La ‘reforma’ al proyecto de reforma al Código Civil y Comercial: el gatopardismo como receta política

codigosAutor: Ciruzzi, María S.

Fecha: 4-dic-2013

Cita: MJ-DOC-6530-AR | MJD6530

Doctrina:

Por María S. Ciruzzi (*)

Ya anteriormente (1) tuve oportunidad de sentar opinión acerca de las modificaciones que, en materia de fecundación, fertilidad y gestación, incorporaba el proyecto de reforma. He reafirmado mis conceptos en cuanto foro se me convocó, centrándome fundamentalmente en cierto escepticismo personal que, cual profecía autocumplida, me convoca ahora en este comentario. En aquellos inicios, cuando recién tomaba estado público el proyecto (anteproyecto en ese entonces) sostuve que muchas de las cuestiones incorporadas a él, si bien de altísima importancia, carecían de una discusión previa en el seno de la sociedad que permitiera socializar la información y compartirla. Esto, a mi modo de ver, se convertía en un obstáculo muy serio: estábamos anteponiendo el carro a los caballos… generalmente la ley viene atrás de los cambios sociales, los acompaña y los plasma y no al revés, es decir, primero se legisla y luego se produce el cambio social. Ningún cambio de mentalidad, tanto individual como en el cuerpo social, puede ser impuesto por ley. Sentía que muchas de las innovaciones que se proponían (gestación post mortem, gestación por subrogación, el mismo concepto de concepción) tenían distinta consideración desde la comunidad, no existiendo consenso y hasta, como en el caso de la gestación post mortem, casi ignorancia y desconocimiento.

Las «reformas» propuestas al proyecto de reforma, un galimatías típicamente argentino y que seguramente nos posiciona a la cabeza de la lista de las cosas que un país serio no debería hacer, reafirma una vieja sentencia del querido maestro Carlos NINO: «Argentina no es un país anómico, es un país al margen de la ley».

No estamos discutiendo acerca de religión -cualquiera sea- ya que parece no estar de más recordar, somos un país laico.Las creencias, valores y principios religiosos (y la ausencia de ellos) pertenecen al ámbito de la intimidad de cada uno de nosotros, respetables como proyecto personal, pero no pueden ser asumidos como norma positiva a ser impuesta a toda la población.

En este sentido, no hay duda de que la vida biológica se inicia con la unión del óvulo con el espermatozoide. No es algo que esté en discusión, al menos, mientras la ciencia no descubra «otra forma» de crear vida humana. Pero lo que el derecho realiza es una valoración del tiempo y del tipo de protección que le dará a esa vida. Y, conforme nuestro ordenamiento jurídico, el ovocito, el embrión, el feto y la persona nacida han recibido distintos grados de intensidad en su protección. Basta con solo leer el Código Penal y ver cómo las figuras que tienen por objeto la protección del bien jurídico vida han recibido una individualización de la pena totalmente diferente (p. ej. el aborto frente al homicidio).

Por otro lado, pareceríamos estar padeciendo un Estado esquizofrénico: legislamos acerca de las técnicas de reproducción asistida, pero las limitamos -cuando no anulamos o tergiversamos- a través de la «reforma al proyecto de reforma»: la ley nacional habla, por ejemplo, de criopreservación de embriones (aun cuando no comparto este término ya que lo considero técnicamente inapropiado), (2) así como de distintas técnicas de fertilización que hacen eje en el concepto de voluntad procreacional, expresión borrada de un plumazo por la «reforma al proyecto de reforma». Nuestro país ha reconocido la filiación a padres subrogantes que han acudido en el exterior al «alquiler de vientre» y ha otorgado la nacionalidad al bebé así concebido, pero ahora se han suprimido los artículos que regulaban la gestación por sustitución.Pero dentro del cuadro de honor de la gravedad de esta «reforma al proyecto de reforma», se ha ignorado la interpretación que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha realizado en el caso «Artavia Murillo» , sentando doctrina acerca del concepto de concepción y del fundamento de la fertilización asistida como una concretización del derecho humano a la salud, importando ello la posibilidad (cierta) de originar responsabilidad internacional al Estado argentino.

No ignoro que el Parlamento, en una república, es el lugar donde se intentan alcanzar consensos que, finalmente, se plasmarán en una ley. Los romanos nos enseñaron que la «res publica» era la acción de ocuparse de las «cosas del pueblo», de aquellas cuestiones que preocupaban e interesaban a cada ciudadano y la política era vista como una acción dirigida a obtener los medios para responder a las necesidades concretas del «pueblo».

Un poco más atrás en el tiempo, en la Grecia antigua, las ideas más destacadas en este campo fueron plasmadas por Platón y Aristóteles. El primero, en su obra La república, manifestaba que la forma en la que debía gobernarse un pueblo era a través de la observación de la realidad y la puesta a prueba de cambios y mejoras idealistas y que dicho trabajo debía estar a cargo de los seres más sabios de esa sociedad. Por su parte, Aristóteles proponía un enfoque científico de la política, donde el análisis social se hiciera tomando en cuenta elementos psicológicos, culturales y sociales, y estableciendo relaciones de causa y efecto.

Cuán lejos se encuentra nuestra política actual de aquellos principios.En lo personal, siento que con esta «reforma al proyecto de reforma» se le está faltando el respeto a la sociedad en general, en tanto que unos pocos, ya sea por temor a modificar el statu quo, por necesidad de no contrariar o enemistarse con los «guardianes de la moral ajena», o por simple ignorancia, parecen entender que nuestra ciudadanía aún no está preparada para aceptar importantes cambios en el reconocimiento y el ejercicio de sus derechos personalísimos; y a los doctrinarios y juristas, en particular, quienes trabajaron en el proyecto de reforma poniendo al servicio de todos nosotros su experticia basada en el saber científico.

En resumen, y como decía María Elena Walsh, seguimos siendo «un país jardín de infantes».

———-

(1) Ciruzzi, María S.: Las técnicas de reproducción humana asistida en el anteproyecto de reforma al Código Civil: un enfoque bioético [en línea], Microjuris, Doctrina, MJD5923 .

(2) O. cit.

(*) Abogada, UBA. Posgraduada en Derecho Penal, UBA. Diplomada en Bioética, FLACSO. Especialista en Bioética, FLACSO. Doctora de la Universidad de Buenos Aires, Área Derecho Penal. Docente de grado, posgrado y doctorado, UBA. Miembro del Comité de Ética del Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan. Responsable Académica de las Áreas de Bioética y de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes del Observatorio de Salud, Facultad de Derecho, UBA. Investigadora del Instituto Luis Ambrosio Gioja, Facultad de Derecho, UBA. Investigadora del Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico, Brasil.

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: