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El delito de abigeato en el anteproyecto de reforma al Código Penal del año 2014

Imagen 027Autor: Gerosa, Aldo H.

Fecha: 20-ago-2014

Cita: MJ-DOC-6840-AR | MJD6840

Sumario:

I. Introducción. II. Algunas ideas sobre el abigeato. III. Normas vigentes. Exposición y comparación con las proyectadas en relación al delito de abigeato. IV. Análisis de la estructura de los tipos penales propuestos en el anteproyecto. V. Agravación por el peligro o el resultado de muerte de una persona. VI. Una diferencia interesante. VII. Consideraciones finales.
Doctrina:

Por Aldo H. Gerosa (*)

I. INTRODUCCIÓN

La editorial me ha invitado a comentar alguna norma del anteproyecto de reforma al Código Penal de la República elaborado por una comisión liderada por el juez de la Corte Suprema Eugenio Raúl ZAFFARONI. Agradezco la deferencia e intentaré ser digno de la misma. Igualmente, debo agradecer el apoyo, las sugerencias y las opiniones del fiscal regional de la 4ª Circunscripción Judicial de la Provincia de Santa Fe, Dr. Eladio O. GARCÍA, quien me hizo ver algunas cosas que no lograba definir completamente.

Ciertamente que el anteproyecto no es una «reforma» menor del sistema de derecho penal de fondo vigente, sino un cambio significativo del mismo. Ha de lamentarse que se pretenda obtener semejante objetivo «desde arriba», sin haber primero explicado y debatido en la sociedad y con sus instituciones representativas (académicas, políticas, sociales) los fundamentos racionales, éticos y constitucionales de los cambios que se pretenden introducir, porque indudablemente cualquier ley (el Código Penal, por ejemplo) debe ser útil «a…» y aceptada «por…» la comunidad en la cual va a regir para que tenga éxito como herramienta de mejoramiento de la convivencia. «Útil» en el sentido de que cualquiera sea la naturaleza de la pena o la función del derecho penal que se admita, brinde un mecanismo a la comunidad para la resolución pacífica de los conflictos de gravedad mayor, aquellos que no pueden ser atendidos y compuestos satisfactoriamente por otras herramientas sociales. «Aceptada», porque, si se pretende imponer una legislación contraria a los sentimientos y creencias sociales más fuertes, solo se logrará el incumplimiento general de la norma, la creación de una sensación de impunidad y de resistencia que puede terminar con la ley y con el gobierno que pretende imponerla.

Hace mucho que en Argentina se habla de cambios en las normas penales, pero nunca se inició un debate social, ético, político y científico-jurídico sobre cómo realizar esos cambios y cuáles han de ser estos.(1)

Hecha esta referencia que me parece necesaria y obligada para que el lector sepa desde dónde escribo, (2) me referiré al tema objeto de la nota.

II. ALGUNAS IDEAS SOBRE EL ABIGEATO

El abigeato, no es necesario hablar mucho de esto, es un tipo penal que sanciona el hurto (3) o robo (4) (según la forma o modo en que se logra la sustracción y apoderamiento del objeto del delito) de ganado (5) doméstico, sea mayor o menor.

Se trata de un tipo penal que protege la riqueza pecuaria, desde que se presenta legislado de formas diversas en los países o regiones donde la cría, el engorde y la comercialización de ganado doméstico es una actividad económica significativa. El objeto del delito (el ganado) resulta más fuertemente protegido, además, por la situación de estar en el campo, sin o con poca custodia o cuidados, es decir, una situación de desamparo de los bienes que hace necesaria una mayor protección legal. (6)

Debe descartarse que el abigeato siempre requiera un consumo o faenamiento inmediato del ganado sustraído. Se dan casos donde los autores mezclan la hacienda sustraída con la propia, especialmente al tratarse de ganado «orejano», (7) por ejemplo, terneros; o la venden a frigoríficos o establecimientos de engorde de ganado. Precisamente, a fin de evitar estas prácticas, las leyes o códigos rurales provinciales imponen la obligación de marcar y señalar el ganado mayor vacuno (no el caballar, que solo se marca o tatúa -cuando es de «pura raza»-) a los pocos meses de vida; generalmente, entre los seis meses y el año de vida, el animal debe estar marcado. La Ley 22.939, art. 7 , habla de la obligación al propietario de ganado vacuno de marcar el mismo «antes de llegar a los 6 (seis) meses de edad» (que puede ocurrir al producirse el «destete»), momento en que deben estar marcados y señalados los terneros (excepción: art. 6 última parte Ley 22.939:«En los ejemplares de pura raza, la marca o señal podrá ser sustituida por tatuajes o reseñas, según especies») y el porcino debe ser señalado (o identificado con los otros medios que autoriza la ley en el art. 1  y cctes.) «antes de los 45 (cuarenta y cinco) días de edad». Leyes provinciales pueden disponer otros plazos. Y del mismo modo, se establecen regulaciones respecto a las condiciones y documentación para transportar ganado.

En el caso del vacuno, antes de aquella edad, el ternero sigue a la madre y resulta más o menos fácil establecer si pertenece al rodeo donde se encuentra por el comportamiento de animal. Aclaro que la Ley 22.939 unifica para «todo el país el régimen de marcas y señales, certificados y guías» confiriendo validez constitucional a los regímenes provinciales que determinaban condiciones de adquisición, conservación y enajenación de ganado diversas a las normas del Código Civil para cosas muebles. Estableció ciertas condiciones para todo el territorio nacional que convirtieron al ganado en una modalidad de «cosa mueble registrable».

El abigeato suele tener dos modos principales de realización: uno que corresponde a hechos donde la sustracción se realiza sobre pocas cabezas de ganado mayor o menor; otro, en donde la acción recae sobre cantidades significativas. Estas modalidades obedecen a dos destinos diferentes del producto del ilícito. En el primer caso, suele ocurrir la faena del animal en el campo y la carne, cuero o entrañas sustraídas tienen destino de consumo inmediato por el propio autor o autores y sus grupos familiares, o bien son puestas a la venta en comercios («carnicerías») que venden carne faenada legítimamente mezclada con carne proveniente de faenas clandestinas o del abigeato. (8) Conforme mi experiencia profesional raramente el faenamiento es para consumo personal exclusivamente; siempre existe una parte (en esta modalidad) que se destina a carnicerías o locales de venta al público o aun el propio autor ofrece en venta a terceros.La segunda forma planteada, en cambio, corresponde a la sustracción a gran escala, para destinar los animales a frigoríficos, a feed lot, (9) o bien a acrecentar rodeos de productores vinculados a los hechos (o bien sus ideólogos), que los liquidan más o menos inmediatamente para desprenderse de los animales mal habidos. Aquí la planeación y el involucramiento de distintos partícipes hacen necesaria una estructura especializada y bien organizada. Esta modalidad tiene casi siempre estos actores: trabajadores rurales, transportistas, algún funcionario policial, personal del SENASA, y algún o varios productores de mediana o gran capacidad, en cuyos campos y rebaños confundir al menos por unos días la hacienda sustraída. Y si directamente tiene injerencia en el hecho un frigorífico, los animales son transportados en forma directa al mismo.

Como se observa, cualquiera de las dos modalidades requiere cierta organización y entramado, comunicaciones ágiles y estructura que hace de este delito, para muchos, uno de los supuestos de «delito complejo», particularmente en el segundo caso.Como ejemplo, fue noticia en medios periodísticos nacionales, provinciales y lógicamente locales que en la zona noreste de la provincia de Santa Fe a fines de 2013 se desbarató una organización de este tipo que, según un medio nacional de información, estaba «integrada por puesteros de campos, productores ladrones, comercializadores o comisionistas de hacienda, dueños de grandes extensiones de campos, prestamistas, dueños de frigoríficos, policías rurales[(Dirección General de Seguridad Rural, grupo de la policía de Santa Fe especializado en prevención e investigación de delitos ocurridos y vinculados a la producción rural)] policías azules [la policía de seguridad «común», no especializada, llamada así por el color del uniforme], funcionarios del SENASA, directivos de COSAGO [Comisión de Sanidad Agropecuaria del Departamento General Obligado, ONG integrada por productores que apoya, facilita y fomenta el mejoramiento de la producción agropecuaria y su rentabilidad], propietarios de fildlot [sic, error de tipeo seguramente]; propietario de una estación de servicios de […], propietarios de varias carnicerías, profesionales abogados […] para la comisión de estos delitos que comenzaron a descubrirse el 14 de noviembre del año 2013, cuando alrededor de las 21,00 horas, una comisión policial […], detienen a un camión jaula de la empresa […], con 31 animales vacunos y una camioneta Ford F 100 con un acopladito, transportando 8 animales, los 39 animales robados en un campo de Florencia que tenían como destino el potrero de un chanchero […] propietario y conductor de los Ford F 100; donde al día siguiente se secuestraron 38 animales robados con el mismo modus operandi» (v. el enlace: http://tn.com.ar/tnylagente/robo-de-ganado-en-el-norte-provincia-de-santa-fe_453702, que recoge información de medios del norte santafesino). Estimando un promedio de 300 kg por animal, (10) al precio promedio del mes de mayo de 2014 en la provincia de Santa Fe para ganado «en pie»(11), las setenta y siete cabezas sustraídas equivalen aproximadamente a $ 341.000, es decir, unos 29.145 dólares «blue» o 39.743 dólares «oficiales», a la cotización del 13 de junio de 2014. Esta ganancia cada 15-20 días. Y si fueran ciertas las cifras de cuatro mil cabezas al año que señalaba la noticia referenciada, son (calculados de la misma manera) unos $ 17.724.000, o sea, USD 1.514.871 «blue» o USD 2.065.734 «oficiales».

Con buenos pastos y aguadas, animales de regular o buena calidad logran llegar a 200 kg en un año y luego siete a nueve meses más, alcanzan los 300 kg. Durante ese lapso corresponde la aplicación de vacunas antiaftosa y diversos productos farmacológicos veterinarios (desparasitarios, antigarrapaticidas, en ocasiones, productos contra infecciones o «curabicheras», etc.). Se comprende así la pérdida que al productor le genera este tipo delictivo.

1. Antecedentes del delito de abigeato

Se conoce por distintas fuentes que, desde muy antiguo, para los pueblos y culturas que vivían de la agricultura y la cría de ganado (o de su utilización para transporte o laboreo de tierras, para milicias -caballos- o arreos de mercaderías en caravanas -mulas, camellos, etc.-), la sustracción de tales animales representaba un daño grave que mereció una punición especial.

Siguiendo la obra de DONNA ya citada, el delito de abigeato aparece legislado en el derecho romano; incluso el término «abigeato» procede de vocablos latinos que hacían referencia al modo en que se consumaba el delito:un hurto por arreo de los animales desde el fundo en que eran guardados o se encontraban pastando hacia otros lugares.

En lo que respecta al derecho aplicable en las colonias españolas de América, un interesante estudio del tema en Chile concluye diciendo (sin que existan motivos aparentes para apartarse en nuestro medio nacional) que: «… en lo que al abigeato respecta, la doctrina citada por defensores y acusadores aparece monopolizada por Las Partidas. De lo anterior se infiere que el derecho efectivamente vivido, en lo que respecta al derecho supletorio aplicable al abigeato, fueron las normas sancionadas por Alfonso X El Sabio». (12)

La misma publicación citada en la nota anterior señala como algo constatado (en el medio rural chileno, como dije muy similar al argentino) una ligazón muy fuerte entre vagabundeo y abigeato: «Un excelente estudio sobre este tópico ha llegado a demostrar de manera patente como «el vagabundaje marcha íntimamente relacionado con el cuatrerismo; el cuatrerismo del vagabundo aparece como una nota concordante con rasgos generales de la sociedad rural chilena y de todo un medio histórico…»» con cita de GÓNGORA DEL CAMPO, Mario, Vagabundaje y sociedad fronteriza. Siglos XVII a XIX, Santiago, 1966, p. 7. La conclusión es que en aquellos tiempos las personas que vagaban sin domicilio fijo por los campos mataban animales ajenos para subsistencia y venta, a los fines de obtener algunos recursos monetarios. Esto explicaría, tanto en Chile como en Argentina, las normas que en los siglos XVIII y XIX perseguían a los «vagos y malentretenidos», siendo conocido que uno de los más fuertes perseguidores de tales personas fue Juan Manuel de Rosas, puesto que el castigo impuesto por dichas leyes de persecución de la vagancia era la prestación de servicios personales sin sueldo en las estancias, obras públicas o milicias, las más importantes de las cuales eran las estancias Camarones, Villanueva, Chalpalalquen, Hinojales, Sermón, Toldos, Averías y Los Cerrillos y las milicias 5º Regimiento de Caballería Los Colorados del Monte, todo de propiedad del mismo Rosas.El Código Penal vigente contempla el abigeato en un capítulo especial, el II bis del título VI «Delitos contra la propiedad», incorporado por la Ley 25.890 , sancionada el 21 de abril de 2004 y publicada en el Boletín Oficial el 21 de mayo del mismo año.

La ley, en líneas generales, incorpora en el art. 77 CPen la definición de «establecimiento rural» y luego tipifica los casos de abigeato (que antes estaban incorporados en los tipos penales de hurto o robo, según corresponda), mediante los arts. 167 ter, 167 quáter y 167 quinque . Asimismo, incluye normas punitivas para la violación de «leyes de policía sanitaria animal» (art. 206 , reformado por esta ley), el incumplimiento de deberes del funcionario público que, debiendo fiscalizar las normas de comercialización de ganado, productos y subproductos de origen animal, omitiere inspeccionar ciertos establecimientos o locales que la norma menciona (art. 248 bis ); incorpora los arts. 277 bis y ter como supuestos particulares de encubrimiento; y por último, agrega al Código Penal el art. 293 bis , sobre la omisión culposa del funcionario público en adoptar las medidas necesarias para cerciorarse de la procedencia legítima de ganado o semovientes previamente a expedir guías de tránsito.

A. Digresión sobre el art. 206 Código Penal

Para algunos, el art. 206 CPen no es una figura penal residual al abigeato: no se aplica a un hecho donde se secuestra en poder de posibles autores, de modo subsidiario, este delito si no se prueba que el origen de la carne faenada sin cumplir normas sanitarias (sobre la base de la cual se intenta evidenciar el abigeato, en caso típico: vehículo detenido en camino rural cargando gran cantidad de carne de reciente faenamiento sin constancia de su procedencia), es un hecho de abigeato concreto. Es decir, la sola posesión de carne de faenamiento clandestino o irregular no hace aplicable el art.206 y si la posesión o tenencia de esa carne no puede vincularse con evidencia suficiente a un hecho de abigeato no encuadra tampoco en el de abigeato o su encubrimiento; «el propio texto de la norma alude a reglas impuestas por leyes de policía sanitaria animal, lo que obviamente se relaciona con la salud de animales vivos […] Es que, aun cuando el faenamiento de animales o su transporte destinado al consumo, sin cumplir con las exigencias sanitarias humanas correspondientes pueda representar un riesgo para la salud pública en general, no se trata de un peligro que se derive per se de un riesgo «de» previo contagio de animales, como requiere el modo de ataque previsto en la figura comentada […] Por otra parte, es cierto que la Ley 25.528 (B.O. del 9/1/02) aditaba al texto actualmente vigente y como conductas agravadas, la violación de las reglas de policía sanitaria animal cometida realizando el faenamiento de un animal que de acuerdo a las circunstancias debía sospecharse proveniente de un delito, lo que implícitamente contenía una interpretación auténtica en relación con la posibilidad de infringir tales leyes mediante actos de faenamiento […] tales agregados al texto original, fueron derogados poco tiempo después por la Ley 25.890 (B. O. 21/5/04), […] restando todo respaldo a dicha interpretación […] Máxime cuando la propia exposición de motivos del texto original del proyecto de la referida ley (25.890), expresamente señaló que tales párrafos eran derogados porque los ilícitos calificados allí contemplados, se subsumen dentro de los supuestos del art. 167 ter del C. P. y en los diferentes delitos de encubrimiento los arts. 277 y ss. del C. P.» («Mansilla René Enrique s/ lesiones leves – recurso de casación», Tribunal Superior de Justicia de la Provincia de Córdoba, Sala/Juzgado: Penal, 7-nov-2006, en MJJ9466 ).

Esta interpretación es muy cuestionable.Las «leyes de policía sanitaria animal» incluyen desde siempre dentro de su regulación la cuestión de las condiciones de faenamiento de animales para consumo humano y la higiene de los establecimientos para efectivizar tal tarea.

El SENASA (Servicio Nacional de Sanidad Animal) es el organismo administrativo responsable de garantizar y certificar la sanidad y calidad de la producción agropecuaria, pesquera y forestal en la República. Su sitio web oficial denominado con el enlace http://www.senasa.gov.ar/contenido.php?to=n&in=876&io=3499 explica que la legislación aplicable a la «sanidad animal» (una de sus incumbencias específicas) incluye también (y ejerce tales funciones sin cuestionamientos) la aplicación de: «La Ley 17.160 «que» especifica las competencias, denuncia de enfermedades, fiscalización [y control de los lugares de faena y concentración de animales]» [énfasis añadido]. Por ejemplo, dicha ley modificó la Ley 3959 , sancionada en el año 1900 y vigente en la actualidad, llamada Ley de Policía Sanitaria Animal, modificando el art. 10, el que quedó redactado así: «Art. 10 – El Poder Ejecutivo reglamentará por intermedio de la Secretaría de Estado de Agricultura y Ganadería [todo lo relacionado con la habilitación, fiscalización sanitaria integral e inspección de los mercados de ganado, tabladas, ferias, mataderos, frigoríficos, saladeros, mataderos de aves, acopio, comercialización e industrialización de huevos, industrialización de la caza y de la pesca, y en general de todos los establecimientos donde se elaboren o depositen productos de origen animal, cuando los lugares donde se efectúen las ventas o el sacrificio de animales] […] El Poder Ejecutivo requerirá de los gobiernos de provincia que adecuen sus actuales normas a las exigencias de la presente ley y su reglamentación y formalizará con las provincias, municipios y demás autoridades provinciales los acuerdos y convenios que considere necesarios para el logro de los fines enunciados» [énfasis añadido].

La Ley 22.375 (Ley Federal de Carnes), cuyo art. 1 dispone:«Facúltase al Poder Ejecutivo nacional a [reglamentar en todo el territorio del país el régimen de habilitación y funcionamiento de los establecimientos donde se faenan animales y se elaboren o depositen productos de origen animal]. Dicho régimen comprenderá los requisitos de construcción e ingeniería sanitaria, los aspectos higiénico-sanitarios, elaboración, industrialización y transporte de las carnes, productos, subproductos y derivados de origen animal destinados al consumo local dentro de la misma provincia, Capital Federal y Territorio Nacional, los que deberán transitar con la correspondiente documentación sanitaria» [énfasis añadido].

Es evidente entonces que en la legislación federal y provincial, «la policía de sanidad animal» incluye también el control de los lugares y modos de sacrificio y faenamiento de animales aptos para consumo humano y no solamente «los animales vivos» o las «enfermedades de los animales vivos». Así debemos concluir que el art. 206 se aplica al faenamiento clandestino o irregular.

2. Ubicación sistemática de las normas que reprimen el desapoderamiento ilegítimo de ganado en el anteproyecto de Código Penal

En el anteproyecto que examino, los tipos penales que se vinculan al desapoderamiento ilegítimo de ganado apare cen en el título VII «Delitos contra la propiedad».

En concreto, en el capítulo I, «Hurto», art. 140, inc. 2, letra b: «b) Se tratare de una o más cabezas de ganado mayor o menor, que se encontrare en establecimientos rurales, o en ocasión de su carga, transporte, escalas o entrega en destino» (modalidad de hurto calificado donde aumenta el máximo de la escala penal), con una pena mínima de seis meses y máxima de seis años; y en el capítulo II, «Robo», art. 141, inc. 2, letra f: «f) Si se tratare de alguno de los supuestos enumerados en el inciso 2º del artículo precedente» (forma de robo calificado), donde la escala penal es de tres a doce años. Asimismo, dentro del propio art. 141, inc. 2, se contempla un agravamiento de la penalidad para ciertos partícipes: «5.En el supuesto del apartado b) del inciso 2º del artículo 140, y en el correspondiente en función del apartado f) del inciso 2º de este artículo, sufrirá, además, inhabilitación por el doble de tiempo de la condena, todo partícipe que desempeñare alguna actividad de crianza, comercialización, cuidado, faena o transporte de ganado». Por último, existe una mención especial que se puede vincular al tema de esta nota en el caso del capítulo XII art. 279 inc. 4 («Encubrimiento agravado») que pune «a) Al funcionario público que cometiere el encubrimiento en ejercicio u ocasión de sus funciones» con una sanción agregada a la penalidad contemplada en los incisos anteriores, que es la inhabilitación de tres a diez años.

3. La cuestión terminológica

Desde luego que si el abigeato es una forma especial de hurto o robo, según las circunstancias que rodean el hecho, puede resultar lógicamente fundamentado eliminar la referencia al vocablo «abigeato» y sostener solamente que se trata de hurto o robo, por cuanto tampoco se discriminan los diversos elementos que pueden y suelen ser objetos de estos delitos: no se tipifica un hecho como «hurto de televisores» o «robo de zapatillas y prendas de vestir», etc.

Contra esta proposición puedo decir que la ley, sin embargo, prevé especiales objetos o particulares circunstancias en las que recae u ocurre el desapoderamiento y posterior apoderamiento de cosas muebles total o parcialmente ajenas y que la doctrina desde muy antaño se encargó de aplicarles un nombre identificatorio propio a cada una para estudio y clasificación: existen el «hurto calamitoso», el «hurto de automotores», «hurto con escalamiento», «robo en poblado y en banda», etc.

Con ello se denominan modos especiales de actuar delictivo o circunstancias particulares que deben reunirse, lugares precisos de comisión de los hechos, etc. que representan elementos particulares merecedores de tratamiento particularizado por razones de política criminal que son competencia del legislador.

Estas consideraciones existen muy claramente en torno al abigeato:desde el objeto sobre el que recae la acción, las particularidades del medio en que se produce, ciertos especiales conocimientos que hacen falta (del medio rural y de los animales a sustraer) o especiales medios de transporte (caballos, camiones adaptados para el traslado de ganado) y la violación de algunas exigencias que hacen a la fe pública (marcas y señales, caravanas identificadoras, etc.); todo esto permite concluir que, ya sea legislado especialmente o como modalidad del hurto o del robo, siempre se trata de un tipo legal especial y particularizado que aconseja un tratamiento y estudio autónomo.

III. NORMAS VIGENTES. EXPOSICIÓN Y COMPARACIÓN CON LAS PROYECTADAS EN RELACIÓN AL DELITO DE ABIGEATO

Pasando en limpio la cuestión, podemos hacer el siguiente cotejo, distinguiendo supuestos de hurto y robo de ganado mayor o menor y sus circunstancias:

1. Supuestos que básicamente asemejan un hurto

Art. 167 ter: «Será reprimido con prisión de 2 (dos) a 6 (seis) años el que se apoderare ilegítimamente de 1 (una) o más cabezas de ganado mayor o menor, total o parcialmente ajeno, que se encontrare en establecimientos rurales o, en ocasión de su transporte, desde el momento de su carga hasta el de su destino o entrega, incluyendo las escalas que se realicen durante el trayecto.

»La pena será de 3 (tres) a 8 (ocho) años de prisión si el abigeato fuere de 5 (cinco) o más cabezas de ganado mayor o menor y se utilizare un medio motorizado para su transporte».

Esta norma contempla tres tipos penales distintos legislados sobre la base del hurto. En otras palabras, son formas de hurto tipificadas especialmente. Ellas son: el abigeato simple (texto hasta la expresión «establecimientos rurales»), modalidad de hurto simple; luego tipifica el abigeato en ocasión de transporte de ganado (desde donde culmina la descripción del anterior hasta la finalización del primer párrafo del artículo), siendo similar al hurto de mercaderías transportadas.Por último, el abigeato de cinco o más cabezas de ganado mayor o menor con utilización de un medio motorizado para su transporte donde el agravamiento de la escala penal se debe al número de cabezas hurtadas «cinco o más» y a la utilización de un medio motorizado durante algún tramo de la ejecución del hecho. No tiene paralelo con los supuestos legislados de hurto.

En el proyecto de reforma aparece tipificado el abigeato simple en el inc. 2 del art. 140, de la siguiente manera: «b) Se tratare de una o más cabezas de ganado mayor o menor, que se encontrare en establecimientos rurales»; luego, esta norma tipifica lo que se denomina más arriba abigeato en ocasión de transporte de ganado al establecer «… o en ocasión de su carga, transporte, escalas o entrega en destino».

No existe referencia a la tercera formulación típica del actual art. 167 ter 2º párr., que por ende desaparece como tipo autónomo. Parece innecesaria la agravación del tipo por esta especial modalidad comisiva; en todo caso implicaría una mayor voluntad de quebrantar la norma prohibitiva en razón de la circunstancia de organizar la comisión del delito contando con el transporte motorizado en alguna de las etapas de la ejecución del hecho; también es una manera de traducir una mayor logística en la comisión del ilícito. Esto indicaría un mayor peligro de efectiva vulneración del bien jurídico tutelado que, en principio, debe ser atendido al momento de graduar la pena a aplicar por este hecho.

Una modalidad del hurto actualmente vigente y contemplada en el art. 140 del anteproyecto es la del llamado «hurto calamitoso», que puede recaer sobre ganado existente en establecimientos rurales (o sea, abigeato). La diferencia de tipo penal, de escala sancionatoria, de capítulo donde se legislan ambas figuras en el actual Código Penal lleva a entender que se trata de dos delitos diversos.Al unificarse en el anteproyecto estas agravantes con la misma pena y en la misma norma general (que regula el hurto) (13) desaparecen tales diferencias: se trata de formas agravadas de hurto que, de hallarse presente en un hecho (por ejemplo, una crecida súbita del río que inunda campos costeros e islas y ante tal situación de «desastre» natural, el autor del hecho aprovecha para sustraer y apoderarse de los animales) no generan un nuevo delito (prohibición del non bis in ídem), sino solo se consideran para la caracterización del suceso atribuido al autor (la acción que se atribuye al autor) o para la selección de una pena en su momento.

La circunstancia de que el hecho «j) Fuere cometido o facilitado por un funcionario público, con motivo o en ocasión del ejercicio de su cargo» (art. 140) aumentará la respuesta punitiva ya que se debe tener en cuenta al momento de fijar la pena.

2. Supuestos que básicamente asemejan un robo

En cuanto a modalidades que implican formas de robo, el texto vigente contiene el art. 167 quáter, que se ocupa del asunto.

«Art. 167 quáter – Se aplicará reclusión o prisión de 4 (cuatro) a 10 (diez) años cuando en el abigeato concurriere alguna de las siguientes circunstancias:

»1.- El apoderamiento se realizare en las condiciones previstas en el artículo 164.

»2.- Se alteraren, suprimieren o falsificaren marcas o señales utilizadas para la identificación del animal.

»3.- Se falsificaren o se utilizaren certificados de adquisición, guías de tránsito, boletos de marca o señal, o documentación equivalente, falsos.

»4.- Participare en el hecho una persona que se dedique a la crianza, cuidado, faena, elaboración, comercialización o transporte de ganado o de productos o subproductos de origen animal.

»5.- Participare en el hecho un funcionario público quien, violando los deberes a su cargo o abusando de sus funciones, facilitare directa o indirectamente su comisión.

»6.- Participaren en el hecho 3 (tres) o más personas.» (Según Ley 25.890, BO:21/5/2004).

Se trata de supuestos de «abigeato agravado».

El inc. 1 agrava el abigeato por el uso de fuerza sobre las cosas o violencia en las personas. En el anteproyecto de reforma sigue tipificado en el art. 141 inc. 2 letra f: «f) Si se tratare de alguno de los supuestos enumerados en el inciso 2º del artículo precedente» (el art. 140 inc. 2 letra b habla del abigeato en la modalidad de hurto de una o más cabezas de ganado mayor o menor). La mayor «fuerza» sobre el ganado es su muerte y faenamiento en el lugar: un animal vivo, que posee vida, que es una cosa propiedad del dueño recibe la mayor fuerza concebible sobre ella, darle muerte.

En los incs. 2 y 3 nuevamente vemos que el aumento de la pena se debe a los medios o modos utilizados en la ejecución del hecho para concretar el abigeato.

Además del apoderamiento, el inc. 2 del 167 quáter vigente exige la comisión de una conducta que atente, en este caso, contra la fe pública: marca es una impresión o estampado realizado sobre la piel del animal en lugares determinados por la reglamentación, con un dibujo o diseño único asignado a cada productor ganadero por la autoridad competente, que se efectúa mediante la aplicación sobre el cuero del animal de un hierro candente, o por marcación en frío o cualquier otro procedimiento que asegure la permanencia en forma clara e indeleble y que se halle autorizado por la autoridad competente en marcas y señales de cada provincia (el registro de marcas y señales es de competencia provincial). Por su lado, la señal viene a ser un corte, incisión, perforación o grabación en la oreja del animal (en el último caso, hecha a fuego o tatuado con medios químicos o tinta; en los restantes, mediante sección de un trozo de la oreja del animal). La Ley 22.939 establece en su art. 1 que:«La marca es la impresión que se efectúa sobre el animal de un dibujo o diseño, por medio de hierro candente, de marcación en frío, o de cualquier otro procedimiento que asegure la permanencia en forma clara e indeleble que autorice la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos del Ministerio de Economía y Producción. La señal es un corte, o incisión, o perforación, o grabación hecha a fuego, en la oreja del animal. La caravana es un dispositivo que se coloca en la oreja del animal mediante la perforación de la membrana auricular. El tatuaje es la impresión en la piel del animal de números y/o letras mediante el uso de puntas aguzadas, con o sin tinta. El implante es un dispositivo electrónico de radiofrecuencia que se coloca en el interior del animal. La autoridad de aplicación podrá incorporar otros medios de identificación que por su tecnología y funcionalidad sean considerados apropiados para la identificación del ganado» (artículo sustituido por art. 2 de la Ley 26.478 ).

Estos son los medios dispuestos por la ley para identificar ganado, constituyen los que señala los incs. 2 (marcas y señales) y 3 (guías de tránsito, certificados o documentación equivalente).

Esta agravante desaparece de la norma proyectada. En caso de existir un hecho de estas características surgiría un concurso real entre el abigeato con la proyectada norma del art. 285 inc. 1 («Falsificación de marcas, contraseñas y firmas y otras falsificaciones») en la fórmula que dice: «… el que falsificare, alterare o suprimiere marcas, […] oficialmente usadas o legalmente requeridas para […] identificar cualquier objeto o certificar su calidad, cantidad o contenido, y el que las aplicare a objetos distintos de aquellos a que debían ser aplicados»; o bien con el art. 286 (desaparición de marcas a que se refiere el artículo anterior) y aun con el art. 287 («Falsificación y falsedades documentales», en su inc. 1:«… el que hiciere en todo o en parte un instrumento público falso o adulterare uno verdadero, de modo que pudiere resultar perjuicio»).

El cambio es una decisión de política criminal no cuestionable porque, en definitiva, todas las conductas actualmente sancionadas lo seguirán estando, aunque en otro modo. La discusión podría generarse en cuanto a las escalas penales utilizadas actualmente o en el texto futuro.

El agravante del inc. 3, en cambio, se justifica en la falsificación o el uso de distintos documentos falsos, esto es una referencia al modo de comisión del hecho. Es necesario recordar que todo acto sobre ganado marcado o señalado o primera adquisición de los cueros que signifique la transmisión de su propiedad deberá documentarse por los medios que disponga la autoridad de aplicación.

En el inc. 4 el agravamiento se produce porque en cualquier condición participa en el hecho una persona que tiene las condiciones que señala la norma. Como dice la doctrina, no es un delito propio porque no exige que el autor reúna una cualidad especial, sino que el agravamiento de la sanción es producido por la participación en cualquier calidad o forma de una persona que sea criador, cuidador, faenador, elaborador, comercializador o transportista de ganado o de productos o subproductos de origen animal. El agravamiento es para todos los partícipes y no solamente para quien detenta la calidad especial señalada por la norma.

El inc. 5 lo agrava en razón de que «participe» (de cualquier manera) un funcionario público que, por violación de los deberes a su cargo o abuso de sus funciones, termine facilitando la comisión del hecho típico. El funcionario público participa «en abuso de sus funciones» o «violando los deberes a su cargo», y estas circunstancias son las que facilitan directa o indirectamente la comisión del abigeato.

Por último el inc. 6 agravaba el tipo por la participación de más de tres personas.No se exige otra cosa que la pluralidad de «partícipes» en la ejecución del hecho ilícito, en cualquier actividad que implique la toma de intervención en la ejecución del hecho.

En el anteproyecto se postula en el art. 141 el inc. e, que agrava el robo «si participaren concertadamente tres o más personas».

Como el inc. f proyectado también agrava el robo en caso de tratarse de los casos tipificados en el art. 140 inc. 2 (dentro de los que figura el apoderamiento de una o más cabezas de ganado que se encuentre en establecimientos rurales realizado con fuerza en las cosas, intimidación o violencia en las personas) resulta que la perpetración del delito de abigeato con fuerza, intimidación o violencia y la participación «concertada» de tres o más personas servirá para establecer la pena en caso de condena, pero no es un segundo hecho distinto del original. El mismo ilícito, única acción sometida a juzgamiento, contiene elementos que demuestran el aumento del peligro corrido por los bienes de terceros, por las propias personas de estos (como en el caso del inc. 3 del proyectado art. 141, que aumenta la punición del robo en caso de «peligro de muerte» de la víctima), habrá mayor poder de vulneración del bien jurídico, mayor seguridad de obtener el resultado propuesto al cometer el delito, todos ellos elementos que demuestran la justicia, razonabilidad, merecimiento o necesidad (según la teoría que se adopte sobre los fines de la pena) de una mayor sanción o respuesta punitiva. Es una «mayor» voluntad de vulnerar, quebrantar la norma penal, no una «nueva» voluntad de hacerlo distinta de la originaria.

IV. ANÁLISIS DE LA ESTRUCTURA DE LOS TIPOS PENALES PROPUESTOS EN EL ANTEPROYECTO

Es conveniente, ahora, hacer una referencia somera a los elementos de estos tipos penales contenidos en el anteproyecto para observar si se presentan diferencias notorias con la actual regulación.

1. Abigeato simple.La norma legal proyectada en estudio

La primera tipificación corresponde al delito básico de abigeato, que denomina la doctrina como «simple». Reitero que se trata del propuesto como art. 140, que dice literalmente (siempre sobre lo concerniente al tema de esta nota): «Hurto

»1. Será reprimido con prisión de 6 (seis) meses a 2 (dos) años o multa de 5 (cinco) a 50 (cincuenta) días, el que se apoderare ilegítimamente de una cosa mueble, total o parcialmente ajena.

»2. El máximo de la pena será de 6 (seis) años cuando: […]

»b) Se tratare de una o más cabezas de ganado mayor o menor, que se encontrare en establecimientos rurales, o en ocasión de su carga, transporte, escalas o entrega en destino».

El abigeato simple es, en el anteproyecto, un hurto calificado de una o más cabezas de ganado en las circunstancias que señala el inc. 2, letra b. Omito los incs. g y f por cuanto, como dije, no constituyen un nuevo tipo penal, sino particulares maneras de cometer el hecho típico o de participar en el mismo sin que se modifique la penalidad ni la acción primaria que es el apoderamiento ilegítimo.

La primera diferencia que se observa es la que versa sobre la escala penal: de dos a seis años en la actual legislación, de seis meses a seis años en la proyectada. Como dije, aumenta el máximo, pero el mínimo concuerda con la forma básica de hurto. Ahora bien, el anteproyecto aumenta la pena mínima del hurto de un mes a seis meses.

El bien jurídico protegido sigue siendo el mismo: el derecho de propiedad sobre el ganado mayor o menor.

A. Tipo objetivo

En cuanto al sujeto activo, no presenta diferencia con la norma actual: cualquiera puede ser sujeto activo de este delito. La circunstancia de ser funcionario público quien comete o facilita el hecho con motivo o en ocasión de sus funciones no agrava el abigeato, sino otras formas de hurto simple que no se encuentran tipificadas en el inc.2.

La pluralidad de partícipes activos no agrava el tipo, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad. Sin embargo, el texto propuesto como art. 18 («Fundamentos para la determinación de la pena») en su inc. 3 establece que: «3. Por regla general, serán circunstancias de mayor gravedad: a) La pluralidad de agentes», por lo tanto, la existencia de varias personas cumpliendo roles de partícipes en el hecho implicará una mayor cantidad de sanción en caso de que corresponda, dentro de la escala punitiva establecida en la norma típica.

Tampoco hay requisitos especiales para el sujeto pasivo.

La acción típica como en el hurto consiste en «apoderarse ilegítimamente». Apoderarse requiere primeramente «desapoderar» al titular del derecho para luego «apoderarse» (el autor de la acción) del objeto que había desapoderado al propietario. Más allá de las teorías todavía en pugna, parece mayoritaria la posición que señala que el hurto y el robo (consecuentemente, el abigeato en cualquiera de sus formas) solo se pueden considerar consumados cuando, «además de desapoderarse al sujeto pasivo, el activo -parejamente- se ha apoderado de la cosa, que es la teoría de la disponibilidad» (del voto del Dr. SAL LLARGUÉS, al que adhieren los Dres. BIOMBO y NATIELLO -mayoría- «D. L. M. F. s/ recurso de casación», Tribunal de Casación Penal de Buenos Aires, Sala I, 23-dic-2008, en MJJ41788 ). El abigeato, como parte de la familia del hurto, comparte sus características definitorias. Debe existir un «desapoderamiento» del propietario de los animales por parte del autor o autores que, acto seguido, deben «apoderarse» ellos mismos del producto. También podría acontecer que se desapodere para apoderar a un tercero. Esto se resuelve conforme a las reglas de la participación y a las teorías de la acción y del autor que se adopten.

En Santa Fe se ha resuelto que:«El desapoderamiento no implica, por sí mismo, el apoderamiento […] El desapoderamiento sin apoderamiento puede constituir una tentativa de hurto […] El apoderamiento se caracteriza por la posibilidad de que el agente pueda realizar sobre la cosa actos materiales de disposición y que haya tenido su origen en la propia acción, por haber carecido antes de ella (cuando el agente ha tenido esa posibilidad antes de realizar la acción, se podrá estar ante otros delitos, pero no el de hurto)» («M. A. P. s/ hurto calificado, robo calificado y robo simple», Cámara de Apelación en lo Penal de Venado Tuerto, 30-abr-2013, MJJ80065 ) y en tal sentido que se ha consumado el hurto calificado cuando «el encartado fue aprehendido a varias cuadras del lugar del hecho y, por ende, tuvo poder de disposición sobre los efectos sustraídos, de los que paralelamente desapoderó al damnificado» («E. A. O. s/ hurto agravado por escalamiento y por la participación de un menor de edad y otro», Cámara de Apelaciones en lo Penal de Rosario, Sala III, 14-abr-2011, MJJ68351 ).

Tengo presente que el tipo penal protege el derecho de propiedad, manteniendo vigencia la jurisprudencia que refiere a la insignificancia del valor económico del objeto concreto sustraído. La Corte Suprema de Justicia de la Nación y los tribunales inferiores han señalado desde antaño que «la figura [del hurto y, por ende, del robo] protege el derecho de propiedad en sentido amplísimo […] En consecuencia, de la manera como se encuentra legislado el hurto, cualquiera que sea la magnitud de la afectación del bien tutelado que resulte como consecuencia del apoderamiento ilegítimo, en tanto no se prevén grados ni límites, hace que la conducta quede comprendida en el referido art.162 […] Es que no se atiende a la entidad de la lesión patrimonial, sino a la violación al derecho de propiedad, independientemente del mayor o menor valor de la cosa, aspecto que es relevante solo a los fines de graduar la pena» («Adami Leonardo Esteban; Vázquez Fendrik Horacio Daniel s/ hurto», Corte Suprema de Justicia de la Nación, 25-sep-1986, en MJJ19930 ). En similar sentido: «… el bien jurídico tutelado por el delito de hurto es el derecho de propiedad, entendido en el sentido amplio que le asigna la CN» («B. D. A. s/ procesamiento – hurto tentado», Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, Sala VII, 10-mar-2011, en MJJ63707 ). O también: «… la figura en análisis -robo- […] no distingue graduación alguna en lo que respecta a la lesión del bien jurídico tutelado -propiedad-. Es que la protección hacia tal derecho es tan amplia que este se verá afectado, más allá del valor económico que la cosa en sí posea. En definitiva, el bien jurídico se lesiona o no se lesiona y, si se lesiona, la acción quedará subsumida, en principio, en el tipo penal. Y eso ocurrirá más allá del valor económico que el bien posea». («Morales Sandoval Sergio Maximiliano y otro», Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, Sala V, 20-jun-2007, en MJJ13303 ).

El anteproyecto hace expresa mención al principio de insignificancia bajo la forma de una exención de pena en el art. 19 inc. 1, diciendo: «… 1. Exención de pena. Insignificancia. No se impondrá pena alguna cuando el daño o el peligro para el bien jurídico fueren insignificantes». Es decir, que no se elimina la antijuridicidad de la acción (porque el daño o peligro para el bien jurídico, pese a ser insignificante, continúa existiendo), sino la punibilidad.Y lo que determina la exención es «daño o peligro para el bien jurídico tutelado» no para el objeto material sustraído, lo que podría generar distinciones al menos en plano de hipótesis.

Todo esto es plenamente aplicable al abigeato. Más allá de que con los valores de mercado del ganado mayor o menor, salvo un ternero o cría muy pequeño, no podrá hablarse de insignificancia del valor económico del objeto del delito.

En la nueva redacción que se pretende legislar presenta un par de características:

a) El objeto de la acción de apoderarse ilegítimamente: Debe tratarse de «ganado mayor o menor». Remito a la explicación del significado de estos términos en la nota 2. No quedan comprendidas en esta figura, sino que será hurto simple (salvo la concurrencia de otra circunstancia calificante, por ejemplo, funcionario público) el apoderamiento de: aves (en establecimientos avícolas o en inmuebles particulares), animales de pelo como nutrias, conejos, peces (criadores ictícolas), etc. Y será abigeato calificado por fuerza en las cosas el supuesto de faenamiento del animal.

b) El lugar o la ocasión en que se produce el hecho típico: Debe tratarse de ganado ubicado efectivamente «en establecimientos rurales», expresión que está definida en el art. 63 inc. h del anteproyecto como «todo inmueble que se destine a la cría, mejora o engorde del ganado, actividades de tambo, granja o cultivo de la tierra, a la avicultura u otras crianzas, fomento o aprovechamiento semejante», con redacción idéntica a la fórmula utilizada en el actual art. 77, o bien se debe tratar de ganado mayor o menor del que se apodere ilegítimamente el sujeto activo «en ocasión de su carga, transporte, escalas o entrega en destino» conteniendo similar (aunque no idéntica) redacción que el actual 1º párr. del art. 167 ter.En definitiva, se precisa que la acción de apoderarse ilegítimamente del ganado sea realizada en un lugar típico (el «establecimiento rural»), o bien en ocasión o circunstancia de su transporte, considerando este desde que principian las actividades de carga del ganado hasta su total descarga y entrega en destino. La descarga en destino sin entrega efectiva al destinatario o persona por este autorizada a recibir el ganado no concluye el «transporte», por lo que el apoderamiento en ese momento seguiría precipitando en esta figura. Esto no es «extensión» del tipo, sino aplicación literal de la norma típica.

El apoderamiento debe ser «ilegítimo». Este elemento, la ilegitimidad, quiere decir ni más ni menos que se realizará sin autorización o permiso de alguna norma del ordenamiento jurídico vigente; que la acción y efecto de tomar para sí y para ejercer sobre la cosa el derecho de dominio por parte del autor del ilícito se realiza o ejecuta sin que ninguna norma jurídica lo autorice.

Suele llamarse, siguiendo la enseñanza de ZAFFARONI, como elemento normativo de recorte al recaudo de que el apoderamiento sea «ilegítimo» o, mejor dicho, que se realice «ilegítimamente».

B. Tipo subjetivo

El delito es doloso. No admite una figura culposa. Sería admisible el dolo eventual, que presenta circunstancias muy especiales que lo hacen raro de aparecer.

La norma proyectada en el art. 6 mantiene el sistema del número cerrado para los delitos culposos de nuestra legislación al establecer: «1. Se impondrá la pena correspondiente al delito por imprudencia o negligencia, si estuviere previsto,…», lo que es una decisión de política criminal respetable que mantiene la tradición legislativa nacional. De tal modo, no existe el «abigeato culposo».

El conocimiento que caracteriza el dolo en este tipo penal se dirige al objeto de la acción (ganado mayor o menor), a la ajenidad de este (total o parcialmente ajeno) y a la ilegitimidad (falta de razones jurídicas) del apoderamiento.Es razonable concluir que, conocidas estas circunstancias, la acción de apropiarse (igualmente) del ganado demuestra la pertenencia de la conducta al sujeto actuante, o, en otras palabras, permite imputársela. Por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, al confirmar la sentencia de la anterior instancia, sostuvo que «el delito en cuestión solo requiere «el conocimiento del carácter del objeto, la ausencia de autorización y la voluntad de tenerlo de ese modo», no siendo por ende necesario «ningún otro elemento subjetivo distinto del dolo»». (14)

C. El error

El error sobre el objeto del apoderamiento, el ganado propiamente dicho, parece imposible dado que quienes se dedican a la actividad pueden diferenciar fácilmente el ganado, las marcas o señales y la pertenencia a uno u otro rodeo, esto es a un propietario u otro.

El error sobre la ilegitimidad del apoderamiento de ganado es igualmente poco probable si nos referimos a vacunos y yeguarizos o ganado caballar, desde que existen regulaciones relativas a marcas, señales y registro genealógicos de este tipo de ganado, sumamente conocidos en el ámbito rural, de fácil percepción y reconocimiento por quienes se dedican a la ganadería; de modo que es imposible o muy difícil de invocar un error de marca o de señal para justificar la apropiación y desapoderamiento. Sí podría existir error con relación a la causa jurídica que autorizara el apoderamiento que caracteriza al tipo penal, pero en el estado actual de la tecnología y los controles sobre ganado vacuno o caballar también resulta difícil de imaginar un caso así. Eran frecuentes antaño cuando se vendían los campos con el ganado existente encima, por tanto, sin contar, ya que en ese escenario podía terminar apropiándose de ganado de un propietario vecino ocasionalmente en el campo adquirido.En cambio, el error es más factible de ocurrir tratándose de ganado porcino, ovino, caprino e incluso ganado formado por mulas y asnos desde que estos suelen carecer de marcas o señales distintivas, salvo el proveniente de criaderos y en este caso a los fines del control fitosanitario y la trazabilidad del alimento futuro o de «pedigree».

Pero es posible el error de prohibición, es decir, que el sujeto activo crea que, por ejemplo, por una deuda de la que es acreedor, puede tomar en pago ganado del supuesto deudor-víctima, que estaba por una sociedad de hecho o alguna forma contractual en poder del autor o de un tercero. No es un caso tan extraño en algunas zonas de l a República donde el grado de penetración cultural del respeto por las normas jurídicas no ha logrado un nivel aceptable.

D. Participación

El abigeato admite la participación de más de una persona en el hecho, partícipes que pueden serlo de distinto tipo. También puede tratarse de coautores.

Generalmente es frecuente la aparición de encubridores en este tipo de delito, sea que reciban los animales sustraídos en inmuebles ajenos para ocultamiento o por haberlos adquirido ilegítimamente, en procura de reunirlos con un grupo de similares características.

E. Tentativa. Consumación del tipo. Desistimiento

La ejecución del apoderamiento ilegítimo de una o más cabezas de ganado mayor o menor, en la práctica, requiere de un determinado tiempo según las condiciones del lugar. Como no concluye ese «apoderamiento», sino cuando el autor esté en condiciones de disponer como dueño del objeto apropiado o apoderado, es posible la tentativa:en caso de trasladar el animal mediante arreo, es sorprendido cuando traspone o sale de las tranqueras o alambrado del inmueble donde se encontraban pastando los animales; o es sorprendido mientras realiza la tarea de carga de los animales que pretende apoderarse en algún vehículo motorizado o cortando los alambrados perimetrales, etc.

Es aplicable en esta cuestión la doctrina y jurisprudencia sobre la diferencia entre hurto (o robo) tentado y consumado.

Lógicamente, el tipo se consuma cuando el autor está en condiciones de disponer del ganado sustraído: cuando lo ha trasladado a otro campo, lo lleva en viaje en una ruta lejos del lugar de origen o lo tiene guardado en algún inmueble de su pertenencia, o sobre el cual tenga derecho de uso y disfrute. Hasta tanto ello ocurra, es posible el desistimiento voluntario de la acción ilícita.

2. Abigeato agravado. Norma proyectada

La segunda tipificación corresponde al abigeato «agravado» desde que no solo la pena es mayor, sino que requiere de especiales características o circunstancias. Como dice BACIGALUPO, «el catálogo de agravantes y atenuantes […] pertenece sistemáticamente más al ámbito de individualización de la pena que al de la teoría del delito […] se trata de circunstancias que requieren, por regla, la concurrencia de elementos objetivos y subjetivos que, en la medida en la que están especificados en la ley, completan, cuando es el caso, la descripción típica del hecho, incorporándose al tipo objetivo […] o describiendo una particularidad subjetiva […] Por ello es posible decir que las circunstancias agravantes y atenuantes completan accidentalmente la descripción típica y, consecuentemente, se rigen por las reglas de la tipicidad en lo referente a la subsunción y a la conexión que debe existir entre el tipo objetivo y el subjetivo». (15) En definitiva, todas estas circunstancias aumentan la gravedad del injusto penal. (16) El apoderamiento es producido en circunstancias que le confieren una mayor gravedad para el derecho. Concretamente, coinciden con las formas típicas del robo.

Está tipificado en el esbozado art. 141, que dice en lo que nos interesa:«Robo

»1. Será reprimido con prisión de 6 (seis) meses a 6 (seis) años, el que se apoderare ilegítimamente de una cosa mueble, total o parcialmente ajena, con fuerza en las cosas o con intimidación o violencia en las personas, sea que la violencia, intimidación o fuerza tuviere lugar antes del robo para facilitarlo, en el acto de cometerlo o después de cometido para procurar su impunidad.

»2. Se aplicará prisión de 3 (tres) a 12 (doce) años: […]

»f) Si se tratare de alguno de los supuestos enumerados en el inciso 2º del artículo precedente. [Recordar que el inc. 2 letra b del art. 140 tipifica el abigeato simple] [….]

»5. En el supuesto del apartado b) del inciso 2º del artículo 140, y en el correspondiente en función del apartado f) del inciso 2º de este artículo, sufrirá, además, inhabilitación por el doble de tiempo de la condena, todo partícipe que desempeñare alguna actividad de crianza, comercialización, cuidado, faena o transporte de ganado».

A. Tipo objetivo

Refiriéndome al sujeto activo de esta forma de abigeato, no requiere características especiales, salvo en cuanto a la mayor sanción que prevé el inc. 5 del art. 141 para el caso de tratarse de «partícipe» que desempeñe las tareas allí establecidas, que no integra la descripción típica del hecho básico en sí. No presenta diferencias con la forma «simple» que se pretende legislar.

Tampoco hay diferencias en cuanto al sujeto pasivo. Este no tiene exigencias o particularidades de ningún tipo.

La acción típica mantiene las características de desapoderamiento en relación al propietario de los animales y apoderamiento por el autor del hecho, tal como en la forma simple. Es una acción que sigue siendo «ilegítima».

Sin embargo, se está en presencia de una modalidad delictiva que requiere, para que se tipifique, las características del obrar que señala el inc. 1 del art. 141:«… fuerza en las cosas o con intimidación o violencia en las personas, sea que la violencia, intimidación o fuerza tuviere lugar antes del robo para facilitarlo, en el acto de cometerlo o después de cometido para procurar su impunidad».

La fuerza, como se sostiene en doctrina y jurisprudencia, es «la que el agente dirige a superar la resistencia que le opone la cosa misma u otros reparos relacionados con ella, con el fin de lograr el apoderamiento». (17)

Ejemplo típico de esta fuerza en el abigeato es el corte de alambrados, de candados de tranqueras, la rotura o retiro de postes del mismo o como se dijo, la muerte y faenamiento del animal.

Sobre el lugar o la ocasión de la acción, como es una forma agravada del tipo básico, se aplican las mismas exigencias ya mencionadas en relación al art. 140 inc. 2 letra b.

B. Tipo subjetivo

Desde que el hecho, para precipitar en este tipo, requiere que: a) sea cometido «con fuerza en las cosas o con intimidación o violencia en las personas», b) de la voluntad del autor de «apoderarse» (querer convertir algo ajeno en propio) y c) el conocimiento de la ajenidad total o parcial del ganado, solo puede cometerse con dolo. No es fácil encontrar una forma de dolo eventual aplicable a este tipo de hechos, porque, como señalé más arriba, la marcación, señalización o tatuaje de animales del ganado mayor o menor torna casi imposible otra modalidad que no sea el dolo directo. La predisposición de ánimo o del querer hacer del sujeto activo y la finalidad perseguida (ejercer fuerza, violencia o intimidación «para») es lo que convierte en extremadamente académico o de laboratorio algún caso de dolo eventual.

C. El error

Me remito a las consideraciones que efectué en la figura básica, por ser similares las que corresponden a la que analizo ahora.

D.La participación

La forma agravada de abigeato no presenta dificultades en admitir todos los modos de participación en el ilícito ajeno, e incluso admite, desde luego, la coautoría del hecho.

La participación de «que desempeñare alguna actividad de crianza, comercialización, cuidado, faena o transporte de ganado» conlleva una mayor sanción para este partícipe, que lo puede ser en cualquier calidad o grado.

E. Tentativa y consumación

Como se requiere fuerza en las cosas, violencia o intimidación en las personas «antes», «durante» o «luego» del hecho y «para» apoderarse ilegítimamente del ganado a fin de que califique como abigeato agravado, se debe admitir la tentativa.

En algún momento de ese proceso de fuerza, violencia o intimidación realizada para consumar el desapoderamiento y posterior apoderamiento, aquellas pueden cesar por causas ajenas a la voluntad del autor. Ejemplo: cortados los alambrados perimetrales y en ocasión de ingresar al fundo rural para apoderarse de las cabezas de ganado, el o los autores son descubiertos por una patrulla policial, abandonando presurosos el lugar. Aquí, aunque se hubieran cortado los alambrados mediante fuerza en las cosas, y reunido un grupo de vacunos para ser arreados fuera del predio donde pacían, el «desapoderamiento» no logró concretarse. Y, en el mismo ejemplo, si comenzaron a ser trasladados a pie y mediante arreo los animales sin que hayan podido alejarse más que unos metros del campo donde fueron sustraídos, tampoco existe «apoderamiento» por el autor o autores del hecho, según doctrina y jurisprudencia mayoritaria.

Por lo mismo (que se trata de un hecho que requiere de cierto tiempo para concretarse), puede darse el desistimiento del mismo, cuando el autor o autores voluntariamente dejan de realizar las acciones tendientes a la concreción del ilícito (en el primer caso del párrafo anterior, cortados los alambrados y reunidos algunos ejemplares del ganado mayor, los autores se van sin desapoderar al dueño ni apoderarse ellos de los mismos).

F. Desistimiento: distinción

Es interesante pensar lo siguiente:si el animal ha sido faenado, el abandono voluntario y definitivo de la carne u otros productos -cuero, por ejemplo- por el/los autor/es sin utilizarlos también es consumativo del delito y aunque se produzca inmediatamente «al lado del establecimiento rural» donde se produjo el hecho.

Si tomamos el «abandono de la posesión o tenencia» de la carne como concepto jurídico, según el art. 2454 del Código Civil, la posesión «Se pierde […] cuando el poseedor, siendo persona capaz, haga abandono voluntario de la cosa con intención de no poseerla en adelante». La posesión de la carne y productos del animal ajeno es «posesión viciosa» (art. 2364 CCiv: «… cuando fuere de cosas muebles adquiridas por hurto, estelionato, o abuso de confianza») o «violenta» (art. 2365 CCiv: «… cuando es adquirida o tenida por vías de hecho, acompañadas de violencias materiales o morales o por amenazas de fuerza»), pero siempre es posesión. Es decir, que para abandonar debió tener la posesión de la cosa mueble y esta posesión ya indica el elemento del «apoderamiento» por el/los autor/es.

Más fácil es llegar a la misma conclusión s i no parto del concepto jurídico de «abandono de la posesión o tenencia de la cosa» y simplemente lo considero como la voluntad de no continuar con el apoderamiento o la exteriorización del arrepentimiento por el daño cometido. Porque, en cualquier caso, no hay manera de reintegrarle al dueño del ganado las cosas al estado anterior al hecho ilícito: al faenar el ganado, se desperdician muchas partes del animal, sin hablar de que es sacrificado, lo que podría no ser la voluntad anterior al hecho del dueño que pensaba otro destino u otro momento para el faenamiento del ganado.Si se pudieran restituir las cosas a ese estado previo al ilícito, ocurriría como que el delito no existió; en este supuesto, no es factible.

El desistimiento «borra» el ataque al bien jurídico protegido si el dueño del animal recupera al mismo sin mengua alguna significativa en su derecho de propiedad salvo la momentánea pérdida de la posesión y disponibilidad, que es lo que no acontece cuando fue sacrificado y se le devuelve la carne: no recupera su ganado, sino parte de su ganado, la carne o el cuero, no así lo demás. Quien se apoderó del vacuno, matándolo, se apropió de la carne y/o del cuero, por más que luego no los aproveche para sí o venda, sino que los abandone, ya cometió el delito porque el dueño del ganado nunca va a recuperar la totalidad de su «propiedad» afectada por el ilícito: «su propiedad» era un animal vivo, ahora recupera pedazos de animal muerto.

El dueño del animal no puede consumir la carne, ni siquiera se puede hacer cargo de la res furtiva porque esa carne fue faenada bajo condiciones insalubres, contradiciendo las leyes federales o provinciales que regulan las normas higiénicas y de seguridad alimentaria para el faenamiento de ganado, por lo que se está en presencia de una contravención, cuyo partícipe (si recibiera la carne mal faenada) viene a resultar el propio propietario del animal. La carne no puede consumirse legalmente, y debe quemarse por razones bromatológicas.

A su vez, entiendo que el autor podría pagar el valor de mercado del animal faenado, como modo de restituir las cosas a un estado similar al anterior al delito. En este caso, el delito (si consumado o no) podría resultar materia opinable. En Santa Fe por imperio del Código Procesal Penal vigente (Ley 12.734 y modif.) el fiscal o la defensa pueden pedir el cese total o parcial de la persecución penal por aplicación del criterio de oportunidad, art. 19 inc.5.

Con el animal vivo (en pie), en cambio, el abandono del mismo, aunque solo puede hacerlo quien se apropió (como en el caso de la carne o cuero) y por ende consumó el delito, al ser posible restituir el ganado tal cual estaba antes del ilícito, sin daños o pérdidas de importancia, debe beneficiar al autor del hecho. No puede tratarse igual que el supuesto anterior donde sí existe una disminución en el derecho de propiedad. Si el animal no está lejos del lugar donde pastaba y del que fuera sustraído es posible considerar que existió un desistimiento voluntario de la acción que beneficia al autor. En cambio, si lo abandona a gran distancia del lugar del apoderamiento, estaríamos frente a un ilícito consumado y un desistimiento poco eficaz para borrar o amenguar la ilicitud de su conducta, aunque es igualmente discutible en el caso de que el propietario recupere el ganado sin pérdidas significativas.

V. AGRAVACIÓN POR EL PELIGRO O EL RESULTADO DE MUERTE DE UNA PERSONA

Dice el mismo art. 141 proyectado: «… 3. El mínimo de la pena será de 5 (cinco) años de prisión, cuando en el supuesto del apartado a) del inciso anterior, por la violencia la víctima hubiere corrido peligro de muerte.

»4. Si las violencias ejercidas para cometer el robo causaren la muerte en los términos del artículo 83, el máximo de la escala penal será de 18 (diez y ocho) años; si causaren las lesiones del inciso 2º del artículo 95, este máximo será de 15 (quince) años».

Acá sí estamos en presencia de una nueva agravante: al abigeato con fuerza en las cosas o intimidación o violencia en las personas (que era la forma básica de abigeato agravado proyectada) se suman dos circunstancias calificantes del suceso. Debe tratarse de una víctima la que recibe la acción violenta y sufre el riesgo de muerte o directamente resulta muerta en el hecho.Son víctimas «las personas que individual o colectivamente hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo substancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados miembros, incluida la que proscribe el abuso de poder. En la expresión víctima se incluye además, en su caso, a los familiares o personas a su cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir su victimización». (18) En forma similar la define las 100 Reglas de Brasilia sobre Acceso a la Justicia de las Personas en Condición de Vulnerabilidad, aprobadas en la XIV Cumbre Judicial Iberoamericana celebrada en Brasilia en el año 2008: «… se considera víctima toda persona física que ha sufrido un daño ocasionado por una infracción penal, incluida tanto la lesión física o psíquica, como el sufrimiento moral y el perjuicio económico. El término víctima también podrá incluir, en su caso, a la familia inmediata o a las personas que están a cargo de la víctima directa».

La primera agravante está constituida por la eventualidad de que la violencia ejercida sobre la víctima colocó a esta en peligro de muerte. Un peligro real y concreto, no meramente hipotético, es decir, debe verificarse que en el caso concreto, la víctima concreta y determinada haya sufrido este tipo de peligro sobre su vida. Cuestión a determinar con las evidencias del hecho, imposible de establecer con anterioridad al caso concreto.Solo las violencias «sobre la víctima» que ponen en peligro su vida agravan el hecho; no ocurrirá así en caso de riesgo de muerte soportado por quienes no sean calificables como víctimas, por ejemplo, partícipes del delito.

Mayor carga sancionatoria, por razones de la mayor delictuosidad del obrar del o de los autores o la mayor dañosidad del resultado, es la contingencia de que violencias ejercidas sobre la víctima para cometer el robo causaren la muerte en los términos del art. 83.

Este artículo del anteproyecto sanciona el homicidio culposo: «1. […] el que por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión, o inobservancia de los reglamentos o los deberes a su cargo, causare a otro la muerte. 2. Si el resultado fuere plural, o si la infracción al deber de cuidado fuere temeraria, el máximo de la pena de prisión será de 8 (ocho) años».

Cabe señalar que no se incluye el homicidio con motivo de robo del art. 165 actual. La razón la dan los propios redactores del anteproyecto en sus fundamentos.

«El artículo 165º vigente ha provocado discusiones de todo tipo […] resulta que en la práctica, el artículo 165º suele funcionar como un privilegio respecto del homicidio calificado. Si se la interpreta en el sentido de que resuelve un concurso con el homicidio culposo, la pena resulta desproporcionada; si se considera que el homicidio es doloso, es un privilegio poco explicable. Lo cierto es que en la jurisprudencia -a decir verdad- se le emplea muchas veces en este último sentido, constituyendo una fuente de lenidad inexplicable […] Lo que el texto proyectado propone es lo siguiente:El homicidio doloso cometido con la violencia del robo, es homicidio calificado criminis causa y su pena llega a treinta años (artículo 77º, inciso 2º, apartado a). Las lesiones graves y gravísimas cometidas dolosamente con la violencia del robo son lesiones calificadas criminis causa cuyas penas máximas son de diez y de dieciocho años respectivamente (artículo 94º inciso 1º). El homicidio culposo resultante de la violencia del robo no se resuelve conforme a las reglas generales del concurso ideal, sino conforme a las de concurso real…»

Por lo tanto, no es necesaria norma legal alguna para supuestos como los que pretende legislar el actual art. 165.

Siempre ha de entenderse que estamos hablando de las violencias «sobre la víctima» porque este inciso continúa la idea del anterior y es una forma más agravada de la circunstancia contenida en el anterior, el que expresamente habla de violencias sobre la víctima.

VI. UNA DIFERENCIA INTERESANTE

El art. 167 quáter vigente establece como modalidad de abigeato agravado aquel en donde «… 4.- Participare en el hecho una persona que se dedique a la crianza, cuidado, faena, elaboración, comercialización o transporte de ganado o de productos o subproductos de origen animal. 5.- Participare en el hecho un funcionario público quien, violando los deberes a su cargo o abusando de sus funciones, facilitare directa o indirectamente su comisión». La agravación del delito es para todos los partícipes por la sola circunstancia de que uno de ellos detente las condiciones indicadas en el tipo.

En el anteproyecto, no existe la agravación del abigeato por la participación de tres o más personas (inc. 6 del art. 167 quáter); existe en cambio la agravación del robo si «e) Si participaren concertadamente tres o más personas» (art. 141 inc. 2), que entiendo no es aplicable al abigeato, que ya es un robo calificado. Pero es notable la diferencia en cuanto a la comunicabilidad de la circunstancia agravante:en el texto actual vigente, uno posee la calidad señalada en la norma y para todos los partícipes es un delito agravado. En el anteproyecto, desaparece tal comunicabilidad ya que únicamente sufre una mayor sanción (pena de inhabilitación) el sujeto activo concreto cualificado: el art. 141 dice en el inc. 5: «En el supuesto del apartado b) del inciso 2º del artículo 140, y en el correspondiente en función del apartado f) del inciso 2º de este artículo, [sufrirá, además, inhabilitación] por el doble de tiempo de la condena, [todo partícipe] que desempeñare alguna actividad de crianza, comercialización, cuidado, faena o transporte de ganado» [énfasis añadido].

Decisión de política criminal competencia del legislador. No merece reparos desde el punto de vista teórico.

VII. CONSIDERACIONES FINALES

En el anteproyecto de reforma al Código Penal se habla de que la Ley 25.890, que introdujo una modificación del Código Penal en materia de abigeato, estaría «caducada por objeto cumplido» (nota 36, p. 29). Valorar esto es difícil porque la realidad muestra que, lejos de aminorarse o controlarse el delito en cuestión, goza de «buena salud» y como desde 2008 el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación no publica estadísticas de delitos cometidos («Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC)», estadísticas elaboradas por la Dirección Nacional de Política Criminal en el marco de lo dispuesto por la Ley 25.266 , que faculta a la dirección a requerir información estadística a diferentes organismos oficiales con el fin de confeccionar los informes correspondientes). (19)

De modo que entiendo necesario mantener una regulación especial sobre el particular para que las normas no queden disociadas de la realidad a la que se aplican o aplicarán. En derecho penal o procesal penal, la ficción genera:impunidad, barbarie (linchamientos), ausencia de prevención y falta de reacción justa del Estado, anomia y descrédito de las instituciones.

De hecho el anteproyecto cumple esta misión de regular o legislar sobre abigeato de un modo diferente que el código actual.

Los fundamentos del anteproyecto señalan que «los artículos agregados por la Ley 25.890 han sido reordenados y sus disposiciones introducidas en el texto proyectado, teniendo en cuenta que provocaba una desagregación innecesaria para la previsión de las conductas. La amplitud de la escala prevista para el robo permite valorar adecuadamente la extensión del daño, teniendo en cuenta que el abigeato, por lo común, se comete con alguna fuerza en las cosas (corte de alambrada, rotura de candados, etc.)».

Como expliqué, la redacción propuesta al tema del abigeato nos permite distinguir dos modalidades comisivas proyectadas:

a. aquella en la que la sustracción de «una o más cabezas de ganado mayor o menor, que se encontrare en establecimientos rurales, o en ocasión de su carga, transporte, escalas o entrega en destino» se realice sin fuerza en las cosas o con intimidación o violencia en las personas, sea que la violencia, intimidación o fuerza tuviere lugar antes para facilitarlo, en el acto de cometerlo o después de cometido para procurar su impunidad (interpretación del art. 140, a la luz de la primera parte del art. 141);

b. la otra, en la cual se utiliza la fuerza en las cosas, la intimidación o la violencia en las personas antes del hecho, para facilitarlo, en el acto de cometerlo o después de cometido para procurar su impunidad (art. 141).

De manera que el abigeato viene a ser simplificado, estableciendo solamente dos formas típicas, la segunda (propia del robo) con las agravaciones que en general se establecen para el robo: «Si las violencias ejercidas para cometer el robo causaren la muerte en los términos del artículo 83» (art. 141 inc.4) y la agravación establecida para «todo partícipe que desempeñare alguna actividad de crianza, comercialización, cuidado, faena o transporte de ganado» (art. 141 inc. 5).

Podríamos denominar cada una de estas figuras típicas proyectadas como: a) abigeato simple, b) abigeato agravado por el modo de comisión, c) abigeato agravado por el resultado de muerte y d) abigeato agravado por la calidad personal de un partícipe.

Si consideramos las escalas penales vigentes para el abigeato simple y los agravados con las proyectadas, se observa una reducción importante.

En la actualidad, el abigeato simple tiene una sanción de dos a seis años de prisión. En el anteproyecto, es de seis meses a seis años. Se baja el mínimo.

El agravamiento del último párrafo del art. 167 ter (primera modalidad agravada del abigeato en el texto actual) tiene una sanción de tres a ocho años de prisión; en el anteproyecto esta forma de agravamiento no existe.

Por último, los casos de abigeato agravado del art. 167 quáter tienen sanción de cuatro a diez años de prisión, mientras que los correspondientes al art. 141 proyectado, de tres a doce años (aumenta el máximo, pero disminuye el mínimo). Si se pone en peligro la vida de la víctima a causa de las violencias del hecho, el mínimo asciende a cinco años y dándose el resultado de muerte de la víctima, el máximo asciende a dieciocho años de prisión.

Queda ahora al debate social, jurídico y político (que debió darse antes de elaborar el anteproyecto, a mi criterio) decidir qué suerte correrá la propuesta de reforma al Código Penal, como en particular y especialmente en cuanto a este delito en particular. Quienes no viven cerca de los medios agrícolas ganaderos desconocen la trascendencia y la importancia económica que los hurtos y robos «campestres» tienen.Los legisladores de provincias afectadas por el abigeato son muchos y son mayoría, pero como nuestros políticos tienen más respeto por la «obediencia partidaria» que por su responsabilidad institucional y constitucional de legislar en favor del bien común el futuro del proyecto es incierto en este tema particular.

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(1) Me viene a la memoria el II Congreso Pedagógico Nacional, impulsado por la Ley 23.114 del 23 de noviembre de 1984, que llamó al debate y la participación a «todos los niveles de enseñanza, estudiantes, padres, cooperadoras escolares, gremialistas, docentes, estudiosos del quehacer educativo y al conjunto del pueblo a través de los partidos políticos y organizaciones sociales representativas» y que generó (al menos en sus comienzos) muchos aportes y participaciones de distintos y numerosos sectores de la comunidad.

(2) No suelen, quienes opinan en ciencias sociales, aclarar el punto de partida de su pensamiento, dónde está anclado el mismo, con lo que omiten (intencionalmente o no) un elemento esencial para comprender la posición del «opinador».

(3) «… este [el abigeato] es en definitiva un hurto agravado por razón del objeto» v. «L. R. H. s/ recurso de casación», Tribunal de Casación Penal de Buenos Aires, Sala II, 13-abr-2010, en MJJ56243 .

(4) Cuando media «fuerza en las cosas o violencia en las personas»; ejemplo: destrucción o rotura de instalaciones para apoderarse del animal, intimidación con armas al cuidador o propietario del ganado, etc.

(5) Según D’ALESSIO, Andrés et al.: Código Penal comentado y anotado. Parte especial, 1ª ed., La Ley, Bs. As., 2007, t. II, p. 430, debe entenderse por «ganado» los animales que normalmente deben ser acarreados o conducidos para llevárselos, cuadrúpedos de cierta talla que normalmente forman grey o rebaño y son de especie doméstica; con similares palabras se dijo que son «cuadrúpedos domesticables, de los que el hombre obtiene carne, leche, cuero, etcétera, y son utilizados para carga o transporte. Son animales que forman majada o rebaño, y pastan en los campos:bueyes, vacas, toros, carneros, ovejas, cabras, caballos, mulas, burros, llamas y otros animales de este tipo; incluyendo, por ejemplo, a los cerdos que, aunque no pastan igual que los demás, forman piara y consumen alimentos provenientes del campo» (DONNA, Edgardo Alberto: Derecho penal parte especial, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, t. II-B, p. 52); se excluyen del término las aves y cuadrúpedos menores, por ejemplo conejos, castores, nutrias, etc. Asimismo, «ganado mayor» designa a la hacienda vacuna (bovinos), yeguariza o caballar (equinos) y a la hacienda híbrida (mular y los asnos o burros), en tanto que «ganado menor» refiere a la hacienda lanar (ovinos), a la hacienda de cerda (porcinos) y a los caprinos.

(6) «… la ley intenta proteger -en forma diferencial- bienes que por necesidad han sido dejados sin custodia y en el campo por sus dueños, siendo la ratio legis el flagelo que significa el cuatrerismo organizado para la economía provincial, favorecido por los accidentes naturales de nuestra geografía» («A. H. N. s/ incidente de excarcelación», Tribunal Superior de Justicia de la Provincia de Santa Cruz, Sala Penal, 7-jul-2005, en MJJ10548 .

(7) Se dice ganado «orejano» al que carece de marca o señal identificadora del dueño, por ende, no puede establecerse quién es el dueño.

(8) La faena o matanza del ganado está regulada en normas provinciales y nacionales que hacen a la calidad, seguridad e higiene del producto cárneo obtenido.Por lo tanto, toda faena que no se realice en los establecimientos habilitados, que presenten las condiciones sanitarias y de higiene requeridas por dichas normas, por personal capacitado al efecto y siguiendo determinados procedimientos, es una «faena clandestina», no legal y el producido de la misma no puede ser comercializado ni consumido.

(9) «Feed lot» es una expresión inglesa para designar los establecimientos en que se realiza el engorde «a corral» (o en corrales) del ganado vacuno, intensificando y acelerando la producción de animales de determinadas características para abastecer el mercado interno o de exportación.

(10) El peso estimativo (que varía por región, pastos consumidos, raza del animal, condiciones de crianza), es el siguiente: un novillo «grande» se acerca o supera los 500 kg, uno que recién empieza a ser «engordado», denominado generalmente «novillito», ronda los 280-350 kg; las vaquillas y vaquillonas entre 280 y 350 kg, terneros y terneras 180-200 kg.

(11) «Ganado en pie»: ganado vivo, sin faenar, o sea, sin sacrificar.

(12) «Humanitarismo audiencial en una causa criminal por abigeato en el Reino de Chile, 1774», BUCHER, Gilberto Harris, Revista de Estudios Histórico-Jurídicos, Sección Historia del Derecho, XIX, 19 (1997), http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54551997000100005.

(13) Dice así: «…g) Se cometiere aprovechando las facilidades provenientes de un accidente, desastre, conmoción pública o infortunio particular del damnificado».

(14) «H. D. s/ abigeato agravado y tenencia de arma de fuego de uso civil sin autorización legal», Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Santa Fe, 3-dic-2013, en MJJ84829 .

(15) BACIGALUPO, Enrique: Derecho penal. Parte general, 2ª ed., Hammurabi, José Luis Depalma, Buenos Aires, p. 595.

(16) MIR PUIG, Santiago: Derecho Penal, 9ª ed., B de F, Montevideo – Buenos Aires, 2011, p. 633.

(17) D’ALESSIO, Andrés et al.: op. cit., p. 402.(18) Definición de víctima de delito según la Declaración sobre los Principios de Justicia para las Víctimas de Delitos y Abuso de Poder, (Nº 40/34, ONU, 29/11/1985).

(19) Existen en cambio estadísticas hasta el año 2012 de ejecución de la pena, Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEEP). ¡La magia, la imaginación o la ilusión tienen su encanto!: ¿cómo se pensará establecer una política de persecución penal y una política criminal sin estadísticas confiables?

(*) Abogado, UNL. Fiscal de distrito de la Fiscalía Regional 4ª Circunscripción Judicial de Santa Fe con sede en Reconquista. Ex asesor letrado de Municipalidad de Villa Valle María, Entre Ríos. Ex juez de faltas, Diamante, Entre Ríos. Postulante finalmente seleccionado conforme Resolución 9 del 11/4/2012 (de la Secretaria de Programas de Transformación de los Sistemas Judiciales y Presidente del Sistema para la Selección de Postulantes por Concursos Públicos de Oposición y Antecedentes a Cargos de Fiscales y Fiscales Adjuntos para el Ministerio Público de la Acusación de la Provincia de Santa Fe, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos).

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