Le dan 21 años de prisión por intentar matar a su ex mujer

“Si quieren hacer un circo mediático que lo hagan, pero conmigo no”, dijo Javier Weber apenas entró a la sala. Se tapó la cara con las palmas y se puso de espaldas a las cámaras. La abogada de Corina comenzó a relatar detalles de la mañana en que le pegó tres balazos a su ex mujer disfrazado de anciano.

El, con la mandíbula rígida de indignación, negaba con la cabeza y, moviendo los labios, repetía “mentira, mentira”. Pero cuando el relato llegó al día en que la mantuvo encerrada 12 horas tirándole cuchillazos, Weber dejó de gesticular, buscó a Corina, se echó en la silla y le clavó la mirada: uno, dos, tres, diez segundos. Ya le habían sacado las esposas. Después, cuando su abogado pidió permiso para llamarlo “enfermo mental” y cuando recordó, en un intento por atenuar la pena, que había sido adicto al paco, Weber agarró un pañuelo de tela y lloró con tristeza. Ayer, después de haber sido denunciado 80 veces por amenazas de muerte, Javier Weber fue condenado a 21 años de prisión por haber intentado asesinar hace dos años, disfrazado y a los tiros, a la madre de sus hijas.

 “El fallo, después de años de denuncias desatendidas y de pedidos de custodia que no llegaron, fue un ejemplo: le dieron 20 años por intentar matarla en la puerta del colegio, más un año por haber querido asesinarla el día de los cuchillazos, en 2009. Hace dos meses, el baterista Eduardo Vásquez, recibió una pena menor –18 años– aún cuando logró matarla”, dijo anoche a Clarín Marta Nercellas, abogada de Corina Fernández.

Fue la abogada quien ayer, en el Tribunal Oral N° 9, comenzó con los alegatos. A pedido del presidente del Tribunal y después de que Weber gritara: “¿Podés parar con la cámara?” a un fotógrafo, llamaron a un guardia más.

La abogada repasó el relato de una testigo que vio una vez que él la abordó en la calle, le acercó los dedos a la sien y le susurró pum . Y antes de pedir que lo condenaran a 24 años de prisión y le quitaran la patria potestad, leyó un fragmento de lo que llamó la “sentencia de muerte de Corina”: un documento escrito por Weber seis horas antes de dispararle.

 “ Espero que estos días de vacaciones te hayan cogido como a una puta y que hayas gemido de placer porque yo te haré gemir de dolor. Lástima que no pueda ser más largo tu sufrimiento pero esos segundos para mí serán suficientes para sentir que hice justicia. Sólo te darás cuenta cuando ocurra y será muy pronto. No dudes que saldremos en las noticias ”, leyó. En el texto, que fue hallado en su computadora, se refería a las vacaciones de invierno de 2010 que Corina había pasado (ya separada y junto con las hijas de ambos) en la quinta de un amigo. Weber lo interpretó como una “infidelidad”, esperó a que volviera y el primer día de clases a las 8.20, fue a buscarla. Weber, mientras, escuchaba y se arrancaba pelusas de la polera beige. Flaco y de apenas un metro sesenta de altura, solo su mirada alcanza para erizar la piel.

 Corina pasó las diez horas de alegatos abrazada a su cartera negra, muda y con la cabeza hundida entre los hombros. Y ni siquiera sonrió con ironía cuando el abogado que defendió al padre de sus hijas insistió en que no estaba disfrazado de anciano: “Ese día hacía cero grados y había un 91% de humedad. La boina y el sobretodo podrían explicarse por el frío. Y no estamos seguros de que llevara un bastón. Podría tratarse de un paraguas porque estaba por llover”. Lo que no pudo explicar fue el por qué de la peluca que encontraron en su casa.

 Llegó el turno del fiscal, Julio Castro que leyó un mail de despedida que Weber había enviado a una de sus hijas. “ Tu papá se va de la mano de tu mamá, que es la única forma de mantener la familia unida ”, decía uno. Ese era el plan del 2 de agosto, pero no resultó: Corina sobrevivió a los tres balazos y él llegó a su casa, se tomó un blister de sedantes y también sobrevivió.

 El fiscal enumeró las denuncias que nadie escuchó y se detuvo en el día en que Weber la acuchilló. Ese día, en la comisaría 23, a Corina no le quisieron tomar la denuncia. Dijo que era “una causa paradigmática” y que mostraba “la inacción e inoperancia del Estado ante la violencia de género”. Y llamó a que el caso sirva para crear una política de estado que no necesita esperar a que la mujer esté muerta.

 Así, pidió 20 años por tentativa de homicidio simple. El defensor oficial, Mariano Maciel, pidió la absolución: “Los informes dicen que tiene rasgos psicopáticos y paranoides y que fue preso de la emoción violenta. Pasó cinco años fumando paco. La misma Corina contó que le ha dado los 15 pesos para que comprara la dosis y se calmara”.

 Y cuando creían que ya nada quedaba por decir, Weber hizo uso, llorando, de sus “últimas palabras”. “Sólo pido que salga la verdad a la luz. Quiero disculparme ante Corina y pedirle que cuide a mis hijas”. Todos se miraron sorprendidos. La novedad era que Weber se mostraba arrepentido y ya no parecía querer volver por ella, el objeto de su obsesión. Hasta que dijo: “Cuando me quitó a mis hijas me quitó el mundo. A mí me dieron vuelta la cara, 26 años en pareja y un día se dio vuelta y me trató como a un noviecito. ¿La llamé muchas veces? Si, pero para ver a mis hijas. A Corina siempre la amé. No me merecía lo que me hizo. Corina, me lastimaste mucho, mucho, mucho”. Después volvió a Marcos Paz, esposado.

Fuente: www.clarin.com.ar

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