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Cristina Kirchner y Vladimir Putin firmaron acuerdos y reafirmaron el fortalecimiento del vínculo bilateral

shutterstock_129883268Los guardias hicieron el saludo y se abrieron las dos puertas enfrentadas. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y Vladimir Putin entraron al mismo tiempo, se encontraron en el centro del salón y se estrecharon las manos. Así comenzó la reunión entre los presidentes de Argentina y Rusia, que terminó con la firma en total de veinte acuerdos y la elevación del vínculo entre los países a una “relación estratégica integral”, lo que significa que abarca todas las áreas de gobierno. O, como explicó la Presidenta antes de salir para el aeropuerto, ante una pregunta de Página/12, implica, en términos políticos, que “hay que mirar hacia todas partes y no plantearse la lógica binaria de enemigo o amigo. Hay países con los cuales tenemos mayor complementariedad y que están dispuestos a darnos una mano o ayudar porque les conviene, y a nosotros también. Lo importante es que las conveniencias sean mutuas”. En función de esos beneficios para ambas partes, CFK y Putin también hablaron sobre la posibilidad de usar las monedas nacionales en el intercambio comercial “para no estar atados al dólar y a las vulnerabilidades que ello entraña”. La sala del Gran Palacio del Kremlin en la que Putin y CFK se saludaron era casi completamente dorada y verde: los silloncitos, el papel de las paredes, la alfombra. Por algo lo llaman… Salón Verde. Rompían la gama cromática la flores pintadas en el techo y las banderas rusa y argentina colocadas para la ocasión. Junto con la Presidenta estaban el canciller Héctor Timerman y los ministros de Economía, Axel Kicillof, y de Planificación, Julio De Vido. Una vez sentados, el presidente ruso fue el primero en hablar. Dijo que la visita de CFK a Moscú se hacía en un año especial porque se cumplen 130 desde que ambos países iniciaron su vínculo diplomático. Agregó que en todo este tiempo el mundo entero cambió pero lo que no se modificó es la voluntad de seguir avanzando en las relaciones. Pero no fue todo protocolar. “Ultimamente nuestros contactos políticos tienen un nuevo dinamismo. También hay problemas, me agrada tener la oportunidad de discutir los asuntos positivos y las complicaciones que deben ser resueltas”, agregó en seguida, en un estilo muy directo, o, al menos, así lo transmitió el intérprete.

Desde el gobierno argentino y la diplomacia rusa señalaron que la relación entre ambos países es óptima, como lo demuestra la firma de los acuerdos, y explicaron que Putin se refirió a que su administración siente que en los últimos meses bajó el intercambio comercial y que la balanza se inclina para la Argentina. En el gobierno de CFK, en cambio, contabilizan la relación a la inversa, es decir, con ventaja para Rusia. Las diferencias se explican porque el cálculo depende del sitio desde el que entran los productos, ya que no siempre viajan sin escalas. En definitiva, el asunto es que dentro de la buena sintonía, ambos países buscan hacer crecer sus exportaciones. Esto quedó expresado cuando luego de la firma de los acuerdos el presidente ruso señaló que en la charla que habían mantenido prestaron especial atención a la economía: “Argentina es uno de los principales socios comerciales de Rusia en América latina. En los últimos diez años el comercio bilateral creció 3,5 veces, sin embargo, bajó un 10,8 por ciento el año pasado. La presidenta de la Argentina y yo debatimos la necesidad de dar estabilidad a nuestro comercio bilateral e incrementar las mutuas inversiones”.

Durante el primer contacto en el Salón Verde, CFK agradeció la invitación a visitar Moscú y mencionó que este es también un año especial porque se cumplen 70 años de “la derrota del fascismo y el nazismo”. El próximo 9 de mayo se celebrará en Rusia el fin de la Segunda Guerra Mundial y Putin prepara un gran festejo luego de haberse sentido marginado de la reciente conmemoración de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. La Presidenta destacó el papel de Rusia, que en ese momento era la URSS (“es importante este reconocimiento que debemos hacer a una nación que perdió 27 millones de vidas entre soldados y población civil”) y contó que el miércoles, al participar de la inauguración de la muestra sobre Eva Perón en el Museo Histórico Estatal de Moscú, también pudo recorrer una exposición aún no abierta sobre la lucha contra el nazismo. Mientras hablaba con Putin, CFK intentó abrir una botellita de agua mineral, pero él se apresuró a ayudarla y a llenarle la copa. El gesto hizo que los fotógrafos dispararan a repetición para capturar la secuencia.

Después de esta charla introductoria, los presidentes cambiaron de ambiente. Tuvieron una reunión reducida con sus colaboradores más estrechos y luego almorzaron junto con sus ministros mientras repasaban los acuerdos que se firmarían poco después. Esta actividad se llevó a cabo en el Salón Santa Catalina, espléndido como el anterior. No parece haber posibilidad de abrir una puerta y encontrarse algo que no brille o impacte en el Kremlin. Los presidentes y ministros comieron platos típicos de Rusia, como blinis, sopa fría y selección de pescados y carnes. Todo en platos pequeños, al estilo nouvelle cousine.

Acuerdos para todos y todas

Los convenios se cerraron ante las cámaras de televisión. A su turno, cada ministro iba pasando junto con su contraparte, se sentaba en la mesa y ponía la firma. Los presidentes custodiaban parados detrás. En el primero participaron De Vido, Kicillof y también el empresario Eduardo Eurnekian, ya que se trataba del acta para el desarrollo del proyecto (una represa y una central hidroeléctrica) Chihuido I, que incluye un compromiso para iniciar las obras en septiembre de este año.

En segundo lugar pasó el CEO de YPF, Miguel Galuccio, junto con el presidente de la empresa rusa Gazprom, Alexei Miller, quienes suscribieron un acuerdo macro de trabajo conjunto para la realización de nuevos proyectos de exploración, extracción y transporte de hidrocarburos y modernización de infraestructura asociada al transporte de gas y petróleo. Ambos ejecutivos se saludaron con un abrazo y se detuvieron por un momento a conversar con CFK y Putin. La imagen de las cuatro cabezas juntas como compartiendo un secreto fue otra de las postales del día. Luego pasaron los ministros de Defensa, Agustín Rossi, de Agricultura, Carlos Casamiquela, de Industria, Débora Giorgi y de Cultura, Teresa Parodi (ver página 2). El canciller Héctor Timerman firmó con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, la declaración conjunta para las relaciones estratégicas integrales, el más político de los documentos. Allí se menciona el apoyo de Rusia al reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas, se reafirma la no intervención en asuntos internos de los países (“muchas veces los problemas que atraviesan naciones son distorsionados o magnificados y hasta provocados por la injerencia de terceros”, dijo CFK), el no reconocimiento a los golpes de Estado, la oposición a la pretensión de aplicar extraterritorialmente la legislación nacional y se hace una manifestación por la solución pacífica del conflicto en Ucrania. CFK explicó luego que la Argentina se opone a las sanciones que la Unión Europea y Estados Unidos impusieron a Rusia por la crisis en ese país y que apoyó la resolución de la ONU que pide el cumplimiento de los acuerdos de Minsk, en los que se decretaba un alto al fuego. “Creemos que la ONU, la diplomacia y la política son los únicos caminos para resolver las cuestiones entre los países”, señaló. También en el plano político, CFK contó que habló con Putin de su visión “acerca de los comunes problemas que hoy tiene el mundo”, que coincidieron en la necesidad de respetar “a rajatabla” la multilateralidad y agradeció el apoyo ruso a la disputa de la Argentina con los fondos buitre, “el capital especulativo que recorre el mundo”, y al trabajo que se está haciendo en la ONU en la redacción de una convención internacional en materia de reestructuración de deuda soberana.

Antes de dejar Moscú, la Presidenta volvió a hablar de su visita a la exposición sobre la Segunda Guerra y contó que se impresionó por la espada de Hitler que será expuesta allá. El sable, dijo, tiene una leyenda: “al forjador de un imperio”. “La reflexión que me surgió es que lo importante no es forjar imperios, sino forjar naciones, porque las naciones se forjan con convicciones y los imperios se forjan con subordinación de la gente y, por lo tanto, no pueden durar mucho”.

Como en otras ocasiones, se declaró interesada por la historia y aprovechó para tirarle un tiro por elevación desde Rusia al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien en la última Cumbre de las Américas, en Panamá, dijo que no quería anclarse en el pasado. “A mí la historia me encanta, me importa, y por gente que hace historia es que estamos acá. Así que, a los que no les gusta, que vayan aprendiéndola nomás porque hay que saber de historia.”

Fuente: Página 12

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