Sin agua, no hay vida posible.

ambientalFecha: 31-mar-2016

Cita: MJ-MJN-91882-AR

Por Roberto F. Bertossi (*)

Cada 22 de marzo a nivel internacional, como cada 31 del mismo mes en nuestro ámbito nacional, celebramos el día del agua, con el propósito de despertar una conciencia racional sobre la enorme importancia del uso y aprovechamiento sustentables de los recursos hídricos globales.

Lamentablemente, podemos afirmar que dichos propósitos de las resoluciones respectivas tanto de la ONU como de Argentina, han fracasado rotunda y estrepitosamente. El fracaso argentino se transfigura e incrementa dado que los «esfuerzos constitucionales» plasmados en los nuevos derechos y garantías proclamados por la reforma magna del año 1994 (especialmente en los arts. 41 , 42 , 43 y cc. de la Constitución Nacional vigente) han sido vanos, como por caso así lo acredita el parejo desaire colectivo público y privado a la educación para el consumo; asignatura pendiente proclamada imperativamente en el segundo párrafo del art. 42, aludido.

Destaquemos también que el agua es un recurso renovable pero limitadamente, frágil y vulnerable. Solo el 3% de agua del mundo es dulce, es decir, apta para el consumo humano.

El agua germina, fecunda y sostiene «vida»; vida celular y microbiana de la tierra, vida vegetal de los cultivos, vida animal del ganado y nada menos que la propia ¡vida humana!

Las recurrentes crisis hídricas con sus derivados y derivaciones de inconmensurables padecimientos humanos, animales, vegetales y forestales, nos ofrecen la oportunidad para pensar y repensar que el agua es esencial para la vida humana y los ecosistemas. Su espantosa escasez nos obliga a cambiar los hábitos de vida, usos y consumos, todo lo cual se podrá visualizar solo y recién cuando se constaten conductas hídricas socialmente responsables y duraderas en todo lo atingente al recurso natural vital en cuestión.

La ONU advierte que el planeta enfrentará en 2030, un déficit de agua de hasta el 40% a menos que su gestión sea contundentemente mejorada.

Concomitantemente, siendo el acceso personal al agua potable un derecho humano universal, este se ha mercantilizado de manera vil e inhumana.

Reluce entonces como de la mayor responsabilidad pública estatal, desmercantilizar, cuidar, recuperar, desalinizar, potabilizar y acopiar stock de recursos hídricos (v. gr., de las lluvias e inundaciones), incentivando, exigiendo y verificando consumos responsables a la vez que sancionando simultánea y duramente todo uso irresponsable, como son los abusos inhumanos de usos hídricos insustentables (v. gr. minería a cielo abierto, etc).

Los recursos hídricos se encuentran repartidos de manera desigual en el espacio y en el tiempo, lo que exacerba aún más la exigua reserva hídrica actual, a su vez sometida a una presión sin precedentes debido al crecimiento demográfico como a la profunda crisis ecológica del planeta; a los cambios en el estilo de vida, la industrialización y las nuevas tecnologías. La consecuencia obvia es un alarmante agotamiento de las napas freáticas, desecamiento de lagos, ríos y arroyos, contaminación y desertificación crecientes, todo ello sin perjuicio de que la reducción de la disponibilidad y la calidad de las aguas viene provocando -entre otros efectos perversos- gran cantidad de enfermedades con altísimos costos en salud y en vidas.

Conforme sostiene el papa Francisco, el acceso a agua limpia y segura es un derecho humano esencial, fundamental y universal, ya que determina la supervivencia de las personas y por lo tanto es una condición para el ejercicio de otros derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso a agua limpia, ya que es negarles el derecho a la vida enraizada en su dignidad inalienable.

Consecuentemente, un nuevo y celoso cuidado hídrico deberá ser permanente y sin intermitencias, lo que solo será posible si la conciencia colectiva acicateada por la educación y los medios de comunicación masivos, asimila la certeza de que este recurso natural (el más vital después del aire) es más que limitado y decreciente, razón (¡si las hay!) por la cual, toda la población deberá extremarse para evitar todos sus desperdicios y contaminaciones posibles.

• En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó al 22 de marzo como Día Mundial del Agua.

• Argentina: La Resolución Ministerial 1630 del año 1970 estableció que el 31 de marzo sea conmemorado el «Día Nacional del Agua».

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(*) Investigador CIJS / UNC.