Corruptos… ¡ser o no ser! (Acaso, ¿todos lo somos?)

PhotoXPress-corruptPor Roberto F. Bertossi (*)

I. Introducción. II. Corrupción e hipocresía. III. La FAO: Catálogo de hipótesis para ser denunciadas por corrupción. IV. El peligro de lo obvio. V. Conclusiones y propuestas.

I. INTRODUCCIÓN
Señala un antiguo proverbio en latín: «Corruptio optima, pessima est», lo que significa que la corrupción de las personas y cosas mejores, es la peor.
«La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana» (1).
Este fenómeno maligno se da en todos los países —grandes y pequeños, ricos y pobres— pero sus efectos son especialmente devastadores en el mundo en desarrollo. La corrupción afecta infinitamente más a los pobres porque desvía los fondos destinados al desarrollo, socava la capacidad de los gobiernos de ofrecer servicios básicos, alimenta la desigualdad y la injusticia y desalienta la inversión y las ayudas extranjeras. La corrupción es un factor clave del bajo rendimiento y un obstáculo muy importante para el alivio de la pobreza y el desarrollo con nefastos impactos en la dimensión humana de todo.
Sin titubeos, el asunto corrupción como matriz de todo malestar, descomposición y decrepitud social e injusticia, ocupa invariablemente la tapa, el audio y los contenidos de casi todos nuestros noticiarios audiovisuales. En la actualidad, son pocos (salvo cómplices corruptos) los agentes y funcionarios judiciales que no están ocupados con la temática, afrontándola en una lucha desigual e incesante dado semejante flagelo e ignominia.
Nada casual sino, por la índole y gravitación que este asunto tiene para todo el mundo conocido, explica y predice que el papa Francisco siga exhortando al máximo interés de todos sobre la prevención, recuperación y resolución de las implicancias y derivaciones de toda corrupción. Ya y a poco de ser ungido pontífice, el día 11 de noviembre de 2013, demarcó diáfanamente la diferencia insalvable entre pecadores y corruptos.

II. CORRUPCIÓN E HIPOCRESÍA
El papa denuncia a la hipocresía como la raíz más profunda de la corrupción, ya que –según señala con toda lucidez– destroza hasta los cimientos y parámetros ético-morales de generaciones y generaciones con vergüenza y honestidad, singularmente de niños y jóvenes, introduciéndolos de lleno en una «ceguera moral» cuasi irreversible que puede derivar en monstruosidades éticas como criterios o medidas de belleza.
Por ello los corruptos detestan todo espejo que no sea el corrompido de Blanca Nieves que además de decirles que son los más lindos, les añade también ¡que son de lo más honestos!, dado que cualquier otro espejo retrovisor les denuncia e interpela su verdadera e irredenta profunda bancarrota espiritual.
Hablamos de la misma que ellos vanamente y cual oxímoron, mediante léxicos acomodaticios oscurantistas, atribuyen a intolerancias ético-morales o imposición de religiones, algo ciertamente fincado en arenas movedizas cuando existe tanta indignación en todo el mundo ante catálogos oprobiosos de fotos inhumanas con hambrientos, enfermos y abandonados de todo abandono, no solo subafricanas (v. gr., Benín, Haití, etc.); indignaciones compartidas sin reparos por agnósticos, ateos, creyentes de diversas culturas ancestrales o religiones pacíficas… contra la dura y aparentemente incurable pandemia de tan tremenda corrupción actual, responsable ultima de todos esos catálogos escalofriantes.

III. LA FAO: CATÁLOGO DE HIPÓTESIS PARA SER DENUNCIADAS POR CORRUPCIÓN
– Actos ilegales relacionados con actividades de la FAO (2) (por ejemplo hurto, fraude, desfalco, solicitación/aceptación de sobornos o dádivas, extorsión).
– Declaración falsa, falsificación o certificación falsa con respecto a cualesquiera actividades oficiales.
– Fraude cometido con el objetivo de obtener beneficios económicos o derechos indebidos (por ejemplo: solicitudes de reembolso del subsidio de alquiler, subsidio de educación, viajes, seguro médico).
– Fraude, favoritismo, revelar información confidencial sobre las licitaciones o conducta inapropiada relacionada con licitaciones de contratos, el cumplimiento de obligaciones contractuales o la evaluación de contratos.
– Represalias, según se definen en la Política de protección de los denunciantes de irregularidades.
– Violación por parte del personal de las Normas de conducta en la Administración pública internacional.
– Denuncia por acoso en el lugar de trabajo según la Política de Prevención de Acosos, Acosos Sexuales y Abuso de Autoridad.

IV. EL PELIGRO DE LO OBVIO
En repetidas ocasiones, somos capaces de colar mosquitos en tanto nos tragamos camellos enteros.
En efecto, late una fuerte sensación colectiva -no huérfana de motivos-, en la cual pareciera (quizá por una mayor difusión mediática) que la corrupción es solo pública. Admitir que la corrupción es solamente pública, constituiría un gravísimo error colectivo de apreciación, como lo sería de igual manera, pensar que es exclusivamente privada, cuando en realidad siempre y necesariamente, resulta «mixta» (3).
Acaso, cuando se dispone de cinco veces o más de alimentos (con original destinación para todos, «urbe et urbi») que los necesarios para la población mundial actual, ¿qué otra cosa que la maldita corrupción estuvo y está detrás de toda inclemencia e intemperie humanas?
Acaso cuando se evaden o eluden impuestos, tasas, servicios, contribuciones, aportes previsionales, etc., ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando los contribuyentes cumplidores financian a los incumplidores, los que finalmente son «castigados» con condonaciones, moratorias y tales, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando el fabricante o prestador no le pone al producto o servicio «lo que debe ponerle», ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando «se cultiva» trabajo en negro e indecente, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando alguien se queda impropiamente con un crédito (4) o una vivienda (5) ajena, ¿acaso eso no es y fue corrupción?
Acaso cuando se obtienen títulos y becas universitarias indebidamente, etc., ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se quedan impropiamente con licitaciones, con el dinero de las obras sociales, de las cooperativas o de las mutuales (¿Mesas de dinero?), etc., ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se «regalan» nuestros recursos naturales, mineros, ictícolas y más, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando transforman el derecho humano al agua potable en una carísima «mercancía», ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando pasa otro tanto con los servicios de salud médica y farmacológica, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando grandes o no grandes terratenientes se apropian por la fuerza y el engaño de añosas posesiones campesinas familiares intergeneracionales, de su pan, de su techo, de su tierra y de su trabajo; de montes, de bosques, forestaciones y más, de la mano de la violencia, de jueces corruptos, de topadoras y de otras criminalidades, ¿eso no es ignominiosa megacorrupción?
Acaso cuando una legión de funcionarios y legisladores (6) viven «una campaña electoral eterna» sin pedir la licencia correspondiente ni asistir a las sesiones legislativas, bastardeando el uso institucional de pasajes aéreos y de asesores o colaboradores, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando los mismos sujetos precedentes tienen la osadía, el cinismo y la canallada rampante de decirles a viva voz a, v. gr., maestros rurales, docentes en justo y legitimo paro, etc., «día no trabajado, día no cobrado», ¿eso no es más que corrupción?
Acaso y peor todavía, cuando para poder acceder a un trabajo y aun portando la idoneidad suficiente, se le exige previamente al/la aspirante (como condición dirimente), someterse al «peaje» de los más bajos instintos del empleador, gerente o jefe de recursos humanos… ¿eso no es corrupción?
Acaso, cuando la casta política seudodemocrática de clase media y media baja, la que ingresó e impera desde el año 1983 (auto, intra e infra reproducible infinitamente), enriqueció exorbitante y espuriamente su patrimonio de entonces al obsceno de la fecha ¿eso no es corrupción?
Acaso, cuando ciertas politiquerías, transaron dignidad y júbilo por ascuas totales en los haberes jubilatorios, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando ese puñado de ¿líderes políticos que en turbias y sucesivas componendas a espaldas del pueblo, entre gallos y medianoche, “nos traicionaron y suicidaron» con tantos gremios y sindicatos, otorgándoles aviesa y enrevesadamente todo privilegio, prebendas, decenas de días feriados, comparativa y sectorialmente no ecuánimes, y, en muchos casos hasta el poder de facto, si, el mismo que hoy mismo inmoviliza (cuando quiere y como quiere) pueblos y ciudades enteras, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando «un ñoqui» holgazán o incompetente se queda con el trabajo de un padre de familia o una persona talentosa, en el campo o en la ciudad, ¿eso no es corrupción?
Acaso (porque se tiene un amigo, pariente, etc.) cuando no quiero hacer como todos, una simple cola para realizar un trámite, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se admite o propicia el nepotismo, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando ciertos medios de comunicación privados se quedan con las pautas publicitarias dinerarias, ecuánime, plural y equitativamente correspondientes para otros medios colegas, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se compra y vende impunidad, ¿eso no es corrupción?
Acaso… bueno, como todos sabemos, podríamos proseguir con la fascinación del barro de que da cuenta la brevísima enumeración precedente, sin solución de continuidad, exhibiendo este «estiércol del diablo» (7) e hipocresías vernáculas.
A todo esto, el hipócrita no escatima artilugios para incrementar su lucimiento externo de riqueza y belleza, precisamente de las que carece internamente. Digamos emprende su «ardua tarea» auto e híperremunerada para vivir enajenado y empalagado de fortunas generalmente mal habidas, de lujos, placeres y ostentaciones, etc., como una subespecie de «máscara» de su ausencia de paz y armonía interior; aun incluso al altísimo costo de su propias raíces, identidad, honradez, vergüenza, concepto personal e integridad, todo ello mediante ardides y bajezas el desmanejo repugnante, estafador, defraudatorio y oprobioso de bienes, productos o servicios: a) de personas/familias; b) públicos, c) de terceros, d) de vejaciones a los más empobrecidos, e) de los más vulnerables y, f) de la comunidad toda, etc.; respecto de la cual, salvo para su uso, usufructo, aplauso, admiración o abuso con sus más bajos instintos, ignora, denigra y desprecia absoluta y redondamente desde «el pedestal de la corrupción», de una corrupción cuántas veces tan impune como social y peligrosamente cautivante. De hecho viene reclutando legiones por doquier.

V. CONCLUSIONES Y PROPUESTAS
¡Corrupción!, ¿todo es corrupción? No existe ni existirá otro progenitor del estrago ecológico, de «apagar» toda vida –humana, vegetal, animal, microbiana, biológica y la biodiversidad misma; del abandono, olvido y exterminio de nuestros hermanos mayores los dueños originarios de la tierra (que les «okupamos» con y sin «toque a degüello»)–; ellos son, «los aborígenes»; de la familia, del maltrato y violencia familiar, de la pedofilia, de la trata, de la prostitución, de la pornografía infantil, del narcotráfico, del juego, de la inseguridad, del lavado y enjuague de dinero (v. gr., provenientes de la droga, de espurias rentas financieras, de la industria del turismo, etc.), de los artera y vilmente empobrecidos, de los desmontes a mansalva, de la desaparición de nuestros bosques y plantas autóctonas; de la autorización ilegal e inhumana de construcciones de viviendas o asentamientos en zonas ribereñas a ríos, arroyos o lagos; de las inundaciones, de los megaincendios, del desastre en materia de servicios públicos (v. gr.., educación, nutrición, salud, agua potable, cloacas, energía eléctrica, transportes, etc.); del robo por más de un cuarto de siglo de los recursos públicos para una megainfraestructura símil Singapur (Singapur o, un país que de la mano de Lee Kuan Yew y con su «visión-misión y meta central» consistente en educación, «educatión», «educação», «koulutus» y más educación, pasó de la nada a potencia mundial); del robo impune (¿la torpeza de la impunidad?) de bienes fiscales imprescriptibles cometido masivamente por dueños de campos, estancias o industrias de todas las tierras colindantes a seculares trazados ferroviarios, de todos sus durmientes, de todos sus rieles, cableados, estaciones, paradores de los trenes, galpones, etc., en donde no poco tuvo que ver el desmanejo del Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (ex ONABE), bienes públicos fiscales propios de cientos de miles de kilómetros que configuraban concretamente infinidad de tramos ferroviarios, dolosamente desmantelados; de las pesadillas compartidas por la no construcción de viviendas, de la industria del juicio, de la mentira, del engaño, de los excombatientes, del Fútbol para todos… ¿símil Fifagate?; del desvío criminal de fondos públicos a canallas privados, etcétera.
Entonces, ¿cuál es la duda o el obstáculo especulativo, interesado y abyecto que nos impedirá sostener la urgente necesidad de regenerar salutíferamente todo lo degenerado según la enumeración –no taxativa– plasmada precedentemente en el acápite «El peligro de lo obvio»?
Establecer, inocular e inculcar degeneraciones morales por estos monstruos espirituales, como estándar ético alternativo para la promoción y expansión de la insaciabilidad y de la prepotencia como tantos otros disvalores de hoy, prohijados o difundidos mediante el yerro de gobiernos por tiranuelos municipales y provinciales (astutos e inmortales); de enrevesadas visiones/misiones educativas (también por ausencia de los padres y/o de su autoridad) o, por tantos medios de comunicación «claramente mercenarios», los que abusando de la estulticia de sus seguidores audiovisuales, movilizan legiones a consumismos tan impropios como inalcanzables para el grueso de sus audiencias; bueno, todo eso merece su ¡basta ya!
De todos modos, «dichos padrinos» nunca transformarán (afortunadamente) lo malo en honesto, lo innecesario en necesario, lo superficial o superfluo en esencial, profundo y valioso, sino que paradojal y perversamente esparcirán más y más corrupción (directa, derivada e indirecta) en términos de inédita pandemia social como se ha venido metamorfoseando hasta la fecha, dado que tal flagelo ha ido paulatinamente desdibujando, destruyendo o sustituyendo los acervos de valores perennes tradicionales como la dignidad del esfuerzo propio, la nobleza, la honestidad, la solidaridad, la sobriedad y todos aquellos otros sanos criterios, propios e inherentes a todo ser humano los que, urgentemente todos juntos, debemos recuperar, restaurar y expandir moral, ecuánime, ética, equitativa y modernizadamente, con productividad y competitividad para rescatar autoestima y dignidad nacional.
Seguir viviendo solo con la idea de que somos un país rico y privilegiado (lo somos), ¡pero sin trabajarlo!, torna imprescindible, digno y vitalmente esclarecedor conectar dicha imbecilidad con una noble y cabal reflexión, preñada de pundonor e introspección, verbalizada por una sabia y pragmática campesina después de una lluvia tan copiosa como beneficiosa: «Precipitó agua… ¡no dinero!».
Por todo ello, si solo pudiéramos ver y visualizar los torrentes de hipocresía y crueldad, las mentiras, el degüello, las violaciones de toda obligación de (y con) la humanidad que han fluido de esta silenciosa y putrefacta cloaca global de la corrupción en el devenir de nuestros países (muchos constitucionalmente católicos o religiosos), ante tal visión palidecerían hasta sonrojar los peores cuadros mentales e imágenes posdantescas que nos pudiéramos formar del mismo infierno.
Preconclusivamente, no se dude de que la transparencia y la nobleza son precondiciones esencialmente necesarias junto a toda honestidad, como requisitos angulares e imprescindibles para ser titular de la virtud o capacidad de avergonzarse.
Finalmente y en pos de humanizar este mundo tan selvático y corrompido, ¿cómo no defender nuestros valores perennes sin envalentonar a sus verdugos?, ¿cómo no acordarnos de nuestros mayores y prohombres cuando jamás olvidaron que «lo ajeno tiene “memoria eterna”?», si los mismos que ante una travesura o picardía cometida por sus hijos, fraternalmente les reprochaban, diciéndoles: ¡hijo, no le da vergüenza lo que hizo!
Por último, una cita del Martín Fierro: «… no es raro que a uno le falte, lo que a algún otro le ande sobrando…» por corrupto.
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(1) Convención de Naciones Unidas contra la corrupción; Nueva York, 2004.
(2) La FAO es la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Es decir, es una organización supranacional (que está formada por países y funciona bajo el amparo de la ONU). Su función principal es conducir las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre.
(3) Por caso y solo emblemáticamente, se puede recordar o consultar los expedientes judiciales de «el resonante caso IBM y Banco Nación», que fuera consumado en la década de los 90.
(4) El desaparecido y fundido oficialmente, Banco Social de la provincia de Córdoba.
(5) Operatorias 830 y HN 700 del Banco Hipotecario Nacional, el que entre 1983 y 1989 fue, más que un banco fue un verdadero comité que lanzó operatorias destinadas a «alquilar» voluntades de jueces, legisladores, periodistas, correligionarios, coordinadores, artistas, etc.
(6) Demasiados de los cuales sancionaron las Leyes 24.579 aprobando la Convención Interamericana contra la Corrupción firmada en la tercera sesión plenaria de la Organización de los Estados Americanos o las Leyes 25.188/26.857 consagrando la Ética en el ejercicio de la Función Pública; a nivel provincial, v. gr., las Leyes 8835/9122 de la provincia de Córdoba que asignaron a la Fiscalía de Instrucción en lo Penal Económico y al Juzgado de Control en lo Penal Económico, respectivamente, la competencia material en lo penal económico y anticorrupción administrativa prevista en el art. 54 de la Ley 8835, en forma exclusiva y excluyente.
(7) Basilio el Grande, Padre de la Iglesia del siglo IV, citado por San Francisco de Asís: «el dinero es el estiércol del diablo».
(*) Experto de la CoNEAU en Cooperativismo. Investigador del Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales de la Facultad deDerecho y Ciencias Sociales, UNC. Profesor universitario de grados y posgrados. Premio Adepa-Faca, a la abogacía, 1990. Fundador de la primera cátedra universitaria de Derecho Cooperativo. Premios al periodismo grafico solidario Gota en el Mar, 2005 y 2007. Autor de publicaciones sobre temas de su especialidad.

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