fbpx

M. M. L. c/ L. J. H.

Voces: DAÑO MORAL – INJURIAS RECÍPROCAS – FAMILIA – DIVORCIO VINCULAR – CAUSALES DE DIVORCIO – CAUSALES SUBJETIVAS – INJURIAS GRAVES

Partes: M. M. L. c/ L. J. H. s/ divorcio

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil / Fecha: 12-abr-2012

Cita: MJ-JU-M-71844-AR | MJJ71844 | MJJ71844

La justificación de uno de los motivos legales de divorcio y el emplazamiento consiguiente de los esposos en un nuevo estado matrimonial hace innecesaria la ampliación o reducción de las causales admitidas en la sentencia respectiva.

 

 

Sumario:

 

1.-Corresponde decretar el divorcio vincular por culpa de ambos cónyuges, pues se han probado injurias recíprocas, y -justamente- por haber sido cometidas por ambos, no corresponde hacer lugar a la indemnización por daño moral pretendida por la recurrente.

 

2.-La experiencia enseña que los finales ruinosos de la vida conyugal no solo no se deben a una sola de las partes, sino que las afecciones resultan mutuas. No existe el caso de aquel que alegremente incurre en adulterio o en ofensas; ello siempre se da en medio de un espectro de zonas grises donde los destinos e infidelidades rodean más la confusión de lo trágico que modos apolíneos, generadores de respuestas jurídicas.

 

3.-La causal de injurias comprende toda seria vulneración de los deberes matrimoniales, toda falta grave de fidelidad al compromiso compartido; este deber de fidelidad en sentido genérico -comprensivo de todos los deberes conyugales- se corresponde, entonces, con la igualmente genérica causal de injurias.

 

4.-En relación con las injurias graves endilgadas al cónyuge, la apelante pretende que se tome en consideración lo que califica como maniobras destinadas a burlar sus derechos gananciales; en tal sentido no corresponde su tratamiento, no solo porque la cuestión ha de resolverse en la liquidación, en la cual habrá de sopesarse lo que surge del trámite de las medidas cautelares, sino porque las injurias graves cometidas por el marido ya han sido juzgadas sin que existan agravios sobre tal decisión.

 

5.-Cuando la sentencia de primera instancia consagra la culpa de alguno de los consortes, al admitir una de las causales invocada por el otro, la pretensión de este queda satisfecha, aunque no se hubieran acogido la totalidad de las causas alegadas.

 

6.-La justificación de uno solo de los motivos legales de divorcio y el emplazamiento consiguiente de los esposos en un nuevo estado matrimonial -con los efectos propios de la atribución de culpas al responsable, sea uno o los dos- hace innecesaria la ampliación o reducción de las causales admitidas en la sentencia respectiva; pues lo que se pide es el divorcio y lo que a la justicia interesa es que se lo decrete por una causa que haya merecido recepción en la ley, ya que es inconducente la ampliación de la enunciación de las causales legales que dan motivo al divorcio cuando queda incólume la sentencia que, satisfaciendo la pretensión del apelante, hizo lugar al divorcio y no se aducen efectos jurídicos que dependan exclusivamente de las causales desechadas, ya que en tal caso no media interés jurídico en añadir un nuevo motivo a los admitidos.

 

7.-La situación por la que atravesaba el matrimonio, incluidas las injurias concretadas por la cónyuge, impiden concluir que el alejamiento del hogar por parte del marido hubiera tenido por finalidad eludir los deberes matrimoniales.

 

 

Fallo:

 

En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los 12 días de Abril de Dos Mil Doce, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, para conocer en el recurso de apelación interpuesto en los autos caratulados: «M., M. L. c/ L.E, J. H. s/ DIVORCIO», respecto de la sentencia de fs. 1202/1215, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

 

¿ES JUSTA LA SENTENCIA APELADA?

 

Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores CARLOS CARRANZA CASARES-BEATRIZ AREÁN-CARLOS ALFREDO BELLUCCI.-

 

A la cuestión planteada el Señor Juez de Cámara Doctor Carranza Casares dijo:

 

I.- La sentencia de fs. 1202/1215 decretó el divorcio de M. L. M. y J. H. L. por culpa de ambos, a quienes consideró incursos en la causal de injurias graves; declaró disuelta la sociedad conyugal y rechazó el reclamo por daño moral.

 

Después de estimar no acreditadas las causales de adulterio y abandono voluntario y malicioso, sobre la base de la prueba de testigos, juzgó que se habían demostrado las injurias alegadas por ambas partes.

 

Desde otra perspectiva concluyó que no se habían acreditado los presupuestos -que debían ser valorados con estrictez- para la configuración de un daño moral indemnizable, en especial teniendo en cuenta que el divorcio se decretaba por culpa de ambos.

 

II.- Solo la actora apeló el fallo y presentó a fs. 1268/1290 su memorial, cuyo traslado fue respondido a fs. 1294/1302.

 

Cuestiona que no se haya tenido por probado el adulterio de su cónyuge; que no se haya evaluado la conducta de su marido dirigida a burlar su derecho sobre los bienes gananciales; que se hayan considerado acreditadas las injurias alegadas en la reconvención con las declaraciones testificales que critica; que no se haya apreciado como configurado el abandono voluntario y malicioso, y por fin, que no se haya admitido su reclamo de daño moral.III.- Ante todo, y una vez más, he de recordar que, como lo han señalado reiteradamente los fallos judiciales, resulta sumamente difícil, sino imposible, determinar cuál de los cónyuges es el responsable de la frustración del proyecto matrimonial que se concreta en unas causales legales de divorcio cuya demostración solo suele constituir alguno de los síntomas visibles del deterioro matrimonial. El conflicto conyugal no es un problema de uno de los cónyuges y suele ser una reacción a la conducta del otro. Esta naturaleza circular de la interacción hace extremadamente difícil establecer quién es el responsable del fracaso matrimonial. Las causales de divorcio constituyen el antecedente necesario de la sentencia, pero suelen quedar en la penumbra todas las concausas que contribuyeron a dicho resultado. De allí que se ha llegado a sostener que no hay una causalidad adecuada entre el hecho del autor y el daño, pues intervienen distintos factores ya sean propios de los cónyuges o del entorno familiar o social, a lo que se ha agregado que no se trata de eliminar la responsabilidad individual, sino de que en la interacción íntima conyugal existe la dificultad o imposibilidad de determinar cuál es la real responsabilidad que cupo a cada uno de los esposos en el desencadenamiento de los hechos por los cuales se ha declarado el divorcio o la separación personal (cf. Grosman, Cecilia, «La responsabilidad de los cónyuges entre sí y respecto de los hijos», en Ghersi, Carlos (coord), Los nuevos daños. Soluciones modernas de reparación, Ed. Hammurabi, 1995, p. 406).

 

La experiencia enseña que los finales ruinosos de la vida conyugal no solo no se deben a una sola de las partes, sino que las afecciones resultan mutuas.No existe el caso de aquel que alegremente incurre en adulterio o en ofensas; ello siempre se da en medio de un espectro de zonas grises donde los destinos e infidelidades rodean más la confusión de lo trágico que modos apolíneos, generadores de respuestas jurídicas (Sanz, Carlos R., «Los daños derivados del divorcio. Precisiones metodológicas en torno a un plenario inevitable, con un epílogo para abogados», en El Derecho, t. 146, p. 103).

 

Lo fundamental, de acuerdo con el desarrollo que las modernas ciencias sociales han realizado coadyuvando al progreso del derecho a través de la observación, es evitar que los vínculos familiares se desquicien por el mismo proceso de divorcio, por las imputaciones recíprocas que allí se hacen los cónyuges. El divorcio o la separación personal deben ser más bien enfocados desde la perspectiva del futuro que aguarda a los cónyuges, sobre todo cuando, habiendo hijos, deben continuar asumiendo los deberes y derechos frente a ellos. Desde esta perspectiva, el divorcio, antes que servir para que los cónyuges, mirando hacia su pasado, traten de atribuirse las causas del fracaso de su unión, debe constituirse en el remedio para evitar que una convivencia imposible perdure cuando esta no es testimonio de unidad familiar (Bossert, Gustavo y Zannoni, Eduardo, Manual de Derecho de Familia, Ed. Astrea, 2004, p. 332; C.N.Civ., esta sala, L. 480.999, del 27/11/07).

 

A la luz de lo expuesto, interpreto que no cabe admitir los agravios de la recurrente a quien la sentencia atribuye haber incurrido en injurias graves.

 

El concepto de esta causal contemplada actualmente en el art. 202, inc. 4º del Código Civil, ha sido objeto, desde antaño, de una nutrida elaboración jurisprudencial y doctrinal.En este sentido merece destacarse, por su amplia aceptación, la caracterización dada por el juez Barraquero como toda especie de actos, intencionales o no, ejecutados de palabra, por escrito o por hechos, que constituyan una ofensa para el esposo, ataquen su honor, su reputación o su dignidad, hiriendo sus justas susceptibilidades (cf. C.Civil 1ª de la Capital Federal, del 6/8/45, Jurisprudencia Argentina 1945-IV, 68; La Ley, t. 39, p. 748).

 

Abarca todo hecho positivo o negativo imputable a un cónyuge que ofenda al otro en sus afecciones legítimas, en su dignidad o amor propio, en su honor o decoro, apreciados esos hechos conforme a la educación, posición social y familiar de los esposos, así como a las demás circunstancias (cf. Spota, Alberto G, Tratado de Derecho Civil. Derecho de Familia, Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1968, v. II, p. 661; ver también Busso, Eduardo B., Código Civil Anotado, Ediar, 1945, t. II, p. 206; Borda, Guillermo, Tratado de Derecho Civil. Familia, Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1989, t. I, p. 387; Belluscio, Augusto, Derecho de familia, Ed. Depalma, Buenos Aires, 1981, t. III, p. 228 y ss.; Perrino, Jorge Oscar, Derecho de Familia, Ed. Lexis Nexis, Buenos Aires, 2006, t. II, p. 1055).

 

La amplitud que encierra ese concepto ha conducido a sostener que, más allá de la innegable tipicidad de las distintas causales de separación personal y divorcio, se está en presencia de una suerte de causal residual, por cuanto todas las demás, en un intento de síntesis, podrían encerrarse en la genérica calificación de injurias (cf. Busso, ob. y lug. cit.; Zannoni, Eduardo A., Derecho Civil. Derecho de Familia, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1993, t. II, p. 84; Lagomarsino, Uriarte, Separación personal y divorcio vincular, Ed. Universidad, Buenos Aires, 1991, p. 173; Sambrizzi, Eduardo A., Separación personal y divorcio, Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1999, t, I, p. 188; Mizrahi, Mauricio Luis, Familia, matrimonio y divorcio, Ed. Astrea, Buenos Aires, 2006, p. 317; Mazzinghi, Jorge A., Tratado de Derecho de Familia, Ed.La Ley, Buenos Aires, 2006, t. III, p. 72; Solari, Néstor E., «Hechos que constituyen injurias graves entre cónyuges», en La Ley, 2008-A, p. 438, comentario a la sentencia de esta sala L.486.072, del 27/11/07, con voto de la Dra. Areán).

 

En definitiva, comprende toda seria vulneración de los deberes matrimoniales, toda falta grave de fidelidad al compromiso compartido. Este deber de fidelidad en sentido genérico -comprensivo de todos los deberes conyugales- se corresponde, entonces, con la igualmente genérica causal de injurias.

 

Ahora bien, a pesar del esfuerzo argumental de la recurrente coincido con la sentencia en cuanto a que se ha acreditado suficientemente que ha incurrido en la aludida causal.

 

El declarante de fs. 1107/1108, cuya vinculación laboral con las partes no está discutida, ha dado cuenta de las discusiones frecuentes, «el tono elevado de voz de Laura», la situación incómoda, que «daba vergüenza ajena» y los intentos del marido para que «tratara de bajar los decibeles»; como así también de un episodio en el que «escucharon ruidos de papeles, gritos, cosas que se revoleaban y sale Jorge herido en la boca, tenía la boca hinchada y el labio partido».

 

En tanto que la testigo de fs. 1102/1106 ha manifestado que existían muchos enfrentamientos con los hijos del primer matrimonio de él y que ella hacía muchas «escenas con el tema de los chicos».

 

La recurrente ha intentado criticar esta última declaración alegando una supuesta enemistad o una falta de conocimiento sobre la realidad familiar; sin embargo, si bien la propia cuestionada ha expresado que existió un distanciamiento entre ambas, no se advierte de sus dichos la intención de perjudicarla, aunque de todos modos han de valorarse teniendo en cuenta esta circunstancia (cf. arts. 386 y 456 del Código Procesal).

 

Por lo demás, su eventual subjetividad también resulta predicable de los testimonios de la hermana y el cuñado de la actora, sobre cuya base se declaró la culpabilidad del marido en la ruptura matrimonial.Y la falta de conocimiento de detalles de la vida familiar solo revelaría que en los últimos tiempos de la convivencia conyugal no pertenecía al círculo de amistad más íntimo de la demandante, pero no se ha controvertido que se conocían desde que compartieron el colegio secundario y que ese vínculo se mantuvo aun después del matrimonio con quien aquí es su contraparte.

 

IV.- En relación con las inj urias graves endilgadas al cónyuge, la apelante pretende que se tome en consideración lo que califica como maniobras destinadas a burlar sus derechos gananciales. Concuerdo con el pronunciamiento en cuanto a que no corresponde su tratamiento, no solo porque la cuestión ha de resolverse en la liquidación, en la cual habrá de sopesarse lo que surge del trámite de las medidas cautelares, sino porque las injurias graves cometidas por el marido ya han sido juzgadas sin que existan agravios sobre tal decisión.

 

Por otra parte, esta sala con voto preopinante de quien aquí lo hace en segundo término (L. 486.072, del 27/11/07 -ya citado-) ha expresado que cuando la sentencia de primera instancia consagra la culpa de alguno de los consortes, al admitir una de las causales invocada por el otro, la pretensión de este queda satisfecha, aunque no se hubieran acogido la totalidad de las causas alegadas (cf. C.N.Civ., Sala A, 26/10/90, DJ 1991-1891). La justificación de uno solo de los motivos legales de divorcio y el emplazamiento consiguiente de los esposos en un nuevo estado matrimonial -con los efectos propios de la atribución de culpas al responsable, sea uno o los dos- hace innecesaria la ampliación o reducción de las causales admitidas en la sentencia respectiva (cf. C.N.Civ., Sala B, 11/12/80, La Ley Online); pues lo que se pide es el divorcio y lo que a la justicia interesa es que se lo decrete por una causa que haya merecido recepción en la ley (cf.C.N.Civ., Sala B, 2/5/75, La Ley1976-B, p. 468), ya que es inconducente la ampliación de la enunciación de las causales legales que dan motivo al divorcio cuando queda incólume la sentencia que, satisfaciendo la pretensión del apelante, hizo lugar al divorcio y no se aducen efectos jurídicos que dependan exclusivamente de las causales desechadas, ya que en tal caso no media interés jurídico en añadir un nuevo motivo a los admitidos (cf. C.N.Civ., Sala F, 14/11/80, La Ley Online).

 

V.- En otro orden de ideas, y aunque su admisión no modificaría el efecto de la sentencia que decretó el divorcio, debo señalar que no encuentro configurado un abandono voluntario y malicioso.

 

Constituye doctrina aceptada que la causal de abandono voluntario y malicioso se integra con dos elementos, uno material u objetivo consistente en el alejamiento del lugar que fue sede del hogar conyugal y otro intencional o subjetivo, constituido por el propósito de sustraerse de los deberes matrimoniales.

 

El abandono es voluntario cuando no resulta determinado por causas atendibles o ajenas a la intención del que lo comete, no es forzado por las circunstancias, o aparece injustificado y carente de una razonable y suficiente motivación. Se entiende que el alejamiento del hogar que no esté justificado por algún motivo serio y razonable debe reputarse realizado con el propósito de eludir los deberes del matrimonio, porque los esposos están obligados a vivir en comunidad. Los motivos razonables que justifican el abandono del hogar o el incumplimiento de los deberes conyugales son aquellos que en cada caso en particular explican la actitud asumida (cf. Lagomarsino, Carlos A. R., Uriarte, Jorge A., Separación Personal y Divorcio, Ed. Universidad, Buenos Aires, 1991, p. 200).

 

Es un criterio doctrinal y jurisprudencial asentado que el alejamiento del hogar permite presumir que ha sido malicioso, en el sentido que ha tenido por finalidad sustraerse de los deberes que entraña el matrimonio (cf. C.N.Civ., sala A, L. 293.999, del 2/11/00; íd., sala C, L.316.958, del 21/8/01; íd., sala D, L. 99.930, del 18/11/99; íd., sala E, L. 296.928, del 13/11/00; íd., sala G, L. 182.914, del 28/2/96; íd., sala K, L. 144.974, del 21/9/94; íd., sala M, L. 324.075, del 22/10/01, entre muchos otros; como así también Jáuregui, Rodolfo G, «La reinterpretación de la causal de abandono voluntario y malicioso y la aplicación de una causal objetiva extra petita», en La Ley, ejemplar del 7 de marzo de 2007 y Sambrizzi, Eduardo A., «Sobre la presunción de malicia en el abandono del hogar y la aplicación en la sentencia de una causal objetiva no invocada por las partes», en La Ley, ejemplar del 17 de abril de 2007, por solo citar los más recientes).

 

Pero ello es así en tanto no se demuestre la concurrencia de causas legítimas (cf. C.N.Civ., sala D, 12/9/86, en El Derecho, t. 122, p. 486), valederas (íd. sala M, del 30/10/00, en El Derecho 192, p. 292; íd., sala D, L. 99.930, del 18/11/99; íd., sala K, L. 108.894, del 13/4/93), serias (íd., sala K, L. 121.931, del 30/7/93), motivos legítimos (íd., sala A, L. 224.667, del 25/9/97) o justificados (íd., sala E, L. 166.920, del 18/7/97 y L. 296.928, del 13/11/00), la conducta imputable al otro (íd., sala C, L. 376.358, del 11/12/03), el marcado deterioro de la relación matrimonial y la alta tensión existente entre los cónyuges (íd, sala C, del 11/6/98, en La Ley 1998-F, p. 664) o situaciones de cierta gravedad como cuando el clima de la cohabitación se torna intolerable (íd., sala A, L.208.226, del 30/9/97). En relación a esto último, se ha sostenido que no se configura la causal en estudio «cuando existen motivos que hacen intolerable la cohabitación, aun cuando las conductas no alcancen a constituirse en verdaderas causas de divorcio, considerándose entonces motivos razonables para el retiro del cónyuge afectado» (íd., sala E, «S., C. E. c/ T., H. D.» del 12/2/04, en La Ley, 2004-C, p. 985).

 

La situación por la que atravesaba el matrimonio, incluidas las injurias concretadas por la cónyuge a las que ya me he referido, impiden concluir que el alejamiento del hogar por parte del marido hubiera tenido por finalidad eludir los deberes matrimoniales.

 

VI.- Tampoco encuentro demostrado el adulterio que se imputa al esposo, sin perjuicio de recordar que su admisión no modificaría el efecto de la sentencia que decretó el divorcio.

 

Más allá de la razonable duda que surge de lo manifestado por el perito en informática sobre la posibilidad de alterar los correos electrónicos (fs. 828) y del eventual acceso de la esposa a la casilla de su consorte; lo cierto es que el contenido de los mails -en especial los parcialmente transcriptos a fs. 1273- dan cuenta de un vínculo afectivo del demandado con otra mujer, pero según mi parecer no alcanzan para tener por configurada esta causal, sin perjuicio de que trasunta la existencia de relaciones incompatibles con la exclusividad del matrimonio, y por lo tanto, comprendidas en el inc. 4° del art. 202 del Código Civil.En tal sentido ha expresado esta sala que si bien para la configuración del adulterio como causal de divorcio, no se precisa la prueba directa de la vinculación carnal, que en el caso obviamente se halla muy lejos de haberse logrado, los indicios sobre los cuales se funde han de ser suficientes como para crear presunciones graves que lleven al ánimo del juzgador una certeza que excluya toda duda razonable y han de sustentarse en hechos y no en meras interpretaciones subjetivas, porque la entidad moral que posee la causal, no permite basar su acogimiento en habladurías o livianas inferencias que no encuentran un serio y sólido sustento en el juicio (cf. C.N.Civ., esta sala, L. 527.045, del 7/8/09 y sus citas).

 

Otro tanto cabe decir de lo esbozado en el último párrafo de fs. 1273, que aunque no lo expresa parece referirse a la documentación agregada a fs. 984, que da cuenta de un vínculo afectivo asentado del demandado ubicado temporalmente casi cuatro años después de iniciado el presente juicio de divorcio, cuya invocación como transgresión del deber de fidelidad en estas circunstancias considero abusiva (cf. art. 1071 del Código Civil).

 

VII.- Aun en el marco del fallo plenario «G.,G.G. c/ B. de G., S.M.». del 20/9/94, entiendo que las injurias acreditadas y descriptas en el pronunciamiento apelado y en el presente no configuran las particulares circunstancias exigidas por muchos de quienes concurrieron a formar la mayoría de esa sentencia plenaria (cf. voto de los jueces Molteni, Luaces, Galmarini, Calatayud, Pascual, Giardulli, Lérida y Degiorgis, por una parte y Highton al aplicar el art. 522 del Código Civil, por otra) de conformidad con importante jurisprudencia y doctrina (cf. C.N.Civ., sala A, L. 224.667, del 25/9/97 y L.267.131, del 11/8/99; sala E, «C.R.A.A. c/ D.N.S., L.C.» en La Ley ejemplar del 27/5/05; sala F, L. 116.848, del 21/5/93 y L.298.828, del 23/2/01; esta sala, L. 281162, del 15/12/99 voto del juez Bellucci; sala L, L. 46.935, del 13/3/96; Cifuentes, «El divorcio y la responsabilidad por daño moral», en La Ley 1990-B, 805; Grosman, ob. cit., p. 405 y ss.; Zannoni, ob. cit., p. 236; ver también Bossert, Zannoni, «Manual de Derecho de Familia», Ed. Astrea, Buenos Aires, 2004, p. 406 y Mizrahi, «Los daños y perjuicios emergentes del divorcio y el plenario de la Cámara Civil», en La ley 1996-D, 1702 y sus citas).

 

Por ello y no progresando la admisión de las otras causales alegadas sobre las cuales se había centrado especialmente este reclamo (fs. 53), estimo que ha sido correctamente desestimada la pretensión de recibir una indemnización por daño moral.

 

VIII.- En mérito de lo expuesto, después de haber examinado las argumentaciones y pruebas conducentes, propongo al acuerdo confirmar el pronunciamiento apelado, con costas de alzada a la parte actora vencida (art. 68 del Código Procesal).

 

Los Señores Jueces de Cámara Doctores Beatriz Areán y Carlos Alfredo Bellucci votaron en el mismo sentido por razones análogas a las expresadas en su voto por el Doctor Carranza Casares. Con lo que terminó el acto.

 

Buenos Aires, 12 de abril de 2012.-

 

Y VISTOS:

 

Por lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, de conformidad con lo dictaminado por el Sr. Fiscal General, SE RESUELVE: I.- Confirmar el pronunciamiento apelado, con costas de alzada a la parte actora. II.- En atención a la calidad, extensión y mérito de la labor profesional desarrollada en este proceso, etapas cumplidas y resultado obtenido; a lo que establecen los arts. 6, 7 , 9 , 11 , 14 , 19 , 37, 38 y conc.de la ley 21.839 y la ley 24.432 se elevan los honorarios establecidos en la sentencia de grado, a favor de los letrados patrocinantes de la actora, DRES. JORGE RICARDO VIDELA y ANDRÉS M. BECCAR VARELA, a la suma de PESOS ($.), en conjunto; y los de los letrados apoderados del demandado, DRES. LEONARDO JOSÉ GLIKIN y BETTINA LAURA JANÁ, a la de PESOS ($.), en conjunto. Por los trabajos de alzada se fija la remuneración de los DRES. BECCAR VARELA y JANÁ en PESOS ($.) y PESOS ($…), respectivamente. En atención a la calidad de la labor pericial e informe técnico agregados en autos; a su mérito y eficacia y a la adecuada proporción que deben guardar las retribuciones de los expertos con las de los letrados intervinientes (Fallos: 314:1873; 320:2349; 325:2119, entre otros) se confirman por considerarlos ajustados a derecho los honorarios establecidos a favor de la contadora MIRTA GLORIA LEAL. Se deja constancia de que la publicación de esta sentencia se encuentra sujeta a lo establecido por el art. 164 , segundo párrafo, del Código Procesal. Notifíquese -al citado magistrado en su despacho- y devuélvase.

 

CARLOS CARRANZA CASARES-BEATRIZ AREÁN – CARLOS ALFREDO BELLUCCI

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: