El ZIKA y la emergencia mundial. Entre la alarma, la realidad de la epidemia y el negocio.

 

160128185001-zika-mutant-male-mosquitos-mclaughlin-pkg-00020830-large-169Fecha: 22-jun-2016

Cita: MJ-MJN-93336-AR

Por el Dr. Sergio Horis Del Prete (*)

La OMS ha declarado que el virus Zika supone una emergencia mundial, por lo ocurrido en Brasil con las microcefalias. Este dato fue suficiente para declarar alerta sanitaria. Veamos. Un reciente estudio retrospectivo efectuado sobre la epidemia ocurrida en la Polinesia francesa en 2013, encontró relación directa aparente entre esta enfermedad y un cierto número de casos de síndrome de Guillain -Barré. Se pudo demostrar también que el riesgo de microcefalia asociada al virus era de 95 casos por cada 10.000 mujeres infectadas durante el primer trimestre de embarazo. Esto infiere un riesgo de 1 en 100. Respecto de la cepa que dio lugar a la epidemia en Brasil, México, Colombia y Centroamérica, una investigación publicada en The Lancet señaló que el Zika americano no pertenece al linaje africano (de donde es originario), sino al asiático, de mucha más reciente aparición. De hecho, el análisis de su genoma muestra ser homologable en el 99,7% con la cepa responsable del brote de Polinesia en 2013.

¿Qué ocurrió realmente en Brasil? A fin de establecer un reaseguro al inicio de la epidemia, cuando ciertas áreas geográficas del noroeste afectadas por el virus Zika registraban un aumento en la incidencia de microcefalia por sobre la media normal (150 casos/año), el gobierno solicitó a los funcionarios de salud reportar todo caso de recién nacido con perímetro cefálico menor a 33 centímetros. Posteriormente, al considerar muchos resultados como falsos positivos, en diciembre de 2015 y al advertir que la mayoría de estos niños eran de hecho sanos y normales, el umbral se redujo a 32 centímetros. Incluso el límite era pasible de ser reducido aún más, hasta 31.9 centímetros en los varones y 31.5 centímetros en las niñas.

La cuestión es que, sobre 6.158 casos sospechosos de microcefalia informados por el Ministerio de Salud hasta el 9 de marzo, se estudiaron específicamente 3.670. De estos, sólo 746 se confirmaron, de los cuales 17 habrían tenido relación comprobada con el virus Zika.

El gobierno brasileño debió admitir que una medida de perímetro cefálico excesivamente generosa fue la causa de reportes infinitamente exagerados. ¿Y las posibles lesiones neurológicas? Aún se espera encontrar la relación causa/efecto.

Frente a este escenario «opaco», la OMS afirmó rápidamente que se necesitaba brindar «una respuesta internacional coordinada para mejorar la vigilancia y la detección de las infecciones, las malformaciones congénitas y las complicaciones neurológicas, para intensificar el control de los mosquitos, y para acelerar el desarrollo de pruebas diagnósticas y de vacunas que protejan a las personas en riesgo, especialmente durante el embarazo».

Como ya lo hiciera ante las críticas que tuvo que soportar por el manejo de la Gripe A H1N1 y el Ébola, la OMS repite hablar sobre test serológicos y vacunas -un gran negocio para los laboratorios- pero muy poco sobre las verdaderas causas de estas Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV). Según sus anuncios, los ensayos clínicos a gran escala para encontrar una vacuna contra el virus Zika recién comenzarían a fines de 2016, en que podría haber Fase III a gran escala. Ya se han identificado al NHI de EE. UU. y a quince compañías trabajando en su desarrollo, algunas superando la Fase I. Además, informó que pronto estarían disponibles nuevas pruebas diagnósticas. Hay ya diez compañías biotecnológicas en condiciones de proveer los test, y otras diez en distintas fases de I+D. Ni vacuna ni test cuentan todavía con la debida patente ni han sido autorizados por entidad reguladora alguna. Pregunta: frente a tanta urgencia ¿alguien sabe qué paso con la vacuna contra el Ébola? Algo similar podría pasar con la del Zika, de no confirmarse su neurotropismo.

Conviene efectuar una consideración respecto de estas epidemias, con amenaza de pandemia. El Zika, descubierto por un científico de la Fundación Rockefeller en monos de la selva ugandesa en 1947, ya había demostrado su potencialidad de afectar al humano desde los años 90 en África y Asia. No mata, a diferencia del Dengue. El problema es que al igual que el Ébola, originario del África profunda y reaparecido en 2015 en el África Occidental (Guinea, Liberia y Sierra Leona), podría llegar a los países desarrollados por vía aérea (avión o mosquitos). Y éste parece ser el verdadero fantasma.

El Aedes aegypti se encuentra hoy en regiones del mundo donde estaba totalmente erradicado desde la década del 70. Sin duda que el calentamiento global ha creado mejores condiciones para su reproducción y dispersión, con lo cual hay más peligro de expansión de enfermedades por arbovirus que hace más de cuarenta años atrás. Otro ejemplo. Siempre se sostuvo que a este mosquito le resultaba virtualmente imposible reproducirse a alturas mayores a los 1.800 metros sobre el nivel del mar. Hoy lo hace a más de 2.200 metros. Más población a incluir dentro de los grupos de riesgo.

Está claro que el cambio climático no es algo natural, sino que está asociado con el modelo de producción contemporáneo, altamente contaminante. Y también con la deforestación de extensas áreas de la Amazonia. Así, los condicionantes para la aparición, mantenimiento y expansión de las Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV) se han vuelto ideales. Ahora bien. También hay variables del lado de la población. No todas las personas se enferman por igual. La incidencia de Zika y de las ETV varía mucho entre subpoblaciones, existiendo mayor riesgo para aquellas que se concentran en áreas más pobres o con peores condiciones de vida. Carecer de agua corriente -que obligue a recolectarla y guardarla en tarros abiertos- tener una pésima recolección de desechos donde pueda juntarse agua de lluvia y reproducirse las larvas, contar con malas condiciones de vivienda, de educación precaria y lo más importante, la virtual desaparición de los programas de salud pública y de atención primaria son determinantes precisos de riesgo de estas y otras patologías infectocontagiosas.

Brasil es tal vez el país donde mejor se ha expuesto la distribución desigual de esta enfermedad. Y es posible identificar idéntica correlación en todos los países afectados de América latina y el Caribe. Y si hábitat y hábitos del mosquito Aedes parecen haber cambiado, también se imponen reflexiones más profundas que apelar al individuo como sujeto activo de la prevención (descacharrado, mosquiteros y repelente mediante), o a la vacuna como panacea. No basta entonces con las medidas de autocuidado que proponen las autoridades sanitarias para afrontar un asunto de tanta complejidad como es el avance de las ETV. Se necesita una respuesta coordinada entre el Estado, el sistema de salud y la sociedad. En esta tríada, el problema más serio es cierta desidia con la salud pública.

La tendencia observada en el sector salud latinoamericano, salvo honrosas excepciones, ha sido el debilitamiento cada vez mayor de la capacidad de respuesta efectiva del Estado y la sociedad frente a un problema como las ETV, al privilegiarse el modelo de atención a la persona enferma. Un acelerado proceso de descentralización de responsabilidades ocurrido en los 90 afectó el manejo eficaz de programas de control de estas enfermedades. Las acciones se han trasladado al nivel municipal, el que muchas veces no reúne o no dispone de las condiciones técnicas ni financieras ideales para mantenerlas y mejorarlas. Por otra parte, se da en salud una fantástica combinación entre Estado y mercado. El Estado cubre como puede las cuestiones de promoción y prevención, y el mercado sanitario privilegia y regula las demandas de atención de la población, incluso de la que vive en áreas con peores condiciones sociosanitarias y donde proliferan el Zika, el Dengue y el Chikungunya.

Simplemente vale el ejercicio de responder a esta simple pregunta. ¿Pueden las instituciones de salud pública municipales detectar y controlar los criaderos de Aedes, fumigar las veces que sea necesario, realizar el seguimiento de casos sospechosos y confirmados, bloquear los espacios geográficos afectados, educar a la comunidad y al mismo tiempo elaborar un programa participativo de prevención domiciliaria (léase descacharrado) sometiendo a esos mismos objetos a su desaparición definitiva? No resulta demasiado creíble.

Bajo estas condiciones resulta al menos insuficiente que luego de más de una década, en la mayoría de los países de América Latina, la autoridad sanitaria que corresponda sostenga «recomendaciones» dirigidas al comportamiento individual. Este enfoque individualista de la prevención para nada puede ocultar las limitaciones estructurales del sistema de salud en sus distintas jurisdicciones, como tampoco las de la salud pública y más aún la de los determinantes en el ámbito territorial. Enfrentar esta y las próximas epidemias que van a surgir no es un asunto de voluntades. Ciertamente, la prevención individual puede ayudar. Pero resulta marginal si no se actúa contra las causales profundas de un problema también demasiado profundo. Pareciera que avanzamos en la dirección equivocada sin ver lo que la realidad se empeña en demostrar. El Zika expone las enormes debilidades políticas y operativas que poseen los sistemas de salud latinoamericanos, pero también la larga sombra de la pobreza estructural, sus causas y -lo peor de todo- sus consecuencias.

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(*) Profesor Titular – Cátedra de Análisis de Mercado de Salud – Magister en Economía y Gestión de la Salud – Fundación ISALUD.

N. de la R.: Artículo publicado en la revista Médicos N.° 92 (mayo de 2016).