Cada vez que escuchamos el término forense nuestro cerebro lo vincula automáticamente a los médicos forenses, los que hacen las autopsias a los cadáveres para determinar qué, cómo, cuándo y por qué la vida les abandonó. De esa forma, el adjetivo forense ha pasado a convertirse en un sustantivo específico. Pero el adjetivo forense no es patrimonio exclusivo de estos médicos especializados. Para decir verdad, el término forense pertenece a todos los que participan en los juicios como especialistas.
¿Por qué les pertenece a todos? Pues porque forense procede etimológicamente, en su raíz, de la palabra foro o forum, en latín. El foro era el lugar donde, en cada ciudad o pueblo romano, se establecía el mercado. Estaba situado en la confluencia del cardo con el decumano y constituía el centro de la ciudad y de la vida pública romana. Allí los pretores, que era como se llamaba a los jueces en la Roma antigua, celebraban los juicios. Frente a ellos comparecían las partes y el pretor, el juez, emitía sentencia.
EL FORO ERA EL LUGAR DONDE SE DESARROLLABAN LOS JUICIOS
A todos los efectos la sala de vistas, el lugar donde se desarrollan hoy los juicios de cualquiera de las especialidades- ya sea civil, penal, contencioso-administrativo, social o militar- es el foro, entendido en el mismo sentido que lo hacían los romanos más de veinte siglos atrás.
El adjetivo forense tiene, además, otras aplicaciones.
Porque se utiliza también cuando se trata de descubrir el tiempo que lleva una persona muerta a través del desarrollo de los insectos que devoran el cadáver, lo que se denomina entomología forense, o cuando se trata de descubrir la identidad de un ser humano partiendo de los huesos, lo que se llama antropología forense.

