, y el «robot» -aunque el término persiste para mantener la magia y la novedad tecnológica, colabora, ayuda o asiste al cirujano.

Otras denominaciones, igualmente cautelosas, emplean sinonimias como «cirugía endoscópica asistida por robot», «procedimiento endoscópico asistido por robot», y similares.

En este último caso, se hace una referencia directa a la «cirugía endoscópica» que no es otro que el origen del «robot quirúrgico». En otros términos, la cirugía robótica es una cirugía endoscópica perfeccionada en ciertos detalles, pero que requiere del cirujano, como cualquier otracirugía.

II. SI LOS ROBOTS QUIRÚRGICOS NO SON ROBOTS, ¿QUÉ SON?

Para responder esta pregunta, debemos dar un paso atrás en el desarrollo tecnológico y adentrarnos en las cirugías llamadas «endoscópicas», en las cuales la visión del campo quirúrgico y las maniobras que en él se efectúan, se logran mediante tubos finos introducidos según conveniencias de cada zona. Generalmente se suelen distinguir al menos dos tipos de cirugías endoscópicas, según la zona donde se opera, a saber:

1. La cirugía «laparoscópica» -efectuada en el abdomen- es posiblemente la más popular, especialmente por la cirugía de extraer la vesícula biliar (colecistectomía en el argot quirúrgico) y los fibromas (miofibromas uterinos).

Las mujeres, agradecidas por no arruinarles antiestéticamente el abdomen y permitir las mallas de dos piezas sin necesidad de tapar ninguna cicatriz antiestética, han sido grandes difusoras del método.

2. Puede afirmarse algo similar en la cirugía «artroscópica», que, como su nombre lo indica, es efectuada en las articulaciones, especialmente las llamadas «grandes articulaciones», especialmente la rodilla de los deportistas, no por el efecto estético, sino por la rápida recuperación. Otro tanto, se presenta en la cirugía del hombro.

Conceptualmente, basta recordar que se trata de cirugías en las que varios tubos metálicos son introducidos por determinados sitios, denominados habitualmente «portales». Cada tubo lleva, por lo general, una herramienta y cumple una función. Así, hay tubos que llevan sofisticados sistemas de iluminación y fibras de video, otros llevan agua para lavar, otros llevan tijeras o cuchillas de tamaño muy pequeño, otros una pinza, etc. Por lo general son instrumentos quirúrgicos largos y delicados manejados por el cirujano, modificaciones de los instrumentos quirúrgicos habituales.

La pieza de fuste es la que lleva la iluminación y el video, pues así el cirujano aprecia dónde está y qué hace mediante un circuito cerrado de televisión, en un monitor, a cierta distancia.Aunque la imagen que ve el cirujano, está invertida, la capacitación y la experiencia de este y sus ayudantes, logran obviar este inconveniente posicionando la cámara de filmación en el ángulo adecuado.

Intercambiando herramientas, puede hacer todo lo que hace un cirujano general en una cirugía convencional también llamada «a cielo abierto».

Es decir, que todo gira en derredor de la seguridad, la mejor evolución y brevedad del período posoperatorio del paciente, hechos que se aprecian como ventajas de la cirugía endoscópica sobre la cirugía convencional con sus incisiones quirúrgicas clásicas, con cicatrices más largas y frecuentemente antiestéticas (popularmente «matambre»), recuperación más lenta, etcétera.

La optimización de todos los aspectos de la cirugía endoscópica, aunadas en una única unidad de trabajo, es lo que constituye un «robot quirúrgico», que no es un artefacto autónomo como el nombre da a entender, sino un conjunto de instrumentos operados «indirectamente» y no «a distancia» (2) o remotamente como sugieren algunos, que aunque es posible, en el caso concreto, no es necesario.

En apretada síntesis, tal como lo establece la Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons (SAGES), se define la cirugía robótica como un procedimiento quirúrgico realizado con tecnología que facilita la interacción entre el cirujano y el paciente. El objetivo del «robot quirúrgico» es corregir las deficiencias humanas (temblor de las manos, cansancio, dolores posturales etc.) y potenciar sus habilidades (3).

Como sucede habitualmente toda mejora a la tarea del cirujano tiene efecto directo sobre los pacientes, sin que ello sea una regla infalible y libre de complicaciones y / o de reclamos judiciales.

III. ENCUADRE JURÍDICO:RESPONSABILIDAD POR EL HECHO PROPIO O POR VICIO DE LA COSA Y POSIBLES RESPONSABLES

No debemos olvidar que lo verdaderamente trascendente sigue siendo el acto humano-médico por más que en tal despliegue se valga del empleo de una «cosa» (en el caso, robot quirúrgico), que desempeña un rol pasivo e instrumental en las manos del cirujano.

Por lo tanto, se deben distinguir dos claros supuestos dentro del campo de los daños causados en las cirugías realizadas por intermedio de un robot, los que tienen consecuencias jurídicas disímiles.

En primer lugar, y como sucederá en la gran mayoría de los casos, si los daños causados al paciente resultan del hecho humano del médico, comprometerá su responsabilidad subjetiva (directa). En consecuencia, dicha responsabilidad tendrá como factor de atribución la «culpa», por ser una estricta obligación de medios.

En este caso, por aplicación de las reglas de la carga de la prueba, corresponderá al Acreedor (paciente) demostrar la culpa del deudor (médico); con la salvedad de la eventual y posible aplicación de la teoría de la carga probatoria dinámica en caso de ausencia de medios de prueba en el proceso, como lo establece hoy el art. 1735 del Código Civil y Comercial.

En todo caso, el médico podrá eximir su responsabilidad demostrando su obrar diligente (prueba de la no culpa).

Se aclara además, que la responsabilidad subjetiva del médico, a su vez, se podrá proyectar sobre la clínica o establecimiento sanitario donde se realice la intervención como posible legitimado pasivo o sujeto demandado; el que responderá por el hecho de aquel. El encuadre de esta responsabilidad, como es sabido, resulta de un hecho ajeno (responsabilidad del principal por el hecho del dependiente).

Ahora bien, deben analizarse también aquellos supuestos en los cuales el daño no provenga del hecho del médico, sino de la intervención de un vicio o defecto en el robot que utiliza como instrumento.Este es un supuesto diametralmente opuesto al anterior, en el cual el médico no interviene activamente en la causación del daño, sino que ese daño deriva de un «vicio» en el robot.

Como bien lo ha explicado la doctrina especializada «una cosa es viciosa cuando presenta un defecto de fabricación, de funcionamiento, de conservación o de información» (4).

Esto nos lleva a incluir dentro de este supuesto, no solo a aquellos en los que el robot tenga un defecto en la fabricación de alguna de sus partes internas o externas, o que el mismo no funcione adecuadamente sino también a aquellos en los que exista algún defecto en la información brindada por los fabricantes de cómo utilizarlo (manuales técnicos operativos) y que a raíz de esta mala información se cause un daño al paciente.

Así, por aplicación del art. 1757 del CCivCom, esta responsabilidad será objetiva, no siendo eficaz para eximirse de responder la demostración del obrar diligente del médico ni el cumplimiento de técnicas de prevención o la autorización administrativa para usar la cosa y solo se admitirá como eximente la ruptura del nexo de causalidad (caso fortuito o fuerza mayor, hecho de la víctima o de un tercero extraño por el que no se deba responder).

Asimismo y por imperio del artículo siguiente (art. 1758 ), los sujetos responsables civilmente serán «el dueño» del robot, es decir, su titular registral (lo que podría recaer sobre la clínica si por ventura dicha inscripción fuera exigible) y en caso de que ella no exista, al poseedor del dispositivo (lo que podría responsabilizar al médico); y el «guardián» en segundo lugar, como responsable concurrente con el dueño.

En este último supuesto, debemos poner de relieve que el legislador del novel derecho privado argentino vigente luego de la recodificación, expresamente definió la controvertida figura del «guardián».

Los términos de la nueva norma -art.1758- resultan esclarecedores, al sindicar como responsable a aquel que «ejerce, por sí o por terceros, el uso, la dirección y el control de la cosa, o quien obtiene un provecho de ella».

Pensamos que los términos empleados en la norma y la recepción de la teoría de la «guarda intelectual (o del poder de mando)» defendida entre nosotros por autores de la talla de Llambías, Orgaz o Bustamante Alsina, conllevan a que dentro de su seno pueda responsabilizarse como guardianes (y por lo tanto, demandarlos judicialmente), tanto al establecimiento sanitario (que obtiene un provecho económico del empleo de un robot en una cirugía) como al mismo médico (que tiene su uso, su dirección y su control).

Dentro de este orden de ideas, Kemelmajer de Carlucci explicaba bajo la vigencia del viejo Código Civil que «cuando el provecho y la guarda no se superponen, no hay por qué dar prevalencia a una situación sobre la otra. Por el contrario, hay que estimar que es guardián tanto el que se sirve de la cosa como el que la tiene a su cuidado. No otra cosa significa la conjunción «o» contenida en el artículo» (5).

En consecuencia, si el daño resulta de un vicio del robot, se podrá demandar, sea por la figura de dueño o guardián, tanto al establecimiento sanitario como al médico cirujano, los que responderán concurrentemente conforme a las reglas del art. 850 al art. 852 del CCivCom.

IV. OTROS CONSIDERANDOS

Es pertinente destacar que, a la inversa de las cirugías endoscópicas que consiste en una variedad de instrumentos, consola de video, etc., es decir equipos móviles que se pueden entrar y sacar del quirófano, los robots quirúrgicos por sus apreciables dimensiones, exigen un quirófano especialmente dedicado, lo cual implica acondicionar en muchos aspectos, una sala especial.

Ello se suma a los gastos básicos que se deben efectuar, como el costo del robot que, en general, supera largamente el millón de dólares.Debe añadirse una capacitación especial que, tratándose de habilidades motrices, no se adquieren leyendo un folleto o asistiendo a un «work-shop» o a un seminario. Claro está que para quien domina la cirugía endoscópica, la transición es más leve, pero se deben superar ciertos obstáculos propios del diseño de cada fabricante.

Llegados a este punto, los fabricantes de robots también usan nombres «de fantasía». No es de extrañar que el más conocido sea el robot quirúrgico «Da Vinci», epónimo que evoca a la genialidad del maestro florentino, al cual, por el mero transcurrir del tiempo no se le ha debido pagar ningún «royalty» por el uso de su ilustre apellido.

En suma, si bien los robots quirúrgicos no deben ser asociados a los robots mecánicos, por las razones antes explicadas, sí deben asociarse al importante capital que representa su compra e instalación y frecuentemente a los costos para los pacientes, pues la asociación entre costos y calidad superior es una ecuación indestructible desde los albores de la humanidad.

V. SATISFACCIÓN DE LOS PACIENTES

Como sucede con cualquier método que es presentado y difundido como un paso más delante de lo conocido, la aceptación de los pacientes es alta, aunque no total ni absoluta.

La aceptación del método se refleja en las estadísticas de uso. En el año 2012, se efectuaron más de 400.000 intervenciones usando el robot Da Vinci (esperamos que usted, estimado lector, ya no crea tanto en el término «robot» y que lo acepte filosóficamente como una licencia idiomática).

Como cualquier cirugía, no se pueden garantizar resultados y la fragilidad humana también registra muertes intra- y posoperatorias y algunos otros inconvenientes propios de la cirugía endoscópica, y también quemaduras originadas por robots «defectuosos».

Todo ello, llegado el caso, termina en los estrados judiciales, con demandas dinerarias cuyo monto deja atrás todo lo conocido en las esferas judiciales de los EE.UU., famosas por montos demandados y arreglos extrajudiciales inimaginables para nuestras latitudes, propias de aquel sistema judicial.

A título de ejemplo, una señora a la que se le practicó una cirugía para extraerle su útero fibromatoso, reclamó una indemnización de 300 millones de dólares (50 millones por daño material) y 250 millones por presuntos daños a su sexualidad, paz y armonía emocional, etcétera.

Sin duda que hay casos que demandan menos y otros más…, pero las cifras son realmente encandilantes.

Para mediados de 2013, había algo más de 25 acciones legales en contra de Intuitive Surgical, la empresa fabricante del robot Da Vinci que logró su aprobación por la FDA en el año 2000.

Como siempre sucede, los demandados son tanto los cirujanos como los fabricantes del robot, a quienes se les endilgan todo tipo de fallas.

Los americanos del norte tienen un largo historial en materia de reclamos a fabricantes por presuntos daños causados por sus productos. De modo tal que no debe causar ningún asombro que haya plétora de estudios de abogados, promocionando los juicios enancados en estos aparatos y exhibiendo montos reclamados, impensables para nosotros.

VI. CASOS MORTALES

Si se recuerda que la cirugía robótica es esencialmente un refinamiento de la cirugía endoscópica, uno no se sorprende que haya casos fatales ni debe suponer que el «genio» ha fallado.

En las causas en las que se invoquen defectos en la técnica del cirujano, será este quien deba colaborar con la carga dinámica de las pruebas, hecho que suele facilitarse cuando la cirugía es filmada, como sucede habitualmente.

Si se invocan otras razones (particularmente las anestésicas), la prueba se encaminará por el carril correspondiente.

VII. LA CAPACITACIÓN INSUFICIENTE DEL CIRUJANO

En ocasiones, se ha centrado el litigio en que el efecto adverso se debe a la insuficiente preparación del cirujano. Al respecto, el protocolo de entrenamiento del «Da Vinci» establece que un cirujano puede operar solo dicho robot cuando ha efectuado 200 cirugías.Al parecer, las necesidades por recuperar rápidamente la inversión del capital efectuado han impulsado, en ciertos casos, usos «prematuros» con escasa preparación adecuada.

VIII. FALLAS DE COMPONENTES

La FDA -el organismo norteamericano que supervisa la aprobación, continuidad y retiro de todos los elementos aplicables a la salud humana- ha tomado nota que el fabricante del robot Da Vinci ha ordenado repetidas veces el reemplazo de ciertas partes que fueron instaladas sin el debido control.

El hecho produce dos efectos de sentido contrario, pues si bien se aprecia el celo y honestidad de la empresa en admitir defectos de fabricación, simultáneamente d a lugar a reclamos basados precisamente en que los equipos son liberados al comercio con defectos, los que seguramente son los causantes de los daños alegados.

IX. EVENTUALIDAD LITIGIOSA EN NUESTROS TRIBUNALES

Si se diera la eventualidad de litigar en nuestro medio, es previsible que se presenten algunas dificultades:

1. Las derivadas del propio paciente, ya que generalmente el método es preferentemente utilizado para sacar tumores. En esta hipótesis, el paciente ya es un inmunodeprimido, generalmente ya ha sido operado con métodos más convencionales, etc. En pocas palabras, el paciente es un «paciente de riesgo», y los resultados pueden no ser los esperados.

Esta condición preexistente en el paciente sitúa la cuestión en torno a la relación de causalidad y a la dificultad de que el daño obedezca con exclusividad o no al obrar del médico, lo que podrá en algunos casos, actuar como una concausa del daño.

2. Llegados a mencionar «el resultado» o «primum movens» de muchos litigios, se debe recordar que al cirujano que manipula el robot quirúrgico, por su similitud con cualquier otro cirujano endoscopista, su obligación será de medios, sin que el «robot» pueda modificar este encuadramiento por todas las razones anteriormente explicitadas.

3. Si se busca centrar el litigio en las deficiencias del aparato, es altamente posible que en nuestro medio estemos en problemas, a pesar del claro encuadre normativo ya descripto, por las siguientes razones:

A.No es un aparato que el perito pueda llevarse a su laboratorio para estudiarlo y analizarlo, lo que torna harto dificultosa una pericia al respecto.

B. Es altamente imposible que alguien olvide el costo de este aparato y tenga la gentileza de permitir que el perito se acerque para efectuar «algunas mediciones».

C. Los fabricantes de estos dispositivos suelen tener especificaciones mecánicas y eléctricas sumamente cuidadas y reservadas para sus propios services que hacen el mantenimiento por vía satelital con instrucciones precisas. Esta metodología permite incluso efectuar testeos electromecánicos a distancia, de modo que el fabricante sabe exactamente si una parte del circuito se ha dañado y si, eventualmente, ha sido reparado o no. En otros términos, el «verdadero» técnico de estos equipos está a miles de kilómetros y el «humano» visible es solo una extensión necesaria del primero. Esta situación fuerza la conclusión casi irrebatible de que quienes están en superiores condiciones técnicas para evaluar la idoneidad del robot, es su propio fabricante, lo que impide un análisis objetivo e imparcial.

D. El comportamiento de una parte del equipo puede ser diferente «en vacío» y en un acto quirúrgico real.

X. REPARTIENDO POPULARIDAD

Ya hemos mencionado que la cirugía laparoscópica creció merced al impulso recibido por miles y miles de mujeres, quienes por causa de fibromas uterinos o colecistectomías, debieron ser operadas, pero simultáneamente se beneficiaron con las cicatrices mínimas y posoperatorios más breves y confortables.La cirugía robótica parece haber sido impulsada por el género masculino en las ablaciones prostáticas y otros tumores del área, vejiga especialmente; aunque debe desterrarse la idea de que estas cirugías sean exclusivas de este dispositivo quirúrgico o que el campo de acción de estos «robots quirúrgico» está circunscripto a esta área.

Diversas razones de practicidad y frecuencia extienden progresivamente la utilización de este método y, seguramente en los años venideros, será más habitual encontrarlo en todo tipo de cirugías.

Mientras tanto, la popularidad de la cirugía artroscópica de la rodilla y el hombro, particularmente en los deportes de contacto, sigue firme sin ceder terreno.

Como decían las abuelas, «un poco a cada uno no hace mal a ninguno».

XI. PREGUNTA TARDÍA

¿Cómo se saca un gran tumor por un pequeño orificio? Si usted se lo preguntó antes y no encontró la respuesta, acá se la damos: primero se individualiza y se aísla dicho tumor. Luego, se introduce una bolsita flexible de polietileno esterilizada dentro de la cavidad donde se halle el tumor. Luego se fragmenta el tumor dentro de esta bolsita hasta que finalmente se retiran todos los fragmentos por el orificio adecuado y seguidamente se retira la bolsita.

Todo lo cual nos enseña que hasta la tecnología más moderna no puede prescindir de trucos milenarios.

XII. CONCLUSIONES

Se ha calculado que, hasta el año 2014, existen cerca de 2000 sistemas robóticos instalados en el mundo que realizan unas 350.000 cirugías al año (6). Siendo que hay un constante crecimiento de estos dispositivos, cabe concluir que los «robots quirúrgicos» han venido para quedarse… hasta que sean reemplazados por una nueva tecnología.

Seguramente, por las razones antes apuntadas, seguirá habiendo un cirujano responsable, pacientes disconformes… y seguirá habiendo litigios.

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(1) cfr.GARCÍA MICÓ, Tomás G.: Litigación asociada a la cirugía robótica con el Da Vinci, InDret, octubre de 2014.

(2) En el manejo instrumental «indirecto», el cirujano es quien manipula el instrumental, aunque lo hace en forma diferente a la común y corriente, conservando el control del instrumental en lo que se refiere a la acción y a la extensión. En el manejo «a distancia» el cirujano depende de múltiples mecanismos sincronizados para lograr esta finalidad.

(3) MORENO PORTILLO, M. y col.: «Cirugía robótica», en Gaceta Médica de México, 2014; 150 Suppl 3.

(4) MORENO PORTILLO, M. y col.: op. cit.

(5) PIZARRO, Ramón D., y VALLESPINOS, Carlos G.: Instituciones de Derecho Privado. Obligaciones, t. 4. S. l., Hammurabi, 1.a ed., 2008, p. 562.

(6) KEMELMAJER DE CARLUCCI M. R., en BELLUSCIO (dir.) y ZANNONI (coord.): Código Civil. Comentado, anotado y concordado cit., 1994, t. V, p. 471, N.° 13 g. cit. por LORENZETTI, Ricardo Luis: Código Civil y Comercial de la Nación Comentado, Rubinzal Culzoni, 1.a ed., 2015, t. 8, p. 593.

(*) Abogado, UNR. Profesor de Derecho Civil II y de Teoría de la Reparación, de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL). Jefe de Departamento Dictámenes de la Dir. Gral. de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe. Su correo electrónico es juanmabourdieu@gmail.com.

(**) Médico, UNR. Fue perito de los Tribunales Provinciales de Rosario. Es asesor médico del Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe. Su correo electrónico es cmblejer@gmail.com.