Daño moral por la falta de reconocimiento de un hijo extramatrimonial

Partes: B. L. A. c/ B. R. A. s/ daño moral

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil

Sala/Juzgado: D

Fecha: 17-oct-2016

Cita: MJ-JU-M-102350-AR | MJJ102350 | MJJ102350

Sumario:
1.-Debe confirmarse la admisión del resarcimiento solicitado por el actor ante el daño sufrido por la falta de reconocimiento de la paternidad en que incurrió el demandado, ya que la demanda de filiación fue admitida y está acreditado que fehacientemente el demandado supo que aquel podía ser su hijo y nada hizo al respecto.

2.-El no reconocimiento espontáneo del padre produce menoscabo moral al hijo lesionando un interés extrapatrimonial, al desconocerle su estado de familia que constituye un atributo de la personalidad.

3.-El demandado resulta civilmente responsable al haberse sustraído al deber jurídico de reconocer a su descendencia, siendo que luego de ser demandado por filiación solo contribuyo? a someterse a un análisis de ADN, el cual despejo? todas las dudas que razonablemente podría haber albergado respecto a la verdadera filiación del actor, más debió? dictarse sentencia declarando la filiación en tanto no existió de su parte un reconocimiento de su paternidad siquiera en esa instancia.

Fallo:

En Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los días del mes de octubre de dos mil dieciséis, reunidos en Acuerdo los señores jueces de la Excma. Cámara Nacional de la Apelaciones en lo Civil, Sala “D”, para conocer en los recursos interpuestos en los autos caratulados “B, L A c/ B, R A s/ Daño moral”, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver: ¿Es ajustada a derecho la sentencia apelada?

Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente orden: señores jueces de Cámara doctores Patricia Barbieri, Osvaldo Onofre Álvarez y Ana María Brilla de Serrat. A la cuestión propuesta la doctora Patricia Barbieri, dijo: I) Se demanda en autos por indemnización de daño moral originado por la falta de reconocimiento de la paternidad, acción que promueve la Srta. L A B, que a la fecha de la presente tiene 32 años de edad. II) Señala que su madre conoció al demandado en un viaje en tren de Buenos Aires a Junín y a partir de ahí comenzaron a frecuentarse hasta que su madre se mudó a la Ciudad de Pinamar. Al poco tiempo de mudarse, se enteró que estaba embarazada y lo llamó por teléfono para contarle la noticia, respondiendo el actor con desinterés. Su madre continuó con el embarazo hasta que el 8 de noviembre de 1985 nació la actora en la Ciudad de Mar del Plata. Relata que en varias oportunidades, su mamá y sus abuelos llamaron a al Sr. B para que conozca a su hija, pero nunca lo hizo. Asevera que el demandado conocía la existencia de su nacimiento y a pesar de los constantes llamados, jamás decidió reconocer a la dicente pese a que era su obligación legal. Agrega que aproximadamente a sus 15 años averiguó donde iba a estar su padre y, junto a su madre, se acercó al Club Hípico de Mar del Plata para verlo.Cuenta que lo encontraron en un concurso de equitación y cuando les preguntó quienes eran, ambas le dijeron que L era su hija, no consiguiendo con ello ninguna respuesta. Agrega que hace muchos años vive con la angustia de haber sido rechazada por su padre, siendo muy difícil crecer con el karma de ser hija de madre soltera y deseando conocer a su familia paterna, en especial a su hermana. Señala que a raíz de ello, inició la acción de filiación cuya sentencia declaró que es la hija biológica del demandado, con un estudio de ADN del 99,99% de compatibilidad, pronunciamiento confirmado, produciendo un dispendio temporal que dañó -aún más- moralmente a la actora. En definitiva, solicita se lo condene a indemnizar el daño moral provocado a la suscripta durante todos los años de destrato, de no tener el apellido paterno, de privaciones materiales, en definitiva, de haberla herido en sus justas susceptibilidades durante 28 años.

III) El demandado contesta la presente acción negando los hechos invocados por la actora pero reconociendo el aludido viaje en tren donde cuenta que conoció a una mujer de nombre V con la que dos semanas después salieron al cine, a cenar, con la que tuvo una única relación sexual para luego no verla más por muchos años. Añade que jamás lo contactaron, ni la mujer ni sus padres, para darle la supuesta noticia de que tenía una hija. Agrega que años después en el Club Hípico de Mar del Plata se apersonaron una mujer y una niña quienes pidieron verlo y le anoticiaron que la menor era su descendiente. En esas circunstancias y tras el shock, les ofreció? realizarse la prueba de ADN, cuestión a la que la madre se negó?. Jamás volvió a verlas hasta que a finales del 2010 recibió un llamado de L y se juntaron en un café de Montevideo y Santa Fe.Allí le contó su historia -que dista de la relatada por su madre- y le ofreció hacerse un ADN pero luego averiguó que estos estudios solo se hacen por orden judicial. Dentro del marco del expediente, producido el estudio genético, se declaro la filiación, habiendo el dicente colaborado procesalmente, acatando la sentencia dictada. Alude que con posterioridad al fallo, intentó forjar una relación de conocimiento y amor con su hija más su actitud fue hostil desde el comienzo. Concluye que la situación es preocupante y muy dolorosa pues también contuvo agresiones hacia su persona y una denuncia contra su esposa.

IV) La sentencia dictada a fs. 133/7 admitió la demanda entablada, condenando a R A B a abonar a L A B en concepto de daño moral la suma de $200.000, con más los intereses y las costas. El señor juez de grado tuvo por acreditados los extremos invocados por la actora, con la consiguiente obligación del demandado de reparar el daño moral por falta de reconocimiento espontánea de su paternidad y valorando asimismo tanto la pericia psicológica realizada en autos como su actuación en el proceso de filiación.

V) Contra dicho pronunciamiento se alza el demandado. Sostiene que el fallo es incongruente y arbitrario, cuestionando asimismo el monto de la condena. Agrega que de la pericia citada surge que Ludmila ha sufrido enormes padecimientos a causa de su relación con su familia materna y pese a ello, este aspecto no fue valorado por el “a quo”. Pide se haga lugar a sus quejas y se reduzca el monto concedido en primera instancia.

VI) Analizaré el presente caso teniendo en cuenta que nuestro más Alto Tribunal ha decidido que los jueces no están obligados a seguir todas y cada una de las argumentaciones de las partes, sino tan sólo aquéllas que sean conducentes y posean relevancia para decidir el caso (CSJN, Fallos:258:304; 262:222; 265:301 y doctr. de los arts.364 y 386 del CPCCN). a) Surge de los autos caratulados “R L A c/ B R A s/ Filiación” expte. n° 110.572/2010 que la sentencia que se encuentra firme, ha declarado al demandado padre biológico de la actora (v. fs. 65/6) teniendo como prueba basal el informe del Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de Universidad de Buenos Aires (fs.23/6) del que se desprende que R A B presenta una probabilidad de Paternidad de 99, 999 % con respecto a L A R.- De las constancias objetivas de esta causa se observa que quedó cabalmente acreditado que la madre de la reclamante efectivamente anotició al demandado de la existencia de una hija, por lo menos desde la época en que él mismo reconoce haberlas visto en el Club Hípico Mar del Plata. Y si bien ninguna de las partes informa exactamente la fecha de tal encuentro, de las manifestaciones del padre en su contestación de demanda surge que L en ese tiempo era bastante menor pues refiere “.encontrándome en el Club Hípico Mar del Plata como jurado de una prueba hípica, se apersonaron una señora y una niña y pidieron verme.Lógicamente quedé en virtual estado de shock. Al reponerme le pedí a V hablar a solas, cosa a la que se negó. Con las limitaciones que aconsejaba el diálogo frente a una menor, le pregunté utilizando el lenguaje más sutil posible como estaba segura de que yo fuera el padre de esa niña.” (v.fs.21 y vta.). Es decir, que fehacientemente el demandado supo que esa niña podía ser su hija y sin embargo nada hizo. Digo esto pues es sabido que existe culpa si se prueba que hubo falta de reconocimiento, pues no se puede ignorar lo que el mismo alegó en su defensa, a esa fecha, sabia de la existencia de una hija.A más de ello, también cuenta en su escrito sobre un encuentro con L sobre finales de 2010 en donde le comunicó que era su padre, motivo por el cual la invitó a tomar un café, pero nada más que eso. Así las cosas, la demanda de filiación se inició dos años después, evidentemente, ante la falta de colaboración del demandado en asumir sus obligaciones. No puedo dejar de mencionar que pese a que el estudio genético resultó prueba suficiente para descartar cualquier duda, B apeló la sentencia (v.fs.70) en abril del 2012, para que luego este Tribunal -en antigua composición- declarara desierto el recurso por falta de interposición de agravios. Esta maniobra a todas luces fue dilatoria del proceso, demostrando así -una vez más- su actitud defensiva con relación a su paternidad. Súmese a ello, la testigo ofrecida por la parte actora a fs. 51, L M -amiga de la accionante- quien señaló, entre otras cosas, que desde los 16 años hasta su declaración, el padre nunca aceptó a L, provocando que anímicamente esté muy mal, porque pese a que buscó el contacto con él y con su media hermana, siempre fue rechazada. Las Sras. M C (fs. 67) y C A (fs. 68), testigos ofrecidas por el demandado dan cuenta del conocimiento del demandado de una hija extramatrimonial tiempo antes del inicio de la demanda de filiación, inclusive del intento de integrarla a la familia que ya tenía constituida con su esposa e hija, lo que me persuade de pensar que evidentemente no estaba en los planes de B reconocerla, pues de ser así habrían presentado los trámites de filiación en forma conjunta y voluntaria, y mucho menos hubiera apelado el fallo que lo declara padre de la actora.Asimismo, cabe precisar que los principios que rigen el grado de convicción a que llega el sentenciante, luego de evaluar las pruebas arrimadas a la causa, no apuntan a la certeza absoluta, sino que ha de buscarse la certeza moral, refiriéndose con este concepto al estado de ánimo del juez en virtud del cual aprecia, ya no con grado de

seguridad total, sino de convincente probabilidad, su acercamiento a la verdad. El juzgador puede inclinarse a favor de unos elementos y descartar otros sin que sea necesario expresar la valoración de todas las probanzas, sino únicamente de las que resulten necesarias para el fallo (SCBA, Ac. 44.933, 13/VII/91). Es decir, no hay obligación de referirse en detalle a cada una de las pruebas, bastando que el juez indique las esenciales sobre las que descansan sus conclusiones (SCBA, Ac. y Sent., 1986-III-575). Además es necesario dejar sentado que, la apreciación de la prueba consiste en un criterio lógico-valorativo, que en el ordenamiento argentino responde al principio de la sana critica (art. 386 CPCCN). En definitiva, entiendo que la parte actora logró acreditar la negativa del demandado a asumir su p aternidad, por lo menos desde ese encuentro en Mar del Plata cuando aún era una niña. En este orden de ideas, no tengo dudas acercas de la procedencia del daño moral en el caso en estudio. Es que el no reconocimiento espontáneo del padre produce menoscabo moral al hijo lesionando un interés extrapatrimonial, al desconocerle su estado de familia que, como se sabe, constituye un atributo de la personalidad. El daño moral es aquel que afecta principalmente los derechos y atributos de la personalidad, de carácter extrapatrimonial, y su reparación tiene por objeto indemnizar el quebranto que supone la privación o disminución de aquellos bienes que tienen un valor fundamental en la vida del hombre y que son: la paz, la tranquilidad de espíritu, la libertad individual, la integridad física, el honor y los mas sagrados afectos.No requiere prueba específica en cuanto ha de tenérselo por demostrado por el solo hecho de la acción antijurídica (art. 1078 del C.C. Y su doctrina; SCBA 13/6/89, “Miguez Rubén y otro c. Comarca S.A. y otro” -L 40.790- El Derecho T° 136 pág. 526). Es que al no requerir prueba específica alguna, ha de tenérselo por demostrado por el solo hecho de la acción antijurídica -daño in re ipsa- correspondiendo al responsable del hecho dañoso acreditar la existencia de una situación objetiva que excluya la posibilidad de dicho daño. Es el demandado quien resulta civilmente responsable al sustraerse al deber jurídico de reconocer a su descendencia, ya que luego de ser demandado judicialmente, solo contribuyó a someterse a un análisis de ADN, el cual despejó todas las dudas que razonablemente podría haber albergado respecto a la verdadera filiación de la actora, más debió dictarse sentencia declarando la filiación, pues, insisto no obró de su parte reconocimiento de su paternidad siquiera en esa instancia. Siendo el agravio moral la consecuencia necesaria e ineludible de la violación de los derechos de la personalidad, la acreditación de dicha transgresión, importa al mismo tiempo la prueba de la existencia del daño (conf. Brebbia “El daño moral en las relaciones de familia” en Derecho de Familia, homenaje a Méndez Costa). La Corte Suprema de Justicia de la Nación, ha impuesto la doctrina que establece que el daño moral tiene carácter resarcitorio el que surge de textos legales expresos (arts. 522 y 1078 del Cód. Civil vigente a la fecha de esta demanda), no teniendo que guardar relación con el daño material, pues no se trata de un daño accesorio a este (“Forni, Francisco y otros c.Ferrocarriles Argentinos s/ Indemnización de Daños y Perjuicios” F 439.XXI, setiembre 7 de 1989). No puede dejar de considerarse que la reparación del agravio moral corresponde no sólo por lo dispuesto por los citados artículos del Código Civil, sino también por lo establecido en la Constitución Nacional al jerarquizar los tratados como el Pacto de San José de Costa Rica (art. 11). En consecuencia, corresponde valorar el daño que pudo haber sufrido la joven L, por no haber sido considerada, en el ámbito de las relaciones humanas, hija de su progenitor, en razón de la omisión en que éste incurrió al no reconocerla, desde el primer encuentro que tuvieran en la Ciudad de Mar del Plata señalado “ut supra”. Siendo entonces que es doctrina incuestionable que la reparación del daño moral tiene naturaleza resarcitoria, ninguna importancia tiene determinar si la actitud del demandado puede calificarse de dolosa o culposa desde que debe atenderse a la relación de causalidad más que a la culpabilidad (Belluscio-Zannoni, “Código Civil Comentado”, t. 5, p. 113). Por último y tocante a las quejas puntuales del demandado con relación a la valoración de la pericia psicológica producida en autos, más allá de que -como toda adolescente- pudo haber tenido problemas mayores o menores con su entorno materno familiar, coincido plenamente con el sentenciante de que es acertado valorar el porcentaje de incapacidad psicológica informado por la perito (v.fs.72/83) pues como allí lo explica, el abandono y desconocimiento que sufrió por parte de su padre pudo haberle causado un estado de angustia considerable, circunstancia por la que le asigna un 30% de incapacidad psíquica de la total vida.Precisado así el entorno en que se desarrollaron los hechos es que debe reconocerse el daño moral en este caso y en cuanto al monto considero que la suma fijada en la sentencia recurrida es ajustada a derecho, por lo que en este aspecto propongo su confirmación, rechazando las quejas del demandado.-

VII) Con respecto a las costas, atento el resultado de los agravios formulados, considero razonable imponerlas a la parte demandada vencida (art. 68 CPCC).-

VIII) Por todo lo expuesto, y si mis distinguidos colegas compartieran mi opinión, propicio al Acuerdo confirmar la sentencia recurrida, rechazando los agravios interpuestos por el demandado, con costas al vencido. Diferir la regulación de los honorarios de los profesionales intervinientes hasta tanto sean fijados los de primera instancia.-

Así mi voto.-

Los señores jueces de Cámara doctores Osvaldo Onofre Álvarez y Ana María R. Brilla de Serrat, por análogas razones a las aducidas por la señora juez de Cámara doctora Patricia Barbieri, votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta. Con lo que terminó el acto.

PATRICIA BARBIERI- OSVALDO ONOFRE ALVAREZ – ANA MARIA BRILLA DE SERRAT.

Este Acuerdo obra en las páginas n° n° del Libro de Acuerdos de la Sala “D”, de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Buenos Aires, de octubre de 2016.

Por lo que resulta de la votación que instruye el Acuerdo que antecede, SE RESUELVE: Confirmar la sentencia recurrida, rechazando los agravios interpuestos por el demandado, con costas al vencido. Diferir la regulación de los honorarios de los profesionales intervinientes hasta tanto sean fijados los de primera instancia.- Se deja constancia que la publicación de la presente sentencia se encuentra sometida a lo dispuesto por el art. 164, 2° párrafo del Código Procesal y art. 64 del Reglamento para la Justicia Nacional. Notifíquese por Secretaría y devuélvase.

Patricia Barbieri

Ana María Brilla de Serrat

Osvaldo Onofre Alvarez