Mal… pero acostumbrados

AcusadoPor Carlos A. Ghersi (*)

I. Introducción. II. Los dos campos de integridad y reparación. III. Los daños sociales. IV. Los daños sociales devenidos de la ineficiente gestión gubernamental. V. Conclusión.

I. Introducción

El derecho de daños, desde la reforma del profesor Borda (1968), ha avanzado en muchos aspectos, y en ello han tenido que ver los aportes de gran parte de la doctrina y jurisprudencia. Decimos gran parte, porque hay muchos sectores que tratan de impedir esos avances por ignorancia y/o por defender los intereses de las empresas y compañías de seguros.

La superación de la responsabilidad subjetiva como elemento central de atribución de los daños en el sistema del Código Civil de Vélez Sarsfield fue un salto cualitativo (arts. 1113, 2618, etc.) y que posibilitó como acto legislativo trascendente la sanción de la Ley 26.361 (con sus antecedentes 24.240 y 24.999) que constituyó la consagración de la responsabilidad objetiva por las relaciones económicas (art. 40, Ley 26.361).

El siguiente aspecto fue el largo debate sobre la reparación integral mirando el daño y al dañado y dejando de sostener el centro en el dañador, lo que fue zanjado con el fallo “Aquino” en el 2004 por la CSJN, que determinó el contenido de esta reparación integral.

Estos avances –por solo nombrar estos dos aspectos sobresalientes– generaron en las facultades de derecho públicas y privadas una mutación de la materia de la Responsabilidad Civil al Derecho de Daños.

II. Los dos campos de integridad y reparación

Las personas/sujetos físicos de derecho poseen dos campos de actuación y/o derecho bien diferenciados (al menos didácticamente): el proyecto de vida económico y el proyecto de vida personal.

En cuanto al primero, desarrollamos los roles de trabajador, constituyendo una unidad productiva que al fallecer o incapacitarse se repara como valor vida económica, y el rol de consumidor, como derecho propio y como realización de un grupo familiar (alimentos a los hijos, esposa, etc.) que se repara como daño emergente, lucro cesante y en oportunidades el derecho de chance.

En el otro campo, el proyecto personal de vida, se encuentran las categorías autónomas no económicas como la integridad física (daño físico; lesión estética; daño biológico y estado vegetativo); el daño moral cada vez mas propenso a probarse por el hecho/causa por su notoriedad; el daño psicológico y neurológico y por último los daños a la espiritualidad (derechos personalísimos y antidiscriminación).

III. Los daños sociales

En nuestro “Tratado de daños reparables” (editado por la Ley 2012, conjuntamente con la dirección de la Dra. Celia Weingarten) señalamos que la primera división de daños que hay que hacer es la de daños sociales no reparables y daños reparables (colectivos e individuales).

En cuanto a los primeros –daños sociales no reparables– señalamos que son los daños derivados de la necesidad de soportarlos en pos de la organización de la sociedad por la Constitución Nacional en l853 y en el proyecto de Nación; república y democracia.

Designábamos entre ellos a los simples daños, como esperar un colectivo; realizar cola en una dependencia pública; la duración normal de un proceso judicial; la espera para votar en las mesas mal organizadas, etc., que sin duda eran daños, pero que no generaban reparación porque son daños universales sufridos por toda la comunidad en todo el territorio del país.

IV. Los daños sociales devenidos de la ineficiente gestión gubernamental

A partir de los años 70 y con especial énfasis desde los años 90 y diríamos mas notoriamente en la primera década de este siglo (2000-2010) y que se extiende hasta la actualidad (2013) el Estado Neoliberal con los gobiernos de Menem y los Kirchner se encargó de ensanchar los daños sociales no reparables.

Efectivamente, la privatización de los servicios en la década de los 90 constituyó un hito en el cual las empresas invirtieron. Mejoraron rápidamente el servicio y luego colocaron el denominado “piloto automático” y luego, sin control del Estado y con enormes subsidios y corrupción (primera década del siglo XXI), comenzaron a aparecer los “daños sociales” a que aludimos: la telefonía es deficiente y cara; las autopistas casi sin ninguna modificación solo perciben el peaje; la luz eléctrica cada ciclo de frío o de calor intenso empieza a fallar, etc.

En la actualidad (con causa en la impericia gubernamental), empieza a fallar la seguridad, no solo por los saqueos, sino porque el Estado se postró ante las policías, perdiendo el dominio político de las fuerzas de seguridad (recordemos los alzamientos de Prefectura y Gendarmería) y los ciudadanos están a la deriva o contratando empresas de vigilancia privada y, lo que es más terrible, armándose en defensa propia.

Los transportes, especialmente los trenes, no solo son deficientes, sino que peligrosos (varias han sido las muertes) y además carecen de seguridad, hasta tal punto que en el último mes ha desaparecido de la faz de la tierra o de los rieles una formación entera de trenes; las aerolíneas estatales chocan en distintos aeropuertos o se encuentran en huelga constante perjudicando a los pasajeros, etc.

V. Conclusión

Como hemos titulado este articulo “Mal… pero acostumbrados”, la sociedad argentina ha visto en carne propia qué significa la ineficiencia e ineficacia en la gestión pública y ve con consternación cómo se han ampliado los “daños sociales no reparables” y decimos esto auque mañana EDESUR O EDENOR o Ferrocarriles, etc. reparen económicamente. El daño esta hecho y la sociedad cada vez se encuentra más sumida en la falta de servicios.

En otro aspecto también degradante, se escucha a funcionarios e incluso economistas de la oposición o independientes señalando las virtudes de los aumentos a los jubilados por decreto caprichoso y no por Ley del 82% móvil o aumentos virtuales de salarios, no reales cuando son menores que la inflación (que rondará entre el 27 al 30%) y seguramente será igual en el 2014, pero hay algo peor que no se dice. Si comparamos cualquier estadística de salarios con base 1960, tanto los salarios como la jubilación en términos de valor es menor que ese año o igual, es decir, estamos estancados y la calidad de vida se ha hecho una meseta peligrosa para la clase media (con posibilidades futuras de desclasamiento) y el aumento de la pobreza y marginación especialmente en el rango juvenil.

En suma, la sociedad argentina ha entrado en el siglo XXI ampliando el daño social no reparable y generando un estándar de vida empobrecido y al momento sin proyección de cambio

(*) Doctor en Jurisprudencia, USAL. Especialista en Historia de la Economía y Políticas Económicas, Ciencias Económicas, UBA. Director del Doctorado en Ciencias Jurídicas, USAL. Co-Director de la Maestría en Derecho Económico, USAL. Director de la Especialización en Derecho de Daños, UNLZ. Co-Director del Programa de Actualización en Derecho Médico, UBA. Co-Director del Programa de Actualización en Derecho de Seguros y Daños, UBA. Profesor Titular por concurso, Derecho Civil Parte General, Obligaciones Civiles y Comerciales, Contratos Civiles y Comerciales, UBA. Profesor Titular de Economía, UCES. Profesor permanente en Brasil e invitado en Colombia, Perú y Uruguay. Ex Fiscal de Estado de la Provincia de Buenos Aires.

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