
Constitución y a las propias autoridades creadas por ella. Consecuentemente, ¿Por qué no podría declararse en estado de sitio a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires territorio en donde se viene manifestando con mayor virulencia la perturbación del orden con amenazas explicitas, Vg., del gremialista Omar Viviani eterno secretario general de peones de taxis (sin alternancias) que convocó a «¡dar vuelta los coches de los trabajadores que no se adhieran al paro general de este jueves 6 de marzo!»; quedando así suspendidas las garantías constitucionales para tales cobardes piqueteros los cuales en tal caso podrían ser arrestados y trasladados de un punto a otro de la Nación, si acaso no prefiriesen salir fuera del territorio argentino?
Obviamente, no debemos ignorar que exactamente esto último es que lo que quiere ese malón piquetero, para espantar inversores generar inseguridad jurídica y tal. ¿Otro yerro? de la ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, fue su «protocolo antipiquetes» ante posibles manifestaciones públicas, el cual estableció pautas para asegurar la normal circulación de personas, bienes y vehículos durante las protestas callejeras, buscando garantizar una actuación sin excesos de las fuerzas de seguridad y cuyo manual prescribió: «No queremos encapuchados ni palos»…«Si no se van a los cinco o diez minutos, los sacamos», (sic); un protocolo abstracto, estéril e irrito a la fecha. Ante el rotundo y obvio fracaso de tal exabrupto institucional (aun sin reglamentar), adiestrados piqueteros desafiando y despreciando desembozadamente los guarismos en las urnas de la reciente expresión democrática electoral nacional que ungieron unas autoridades y no otras-, interrumpen cotidianamente la vía pública munidos de bombos y megáfonos, escombros, cubiertas y fuego, usurpando calles y espacios urbanos, aprovechándose de la libertad, de la propiedad y de los tiempos personales ajenos, usando armas no letales pero también letales.
No escapan al maremágnum piqueteros bienes públicos que también son tomado y dañados por manifestantes encapuchados; automóviles y transportes público son incendiados; resumiendo, un perfecto desorden social, (salvo fines de semana, feriados o vacaciones…). ¡Es lo que estamos viviendo!
Obviamente ante semejantes vandalismos, se puso de manifiesto irrefutablemente, que estos entorpecimientos solo se han propuesto impedir y estorbar el normal funcionamiento de la vida en sociedad, desafiando a la Constitución y a la justicia, provocando desmoralización, hastío y desaliento, no solo para desafiar la autoridad pública elegida por el pueblo, sino para voltearla.
Los destratos violentos de esos piquetes organizados por autores (visibles e invisibles) junto a sus desmadres reivindicativos, no pueden negar que, en realidad, no solo se han propuesto luchar directamente contra el gobierno electo democráticamente, sino en última instancia, ¡tomar el mismo!
Finalmente, con lo lacerante de fuerzas del orden capitulando frente a piquetes por impotencia estatal/judicial y el gravísimo silencio «oficial» de la oposición como de gremios y sindicatos con personería jurídica, pues se subestima e ignora temerariamente que la paciencia de la familia argentina, trabajadora y contribuyente, hostigada y fatigada en su ya cuasi pírrico cumplimiento del deber, ¡también tiene su límite!
(*)Experto CoNEAU en Cooperativismo.
Roberto F. Bertossi
