Si la actora por su propia torpeza no hizo valer los derechos hereditarios, no puede reclamar ocultamiento de la apertura del juicio.

Partes: P. T. E. c/ V. M. L. s/ daños y perjuicios

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil   Sala/Juzgado: K

Fecha: 1-mar-2012

Cita: MJ-JU-M-73482-AR | MJJ73482 | MJJ73482

Rechazo del reclamo de daños y perjuicios que la actora reclama en virtud del ocultamiento que hicieran las demandadas de la apertura del juicio y de los bienes del sucesorio, pues se ha demostrado que, si ha existido algún daño, se debe a su propia torpeza, en tanto no ha demostrado interés en hacer valer en forma oportuna sus derechos hereditarios en la sucesión del causante.

Sumario:

1.-Corresponde confirmar la resolución de primera instancia por la cual se hizo lugar a la excepción de falta de legitimación pasiva opuesta por la demandada y rechazó la excepción de falta de legitimación activa opuesta por la actora, asimismo rechazó la demanda -incoada por la actora, en su calidad de coheredera del causante- por los daños y perjuicios que supuestamente le produjo el ocultamiento que hicieran las demandadas de la apertura del juicio y de los bienes del sucesorio -de su ex marido-, no citándola al domicilio conocido, actuando de mala fe y con el propósito de perjudicar a su parte, en tanto no puede alegar su propia torpeza.

2.-No es poseedor de mala fe el pariente del causante que toma posesión de la herencia por el solo hecho de que conozca la existencia de otros parientes de vocación igual o excluyente, ya que puede ocurrir que éstos, a pesar de saberse llamados permanezcan inactivos, por lo que no cabe imputarle a la demandada mala fe y responsabilizarla por la falta de citación en tiempo oportuno, pues como surge del sucesorio, y reconocido por la parte actora, la citación se produjo, la actora se presentó en el sucesorio y fue declarada heredera, valiéndose de una partida de matrimonio presentada por la hija del causante.

3.-El poseedor de herencia es de mala fe cuando, sabe o debe saber que existen herederos preferentes o legatarios a quienes no se ha hecho citar para que concurran a usar de sus derechos; para establecer la mala fe del poseedor bastaría la prueba de que sabía o debía saber la existencia de herederos preferentes o de legatarios y que no obstante saberlo o deberlo saber no han sido citados para que concurran a usar de sus derechos.

4.-El art. 3428 del CCiv. debe interpretarse en el sentido que el poseedor de la herencia será de mala fe no sólo cuando conoce sino también cuando debería razonablemente conocer que el pariente no se presenta a recoger la sucesión porque ignora que le había sido deferida, asi como también serán de mala fe el usurpador de la herencia que ha logrado declaratoria de hederos o aprobación de un testamento falso; y lo será aquel que ha incurrido en maniobras para ocultar el fallecimiento del causante.

5.-En el sistema sucesorio argentino la herencia no se le impone a nadie, y es más, de acuerdo al art. 3313 del CCiv., ante el silencio por el término previsto en la ley y ante la aceptación de otros herederos, el silencio del heredero que se ha abstenido equivale a una renuncia por su parte y pierde la facultad de aceptar, por lo que se concluye que en el caso de autos -donde la actora responsabiliza a la demandada por la falta de citación oportuna al juicio sucesorio-, que si ha existido algún daño, se debe a su propia torpeza, pues no ha demostrado interés en hacer valer en forma oportuna sus derechos hereditarios en la sucesión del causante, teniendo previo conocimiento del fallecimiento del mismo.

Fallo:

 

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los días del mes de Marzo de 2012, hallándose reunidos los Señores Vocales de la Sala K de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a fin de entender en el recurso de apelación interpuesto por la actora en los autos caratulados “P., T. E. contra V., M. L. y otro sobre Daños y perjuicios. Ordinario”, habiendo acordado seguir en la deliberación y voto el orden del sorteo de estudio, la Dra. Lidia Beatriz Hernández dijo:

 

I.- La cuestión litigiosa.

 

La sentencia de grado dictada a fs. 560/570 hizo lugar a la excepción de falta de legitimación pasiva opuesta por la demandada Martha Isabel Langer y rechazó la excepción de falta de legitimación activa opuesta por la reconvenida T. E. P.; rechazó la demanda promovida y también rechazó la reconvención; todo con costas a los vencidos (art. 68 del Código Procesal).

 

Apeló solo la parte actora, quien expresó agravios a fs. 601/605. Esta parte se queja: 1) Por el tratamiento que ha dado el a quo a las excepciones de falta de legitimación activa y pasiva, solicitando se revoque lo decidido en esa instancia; 2) Por el rechazo de la demanda de daños y perjuicios que le produjo el ocultamiento que hicieran las demandadas de la apertura del juicio y de los bienes del sucesorio, no citándola al domicilio conocido, actuando de mala fe y con el propósito de perjudicar a su parte.

 

Los agravios fueron contestados por las demandadas a fs.610/612, quienes solicitan se declare desierto el recurso interpuesto por la contraria.

 

Cabe recordar que el escrito de expresión de agravios debe contener la crítica concreta y razonada de las partes del fallo que el apelante considera equivocadas, conforme la norma citada, por lo que el contenido de la impugnación se relaciona con la carga que le incumbe al apelante de motivar y fundar su queja señalando y demostrando los errores en que se ha incurrido o las causas por las cuales el pronunciamiento se considera injusto o contrario a derecho (CNCiv. Sala A, 1998-02-24, Tolabac. Bianchi, La Ley 1999-C-777, J.Agrup. caso 13.807).

 

Al respecto considero que aplicando un criterio amplio, que es el más acorde con la garantía constitucional de la defensa en juicio, puede sostenerse que el memorial presentado por la demandada satisface las exigencias del art. 265 del Código Procesal.

 

Siguiendo ese criterio cabe estimar que la carga de fundar los agravios se satisface con el mínimo de técnica exigido por las normas procesales en materia recursiva (conf. CNCiv. Sala G, mayo 15-1981, La Ley 1983-B-764; CNCom. Sala C, set. 22-1978, La Ley 1978-D-674; CNCiv. Sala H, feb. 26-2003, R 355.525), por lo que trataré los agravios de la actora.

 

II.- Las excepciones de falta de legitimación activa y pasiva.

 

La actora, en su carácter de heredera de Jorge Vázquez, reclama los daños y perjuicios que dice les fueron ocasionados por la ocultación a su parte de la apertura del juicio sucesorio y de los bienes que integraban el acervo contra Martha Langer, quien iniciara el juicio sucesorio como representante legal de su hija menor de edad y contra la coheredera María Laura Vázquez.

 

La primera opone la excepción de falta de legitimación pasiva.A su vez, la actora reconvenida por la coheredera por el cobro de los gastos efectuados en los bienes de la sucesión, opone la excepción de falta de legitimación activa contra aquélla.

 

La legitimación para obrar es aquel requisito en cuya virtud debe mediar coincidencia entre las personas que efectivamente actúan en el proceso y las personas a las cuales la ley habilita especialmente para pretender (legitimación activa) y para contradecir (legitimación pasiva) respecto de la materia sobre la cual versa el proceso (Palacio, Derecho Procesal Civil, TI, p. 406, núm. 80, Carnelutti, Instituciones del proceso civil, T I, p. 465; Devis Echandía, Nociones generales, cit. p. 258).

 

También se ha sostenido que por “falta de acción” debe entenderse la ausencia de la calidad invocada por el actor o en la atribuida respecto del demandado, pues la acción debe ser intentada por el titular del derecho contra la persona obligada, es decir, las partes en la relación jurídica sustancial (Alsina, Tratado, T I, p. 388, núm. 36).

 

La pauta a la cual es menester atenerse, como principio a fin de determinar en cada caso la existencia de legitimación procesal, está dada por la titularidad, activa o pasiva, de la relación jurídica substancial controvertida en el proceso. En tal sentido expresa Calamandrei que se puede establecer esta regla general: que cuando se controvierte en juicio sobre una relación de derecho privado, la legitimación para obrar y para contradecir corresponden respectivamente al sujeto activo y al sujeto pasivo de la relación sustancial controvertida (legitimación normal) (Instituciones de Derecho Procesal civil, t I, p. 264).

 

Claro está, que lo dicho no obsta a que el sujeto pasivo que carezca de tal atributo sea traído al proceso y asuma en él la calidad de parte demandada, circunstancia que le permitirá hacer valer su propia falta de legitimación y por consiguiente, la inadmisibilidad de la pretensión frente a él deducida (Palacio, ob.cit. T I, p. 406, núm.80).

 

En el caso de la legitimación pasiva de Martha Langer, entiendo que no le asiste razón a la parte actora.

 

En efecto, el Juez a quo resolvió la excepción en la sentencia, por lo que como luego se verá se ha tenido por acreditado que la demandada Martha Langer actuó como representante legal de su hija menor de edad y en los límites de su representación, circunstancia que no ha sido desvirtuada por la apelante. De allí que mal pueda imputársele responsabilidad personal por los actos realizados por su hija menor en aquel entonces, actos que además fueron ratificados cuando aquélla llegó a la mayoría de edad.

 

Por ello, en este sentido deberá confirmarse la sentencia.

 

En cuanto a la excepción de falta de legitimación para demandar que la actora opone respecto de la demandada reconviniente María Laura Vázquez, en mi criterio, sus fundamentos tampoco resisten el análisis y coincido con el juez de grado que tratándose de gastos originados en los bienes de la sucesión, no cabe duda que la reconvincente como heredera está legitimada para reclamarlos a su coheredera. Distinta será la cuestión que deberá resolverse en su oportunidad en cuanto al fondo del asunto con relación a la procedencia o no de la restitución de cada uno de esos gastos.

 

III.- La responsabilidad de la demandada.

 

La actora imputa a su coheredera haberle ocultado la apertura del juicio sucesorio y los bienes de la herencia, durante un prolongado período de tiempo por no haberla citado en el domicilio que conocía, atribuyéndole de tal modo mala fe y por ende responsabilidad por los daños producidos.

 

En lo que resulta pertinente para resolver la responsabilidad que la actora le imputa a la coheredera demandada, debe señalarse pues se ha probado: 1) Que la actora es cónyuge separada inocente del causante Jorge Vázquez y, por ende, tiene vocación hereditaria en su sucesión (art. 3574 del Código Civil); 2) Que a fs.59 de los autos sucesorios de Jorge Vázquez surge que en definitiva se ha dictado declaratoria de herederos a favor de su hija M. L. V. y de T. E. P., ello teniendo en cuenta que se trata de la cónyuge inocente del divorcio, en ese entonces limitado, hoy separación personal (conf. nota marginal de la de la partida de matrimonio obrante a fs. 27/28 de esos autos sucesorios); 3) Que en este expediente la actora ha reconocido en la demanda que fue anoticiada por la representante legal de la coheredera de la muerte del causante; 4) Que al iniciarse el juicio sucesorio la representante legal de la coheredera Vázquez ha denunciado los bienes del acervo y el estado de divorciado del causante y a fs. 27/28 la heredera María Laura Vázquez, ya mayor de edad, ha agregado el certificado de matrimonio con la nota marginal del divorcio limitado, a pedido del Sr. Agente Fiscal; 5) Que la actora también ha reconocido que fue citada telefónicamente por el abogado de la coheredera a presentarse en el juicio sucesorio del causante.

 

Partiendo de estos antecedentes entiendo que resulta indudable que también en este aspecto deben rechazarse los agravios y confirmarse la sentencia de grado.

 

En primer lugar, corresponde descartar la ocultación de los bienes que componen el acervo hereditario, pues ellos fueron denunciados en el escrito inicial de la sucesión ab intestato por la representante legal de la hija del causante cuando todavía ésta era menor de edad y esa denuncia fue ratificada por la heredera demandada cuando arribó a la mayoría de edad (Véase fs. 3 de los autos sucesorios de Jorge Vázquez, que corre por cuerda).

 

En cuanto a la falta de citación de la actora, en realidad, según esa parte, fue citada en forma telefónica por el abogado de la demandada y se produjo tardíamente y por el pedido del Fiscal.Ante ello deben hacerse algunas reflexiones que ayudarán a la solución del caso.

 

La actora responsabiliza a la demandada por la falta de citación oportuna al juicio sucesorio cuando -dice- conocía su domicilio. Cabe preguntarse si esa citación tardía resulta suficiente para imputarle a la demandada la responsabilidad por los perjuicios que según la actora le fueron ocasionados por esa falta de citación. En definitiva si la falta de citación o más precisamente la citación tardía permite imputar a la heredera demandada mala fe.

 

Ello resulta relevante pues el poseedor de mala fe esta obligado a reparar todo daño que se hubiese causado por su hecho (art. 3426 del Código Civil), no así el poseedor de buena fe.

 

Es sabido que el art. 3428 caracteriza al poseedor de la herencia como de buena fe cuando por error de hecho o de derecho se cree legítimo propietario de la sucesión cuya posesión tiene. A su vez el art. citado lo agrega: “los parientes más lejanos que toman posesión de la herencia por la inacción de un pariente más próximo, no son de mala fe por tener conocimiento de que la sucesión está deferida a este último”.

 

La última parte del art. 3428 dice: “Pero son de mala fe cuando conociendo la existencia del pariente más próximo saben que no se ha presentado a recoger la sucesión porque ignoraba que le fue deferida”.

 

Esta norma ha dado lugar a distintas interpretaciones en la jurisprudencia y la doctrina.

 

Así se ha caracterizado la mala fe con diferentes alcances:

 

1.- Para alejar los efectos de la mala fe -que evite la ignorancia de la muerte del causante por parte del actor, por ende sus cesionarios, debió poner en conocimiento de su hijo la muerte del causante y para eso no basta la publicación de edictos, sino que se requiere una notificación personal (Pérez Lasala, Derecho de las sucesiones, T I, p. 827 y cita y C. Ap. Civ.Y Com. La Plata, Sala III, agosto 2-2005).

 

Diversamente en otros fallos se ha considerado suficiente la publicación de edictos (CCiv 2ª Cap. LL 1-79, C. 2ª Apel. La Plata, LL 10-96).

 

2.- La buena fe del heredero aparente se presume y la mala fe se configura únicamente a través de la prueba de que el titular preferente o concurrente no se ha presentado porque ignoraba que la sucesión se le defería o porque eventualmente el poseedor de la herencia hubiera puesto esencial cuidado en ocultar el fallecimiento del causante (CNCiv. Sala A, 19/5/1988, LL1988-D-260).

 

3.- Se debe considerar de mala fe a los parientes que han hecho total omisión de un heredero del mismo grado si, pese a conocer su existencia y domicilio, no acreditan haber realizado gestión alguna para que intervenga, aun cuando no pueda alegar ignorancia de que la sucesión se le defería, ya que había asistido al sepelio del causante (CNCiv. Sala E, 7/11/1961, ED 2-811).

 

Como se advierte teniendo en cuenta la redacción actual del art. 3428 -que consideramos debe reformarse- no cabe duda que este último fallo, como dice Maffía, esta en pugna con el recto sentido de la ley (conf. Autor citado, Tratado de las sucesiones, T I, p. 387, nota 104, actualizado por Hernández Lidia B. y Ugarte, Luis, Segunda edición).

 

Así, se ha resuelto, siguiendo la posición que compartimos, que el poseedor de la herencia no puede ser considerado de mala fe si el pariente más próximo, que con posterioridad se presentó a recogerla no alegó que hubiera ignorado el fallecimiento del causante (CCiv. Com La Plata, Sala III, nov. 28-1958, DJBA 55-326; CCiv. 1 Cap. Dic. 10-1947, JA 1948-I-66; CNCiv. Sala A, mayo 19.1988, LL 1988-D-260; CNCiv. Sala F, set. 3-1986, LL 1987-A-382. También Zannoni, Eduardo, Derecho de las sucesiones, T 1, p. 505, n° 476, cuarta edición actualizada; Maffía, ob.cit.lugar citado).

 

En forma concordante se dijo que no es poseedor de mala fe el pariente del causante que toma posesión de la herencia por el solo hecho de que conozca la existencia de otros parientes de vocación igual o excluyente, ya que puede ocurrir que éstos, a pesar de saberse llamados permanezcan inactivos, en cuyo caso autorizan implícitamente al primero a que la recoja (C1Civ. y Com. La Plata, JA 1948-II-356).

 

Es cierto que el art. 3428 da lugar a dificultades en cuanto a la carga de la prueba. Al respecto, distinta será la cuestión a considerar y la prueba si el heredero que luego se presenta invoca o no desconocimiento de la muerte del causante. En el primer caso, consideramos que deberá acreditarse que el aparente conocía o debería razonablemente haber conocido que el heredero real no se presentaba porque ignoraba la apertura de la sucesión y aun así no solicitó su citación al juicio sucesorio.

 

En este aspecto, Bibiloni sostuvo, mejorando en nuestro criterio la fórmula del art. 3428, que el poseedor es de mala fe cuando sabe o debe saber que existen herederos preferentes o legatarios “a quienes no se ha hecho citar para que concurran a usar de sus derechos, tal como lo dispone el art. 3014 inc. 2 de su Anteproyecto. Dicha solución fue recepcionada en el art.1920 del Proyecto. Para establecer la mala fe del poseedor bastaría la prueba de que sabía o debía saber la existencia de herederos preferentes o de legatarios y que no obstante saberlo o deberlo saber no han sido citados para que concurran a usar de sus derechos.

 

De acuerdo al art. 535 del Código Civil italiano “Es poseedor de buena fe aquél que ha entrado en posesión de los bienes hereditarios, creyéndose por error heredero. La buena fe no aprovecha si el error es imputable a culpa grave. La culpa grave del art. 535 del Código italiano, es el error a que se refiere la segunda parte del art.929, es decir, cuando es inexcusable o sea cuando la ignorancia del verdadero estado de las cosas proviene de una negligencia culpable.

 

En este sentido el proyecto de modificación del Código Civil unificado con el Código de Comercio, redactado por la Comisión decreto 685 /1995 propone en el art. 2255 que “es poseedor de mala fe el que conoce o hubo de haber conocido la existencia de herederos preferentes o concurrentes que no hubiesen sabido que la herencia le era deferida”.

 

Conforme a lo expuesto considero que el vigente art. 3428 del Código Civil debe interpretarse en el sentido que el poseedor de la herencia será de mala fe no sólo cuando conoce sino también cuando debería razonablemente conocer que el pariente no se presenta a recoger la sucesión porque ignora que le había sido deferida.

 

También serán de mala fe el usurpador de la herencia que ha logrado declaratoria de hederos o aprobación de un testamento falso. Y lo será aquel que ha incurrido en maniobras para ocultar el fallecimiento del causante.

 

Además lo será el poseedor de la herencia desde que se le haga saber por demanda que la sucesión no le pertenece (arts. 2433 y ss. Código Civil).

 

En este sentido las XXI Jornadas Nacionales de Derecho Civil celebradas en Lomas de Zamora en setiembre de 2007 recomendaron de lege lata y por unanimidad que “el heredero aparente poseedor de la herencia será de mala fe cuando conozca o razonablemente deba conocer que el heredero real no se presentó a recoger la sucesión porque ignoraba que le había sido diferida”, siguiendo una ponencia presentada por los Dres. Hernández-Ugarte.

 

Desde esta perspectiva no cabe duda que la heredera demandada no es de mala fe, como dice la actora, a poco que se advierta que esa misma parte ha reconocido que se le avisó la muerte del causante.Como se ha visto la ley exige para caracterizar la mala fe la falta de citación del heredero que desconocía la muerte del causante, es decir, la apertura de la sucesión (conf. nota al art. 3282: “la muerte, la apertura y la transmisión de la herencia se causan el mismo instante…”).

 

Distinta sería entonces la historia si la actora hubiera alegado que desconocía la muerte del causante, pues en tal caso la demandada debería haber probado que aquélla conocía el fallecimiento de Jorge Vázquez.

 

De allí que de acuerdo al texto de la ley no cabe imputarle a la demandada mala fe y responsabilizarla por la falta de citación en tiempo oportuno, pues como surge del sucesorio, y es reconocido por la parte actora, la citación se produjo, la actora se presentó en el sucesorio y fue declarada heredera, valiéndose de una partida de matrimonio presentada por la hija del causante.

 

Por otra parte entiendo al igual que el juez de la instancia anterior que la inacción de la cónyuge inocente heredera del causante resulta evidente a partir de su conocimiento de la muerte de Vázquez, pues ella estaba legitimada para iniciar el juicio sucesorio, o en su caso haber averiguado la radicación del juicio ya iniciado por la heredera demandada y presentarse a hacer valer sus derechos hereditarios.

 

No debe olvidarse que la accionante dice haber mantenido una buena relación con el causante después de la separación y que conocía su domicilio, aunque no recuerda donde se encontraba. Si ello es así, tenía conocimiento que Jorge Vázquez se domiciliaba en esta Ciudad de Buenos Aires.

 

De la misma manera también debió conocer que se domiciliaba en el único inmueble del acervo hereditario, en la calle Arenales, pues fue adquirido en el mismo año del divorcio y figurando el causante como estado civil casado.De allí que si bien cuando se constituyó la hipoteca sobre ese inmueble la actora no debió dar el asentimiento conyugal, como dice el a quo, pues en el año 1960 todavía no se había reformado el art. 1277 del Código Civil por la ley 17.711, lo cierto es que esa misma parte reconoce que conocía el domicilio del causante.

 

Cabe concluir entonces que si ha existido algún daño se debe a la propia torpeza de la actora, quien no ha demostrado interés en hacer valer en forma oportuna sus derechos hereditarios en la sucesión del causante.

 

Obsérvese que en el sistema sucesorio argentino la herencia no se le impone a nadie, y es más, de acuerdo al art. 3313 del Código Civil, ante el silencio por el término previsto en la ley y ante la aceptación de otros herederos, el silencio del heredero que se ha abstenido equivale a una renuncia por su parte y pierde la facultad de aceptar. Véase nota al art. 3313 siguiendo la posición de Aubry et Rau.

 

Por otra parte no debe olvidarse, alejando así cualquier otra consideración sobre los derechos que le asisten a la actora como heredera del cónyuge culpable de la separación muerto, y no planteados en los agravios, que frente al heredero de buena fe ocupante de los bienes hereditarios tiene derecho que puede hacer valer y que además el juez de la anterior instancia ha diferido la rendición de cuentas de la administradora del sucesorio en resolución que no se encuentra cuestionada.

 

Por las consideraciones expuestas, en caso de resultar compartido este voto propongo al acuerdo confirmar la sentencia de grado en todo cuanto decide y fue materia de agravios, imponiendo las costas de Alzada a la apelante vencida (art. 68 de l Código Procesal).

 

El Dr. Ameal por las consideraciones y razones aducidas por la Dra. Hernández, vota en el mismo sentido a la cuestión propuesta.

 

LIDIA B. HERNANDEZ.

 

OSCAR J. AMEAL.

 

RAQUEL ELENA RIZZO-SEC- (ES COPIA).

 

La Dra. Silvia A. Díaz no suscribe la presente por hallarse en uso de licencia (art. 109 del RJN).

 

Buenos Aires, Marzo de 2012.-

 

Y visto lo deliberado y conclusiones establecidas por mayoría de votos el Tribunal decide: 1) Confirmar la sentencia de grado en todo cuanto decide y fue materia de agravios, imponiendo las costas de Alzada a la apelante vencida (art. 68 del Código Procesal); Diferir la regulación de honorarios de Alzada para su oportunidad. La Dra. Silvia A. Díaz no suscribe la presente por hallarse en uso de licencia (art. 109 del RJN).Regístrese, notifíquese y devuélvase.-

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