fbpx

«Asuntos internos»: un fuerte cruce entre banqueros y Kicillof dejó en stand-by un posible acuerdo con buitres

Axel KConfusión, incertidumbre y default.

Así puede definirse la situación financiera de la Argentina tras la extensa jornada de negociaciones que ayer llevaron, por un lado, Axel Kicillof con los representantes de los «fondos buitre» y, en paralelo, los directivos de bancos privados argentinos con otros ejecutivos de los mismos «buitres».

Luego de una jornada plagada de versiones optimistas -en la cual el mercado financiero había festejado por adelantado un acuerdo con una rotunda suba de bonos y acciones-, todo el mundo se quedó con las ganas de recibir el anuncio de un final feliz.

Se hablaba de un bono patriótico, es decir de una participación de los bancos privados que destrabaría el problema.

Y que había dos posibilidades: que las entidades sólo depositaran una suma de u$s250 millones en garantía para un cronograma de pagos que el Gobierno iniciaría en enero; o bien que se hiciera una oferta para comprar la totalidad de la deuda que estos fondos tienen en su poder.

Pero todo cambió a partir de la conferencia de prensa del ministro Axel Kicillof.

Con el «cassete» puesto, repitió los mismos argumentos que está sosteniendo en cada foro internacional y tuvo las habituales palabras duras para los litigantes.

Su tono sorprendió, pero no tanto como el hecho de que él mismo se haya manifestado sorprendido por el comunicado del mediador Daniel Pollack, en el cual consideraba inevitable el default.

A esa hora, por cierto, ya habían cerrado los bancos en todas las plazas donde los acreedores de la Argentina debían hacerse de sus acreencias. Y la agencia de riesgo crediticio Standard & Poor’s había rebajado la nota de la deuda soberana a «selective default».

Comenzaron a hacerse oír las voces de los analistas críticos del Gobierno, que culpaban a Kicillof por haber arruinado, con su intransigencia, lo que aparentaba ser un acuerdo.

Algunos de ellos fueron particularmente duros, como el ex titular del Banco Central, Aldo Pignanelli, quien se quejó de la «impericia de los funcionarios», que eran capaces de hacer trizas cualquier intento de un entendimiento.

También Guillermo Nielsen, el ex negociador del canje de 2005, se quejó del estudio de abogados que contrató el Gobierno, criticó la forma en que se dejó pasar el lapso de un mes para terminar negociando contrarreloj en la última jornada.

Más aun. Dejó oscuros pronósticos respecto de lo que le espera a la economía real, con una recesión que podría alcanzar a 4 puntos del PBI este año.

Sugestiva exageración de Kicillof
Pero en los círculos políticos, periodísticos y empresariales hay algo que todavía no termina de cerrar.

«Demasiado tranquilo y risueño el ministro al anunciar nuevo default. Raro. No parece el último capítulo de esta historia», comentó otro ex titular del Central, Alfonso Prat Gay.

¿Es realmente factible, a esta altura, que los fondos buitres se hayan ofendido por declaraciones de Kicillof si estaban cerca de un acuerdo con el que ganarían varios cientos de millones de dólares?

No da la impresión de que los negociadores de estos fondos se dejen llevar por ese tipo de arrebatos emocionales.

Es más, hubo y sigue habiendo una intensa especulación en el sentido de que la dureza de Kicillof podría hasta haber sido algo sobreactuada, con el objetivo de despejar cualquier duda respecto de que el Gobierno pudiera estar avalando la iniciativa de los bancos privados argentinos.

Está claro que una negociación entre privados no debe tener participación alguna del sector estatal, porque si ello no fuera así daría lugar a interpretaciones legales perjudiciales para el país.

Se podría argumentar que los bancos se comportan como el «alter ego» del Gobierno, algo así como testaferros que aparecen para firmar y que en realidad usarían dinero de las reservas del Central.

Si ello ocurriera, entonces la temida cláusula RUFO -la peor pesadilla de los funcionarios del equipo económico- podría activarse.

Lo cierto es que el discurso de Kicillof tuvo pasajes extraños.

La frase «me enteré por los diarios», referida a la oferta de los bancos privados argentinos de depositar una garantía de u$s250 millones,resultó por demás sugestiva.

Es claro que Kicillof no puede mostrarse como articulando una negociación, pero lo que resulta difícil de creer es que el ministro no haya estado al tanto de la noticia que ayer tuvo en vilo al país.

También es elocuente el hecho de que Kicillof no haya descartado que, por su propia iniciativa, los banqueros argentinos mantuvieran una negociación con los «buitres», sin participación alguna de los funcionarios.

A fin de cuentas, afirmó el ministro, los bancos argentinos tienen en su poder bonos del canje cuyo valor podría estar amenazados ante la eventualidad de un default inducido por el juez Thomas Griesa.

Kicillof calificó a esa eventualidad como «una negociación entre dos partes de privados, una que representa al 92% que entró al canje y otra al 1%, que son los buitres».

Estas frases llevaron a que se generase una expectativa en el sentido de que, en paralelo con la dureza discursiva del Gobierno, se haya tercerizado en los banqueros la concreción de un acuerdo que permita superar el diferendo sin disparar la RUFO.

«La verdad es que nada de lo que dijo Kicillof en la conferencia de prensa invalida la posibilidad de que continúe una negociación entre privados y que, como consecuencia de un acuerdo, pudiera llegar a dictarse el stay en el corto plazo», observa Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis.

Por qué se cayó el acuerdo
A la medianoche se daba por hecho que, si había habido posibilidad de un entendimiento, éste se había frustrado por algún motivo.

La delegación de Adeba, liderada por Sebastián Palla, directivo de Banco Macro -y ex funcionario en la época de Roberto Lavagna- se tomó un avión de regreso hacia Buenos Aires.

Fuentes del sistema bancario dijeron a iProfesional que la oferta que habían llevado los argentinos a Nueva York incluía la compra de toda la deuda en manos de los «buitres».

Una fórmula que se manejaba era el canje de esos bonos defaulteados por otros «performing», más concretamente los Bonar 2024 que surgieron como parte de la indemnización a Repsol por la expropiación de YPF.

Se hablaba incluso de la participación de importantes empresarios de áreas no financieras, y también de bancos de inversión extranjeros, de forma tal de llegar a la cifra que pudiera adquirir la deuda total de los holdouts y no solamente la de los buitres.

Pero las negociaciones se interrumpieron abruptamente. Fuentes cercanas a las tratativas aseguraron a iProfesional que, contrariamente a lo que circuló en diversos medios, no fue como consecuencia del discurso de Kicillof que el humor cambió.

«De hecho, la reunión había terminado antes de la conferencia, y no por iniciativa de los fondos buitre sino por un llamado telefónico que recibieron los delegados de Adeba con la orden de que había que parar», confesó un ejecutivo vinculado con uno de los bancos involucrados.

Esa orden venía desde la cúpula de la entidad que nuclea a las entidades y el origen del problema había sido una desinteligencia entre los banqueros y Kicillof.

Luego de eso, los delegados argentinos vieron la conferencia del ministro sin mostrarse sorprendidos por nada de lo que allí se dijo.

Sugestivamente, pocos minutos después comenzaron a circular versiones sobre un fuerte malestar del presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, a quienes muchos señalan como el verdadero cerebro en la movida que hicieron los banqueros privados.

Todo indica, entonces, que el problema mayor no está entre el Gobierno y los buitres, sino entre los funcionarios argentinos y los banqueros de Adeba.

Todavía no está claro si lo que más pesó para ese cortocircuito fue el detalle técnico del acuerdo -incluyendo el precio al cual el Gobierno le debería recomprar los bonos a los bancos- o si tal vez haya pesado más el análisis político.

A fin de cuentas, el hecho de que Jorge Brito, el banquero señalado como impulsor de corridas de mercado y sabotajes a Cristina Kirchner, apareciera como salvador del «modelo» no es algo fácil de digerir entre la militancia K.

De todas formas, los analistas con más llegada a la cúpula financiera sostienen que las negociaciones serán retomadas en las próximas horas y que, tarde o temprano, será de allí que surja la fórmula final para superar la situación.

El día del default
Mientras tanto, claro, la Argentina cayó en default.

El Gobierno dará la batalla semántica para ponerle otro nombre, pero los hechos son innegables: los bonistas no cobraron, las agencias bajaron la nota y, teóricamente, ya están dadas las condiciones como para que se desate el temido efecto en cadena.

Nielsen ha sido el especialista que más dramáticamente ha planteado la situación. Afirma que es alta la posibilidad de que los bonistas «buenos» -es decir, los que entraron al canje en 2005- soliciten el cobro inmediato de todas las acreencias que estaban programadas hasta el año 2033.

Y desestima los argumentos de quienes dicen que esa «aceleración» es imposible porque supone un trámite largo y engorroso para los bonistas.

«Por la dinámica del mercado, ha cambiado el perfil de los inversores en bonos del canje, más aun a partir del fallo de Griesa, ocurrido hace más de dos años; por ello, no debería extrañar que el inicio de este proceso se dé rápidamente. Juntar voluntades por el 25% en Manhattan es muy fácil, ya que Wall Street está ´largo´ en bonos argentinos, en muchos casos sin cobertura de seguro de default», afirma Nielsen.

Para hoy se espera que el mercado financiero siga en su «montaña rusa» y manifieste su opinión con una rotunda baja de los bonos soberanos y de las acciones bursátiles. Como anticipo, ayer los papeles argentinos sufrieron grandes caídas, que llegaron hasta el 20%, en el «after market» de Wall Street, tras la conferencia del ministro.

A esa hora, ya había hablado Kicillof, se había despachado a gusto contra los buitres y había dado su mensaje tranquilizador a los argentinos para el día después del default: «Que se queden tranquilos. Mañana será otro día. El mundo seguirá andando».

Resta saber si el default será breve, y por consiguiente una mera anécdota para los libros de historia, o si se hará sentir realmente sobre la economía, como profetizan los más pesimistas.

Sólo algo está claro en medio de tanta confusión e incertidumbre: las negociaciones con los «buitres» están lejos de haber terminado. Para muchos, recién comienzan.

Fuente: Infobae Profesional

  1. Antonio Daniel Petruzela 31 julio 2014 at 10:17 AM

    Todo verdura para la gilada. Típica movida de los profesionales que juegan para el capital especulativo, es este comentario. Aprecio que Kiciloff hiciera el discurso que hizo, y muy bien la Argentina de mantener su posición, reiterada nuevamente, por las dudas.
    Brito y todo el sector financiero argentino es una lacra para la gente.
    Sus ganancias en estos años han sido fabulosas, y no es raro pensar que querían seguir haciendo negocio con nosotros, la gente: En el artículo de infobae se desliza que «Todavía no está claro si lo que más pesó para ese cortocircuito fue el detalle técnico del acuerdo -incluyendo el precio al cual el Gobierno le debería recomprar los bonos a los bancos- o si tal vez haya pesado más el análisis político.”

    Pues no fue el análisis político, muchachos, fue que ni Kiciloff ni su equipo, por suerte, compran espejitos de colores. Vamos a ver qué pasa ahora con la plaza de NY como bonista universal. Ya lo anticiparon los propios medios extranjeros, será una muy mala señal para el resto de las reestructuraciones.

  2. La disputa Gobierno vs. Fondos Buitres se va a convertir en otra «victoria moral», pero nos va a costar más de 16.000 millones de dólares, que sumados a los casi 10 mil del Club de París y 5 mil de Repsol, superan ampliamente las reservas que tiene el país. Quien va a pagar todo?

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: